El ataque de Estados Unidos contra objetivos en Irán eleva la tensión en el mercado petrolero mundial. La decisión de Donald Trump abre nuevos riesgos sobre la cadena de suministro energético global. El hecho de que la operación ‘Rugido del León’ se haya realizado en fin de semana retrasa la reacción de los mercados. Como explica a Artículo14 José María Peredo, catedrático de Comunicación y Política Internacional en la Universidad Europea de Madrid, el impacto económico dependerá de si se trata de un episodio contenido o de una escalada prolongada que altere el tránsito por el Estrecho de Ormuz.
El escenario más benigno sería una campaña corta con un paso atrás del régimen iraní. Bajo este supuesto, según explica Peredo, apenas habría un impacto perceptible en los mercados. Sin embargo, este es un escenario poco probable. La primera reacción de Irán ha sido responder al ataque y es previsible que la tensión se prolongue durante unas semanas. En este segundo supuesto, el 2 de marzo será el primer examen en los mercados financieros, un buen termómetro de sus expectativas sobre la evolución de la cotización del barril de Brent. En lo que va de año ha subido más de un 20%, hasta casi 73 dólares por barril (72,87 dólares para contratos en abril). Este precio es similar al de hace un año.
¿Qué diferencia a Irán de Venezuela?

Hasta la fecha, en el arranque de 2026, los mercados se han mantenido confiados frente a las tensiones geopolíticas derivadas de las decisiones de Donald Trump, como el aumento de los aranceles a todas las importaciones tras el varapalo del Supremo o la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro. Sin embargo, el ataque a Irán suscita un riesgo mucho mayor por su peso en el mercado energético internacional. “Esta situación tiene ramificaciones más grandes que Venezuela“, advirtió Florian Weidinger, director de inversiones de Santa Lucia Asset Management, a la CNBC.
Para entender su alcance hay que tener en cuenta que la producción de Irán equivale a alrededor del 5% del suministro mundial. Irán es el tercer mayor productor de entre los doce miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con una producción que ronda los 3,4 millones de barriles diarios de crudo (últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía – AIE). En primer lugar se sitúan Arabia Saudí (10 millones de barriles) e Irak (4,3 millones); mientras que Venezuela no llega al millón de barriles (780.000, en enero).
Las exportaciones de petróleo iraní se envían a los mercados asiáticos, principalmente a China, que recibe el 90%. Según explica Bloomberg, para los envíos internacionales Irán utiliza la terminal de la isla de Kharg en el norte del Golfo Pérsico. En su mayor centro logístico, ayer se produjo una explosión, según la agencia semioficial iraní Mehr. Sin embargo, aunque el crudo iraní es relevante, no es determinante por volumen. La inquietud del mercado no se explica solo por cuánto produce Irán, sino por dónde está situado.
El verdadero riesgo es el Estrecho de Ormuz

“Hay un tercer escenario, que podría tener un mayor impacto económico. No estaríamos hablando de un conflicto de unos días, sino de que la situación se enquista. El mayor riesgo es que los iraníes lograran cerrar el estrecho de Ormuz“, advierte José María Peredo. Como explica la Administración de Información Energética de EEUU (EIA, por sus siglas en inglés), el Estrecho de Ormuz es uno de los cuellos de botella petroleros más grandes del mundo. El pasado 1 de febrero, el líder supremo de Irán avisó de que, si su país era atacado, el cierre total de este paso estaba dentro de sus posibilidades, añade Bloomberg.
A través del Estrecho de Ormuz se mueve aproximadamente una quinta parte del crudo mundial procedente de Arabia Saudí e Irak, además de combustibles refinados. A pesar de que hay algunas alternativas de oleoductos que pueden evitarlo si se cierra, estas son pocas. Por ejemplo, en 2024, con los problemas en torno al estrecho de Bab al-Mandeb, la petrolera saudí Aramco cambió sus rutas y, utilizando su oleoducto, desvió el crudo hacia puertos del mar Rojo.
Para muchos observadores, el régimen de Teherán no tendría capacidad de mantener Ormuz cerrado por mucho tiempo -en el caso de que finalmente lo hiciera-. Para estos expertos, consultados por Bloomberg, lo más probable es el acoso a los buques. Durante la guerra del año pasado con Israel y Estados Unidos, casi 1.000 buques sufrieron interferencias diarias en sus señales GPS
cerca de la costa iraní, lo que contribuyó a la colisión de un petrolero. Las minas marinas son otra opción que Teherán ha amenazado con utilizar desde hace tiempo para disuadir el transporte marítimo.
¿Cuánto subirá el precio del petróleo?

Las primeras estimaciones apuntan a un encarecimiento moderado del precio del petróleo si el conflicto se prolonga, pero sin interrupciones físicas del suministro. Según los analistas citados por la CNBC, el crudo podría registrar subidas iniciales de entre un 5% y un 10% ante el aumento de la prima de riesgo geopolítica. Los expertos consultados por Politico señalan que, en un escenario de tensión sostenida, el Brent podría aproximarse al entorno de los 80 dólares por barril.
En episodios anteriores de inestabilidad en Oriente Medio el petróleo ha reaccionado con repuntes rápidos, aunque cuando no se han producido daños estructurales en la oferta, los precios han tendido a corregirse. La diferencia ahora reside en el alcance del conflicto. Así, si el conflicto se limita a días, el impacto sería acotado. Si se prolonga durante semanas, podría consolidarse una prima geopolítica en los precios. Y si llegara a afectar al tránsito por el Estrecho de Ormuz, el efecto sería de mayor magnitud.
Como resume José María Peredo, “el impacto económico dependerá de si se trata de un episodio contenido o de una escalada prolongada que altere el tránsito por el Estrecho de Ormuz”. Una cuestión de tiempo y alcance.
