Dinamitar las relaciones comerciales entre Estados Unidos y España supondría un impacto directo sobre las compañías españolas que han encontrado en el mercado estadounidense uno de sus principales destinos de exportación. Sectores como el aceite de oliva, el vino, los bienes de equipo y los productos químicos verían interrumpido de forma abrupta el acceso a un mercado que, pese a la incertidumbre generada por los vaivenes arancelarios, se mantiene en el país.
Las exportaciones desde España al gigante norteamericano alcanzaron los 16.716,2 millones de euros en 2025, un 8 % menos que en 2024. En el caso del aceite de oliva, se vendieron más toneladas que en 2024 pero por un menor importe, de 1.013 millones a 732,7 millones de euros.
Pero el daño más delicado no estaría solo en las exportaciones sino en las importaciones. El verdadero punto crítico sería el energético. Estados Unidos es hoy el principal proveedor de petróleo de España y también su mayor suministrador de gas natural licuado. A diferencia de lo que ocurre con el estrecho de Ormuz —cuyo eventual bloqueo tendría un efecto limitado para España, ya que solo el 5% del petróleo importado y apenas el 2% del gas proceden de esa ruta—, una interrupción del flujo energético con Washington sí alteraría de forma estructural el equilibrio del sistema.
Dependencia energética con EE UU
En apenas una década, el giro ha sido radical. En 2015, España no importaba ni una gota de crudo estadounidense. Un año después, comenzaron las compras con 522.000 toneladas. Desde entonces el crecimiento ha sido constante hasta alcanzar en 2024 un máximo de 10,2 millones de toneladas y 9,13 millones en 2025. Hoy, algo más del 15% del petróleo que importa España procede de Estados Unidos, por delante de México (11,5%), Nigeria (10,5%) o Brasil (9,5%). Sustituir de golpe ese volumen supondría reconfigurar millones de toneladas anuales en el mercado internacional.

La dependencia es aún más clara en el gas. Casi el 40% gas natural licuado que entra en España procede de EE UU. En 2024 llegaron 299 buques metaneros a las seis plantas de regasificación españolas —Barcelona, Huelva, Cartagena, Bilbao, Mugardos y Sagunto— y casi uno de cada tres era estadounidense. El suministro energético que utilizan hogares, industrias y comercios depende en buena medida de ese flujo constante.
Un corte comercial obligaría a rediseñar con urgencia el mapa de proveedores en un contexto internacional tensionado y con mercados energéticos volátiles.
Bajo el paraguas de la UE
Según el analista de iBroker, Antonio Castelo, “en términos realistas, que Trump corte relaciones comerciales con España de forma unilateral tiene margen político, pero límites legales y prácticos: la política comercial de España está integrada en la UE, así que cualquier medida de calado (aranceles, restricciones, represalias) acaba encajándose contra la Unión Europea o mediante instrumentos estadounidenses muy específicos. Por eso, este tipo de amenazas suelen acabar en presión negociadora y en medidas selectivas más que en un cierre total”.

Fuentes del Gobierno recuerdan que España es una potencia exportadora de la Unión Europea y un socio comercial fiable para 195 países del mundo, entre ellos EE UU. “Si la administración norteamericana quiere revisarla deberá hacerlo respetando la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional, y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EE UU. Nuestro país cuenta con los recursos necesarios para contener posibles impactos, ayudar a los sectores que pudieran verse afectados, y diversificar cadenas de suministro”.
Los sectores económicos más afectados
Estados Unidos es el sexto destino de las exportaciones españolas y concentra cerca del 5% del total. Lo que más vende España allí es maquinaria y bienes industriales: la maquinaria mecánica supera los 2.500 millones de euros y los aparatos eléctricos rondan los 1.500 millones.
En el sector agroalimentario, el producto estrella es el aceite de oliva pero también está el vino, que ronda los 265 millones de euros en exportaciones. En el ámbito industrial, el acero suma más de 800 millones de euros y el aluminio cerca de 120 millones. Así, industria, energía y aceite de oliva son los sectores que más se juegan en el mercado estadounidense.
Según Castelo, “si hubiera un endurecimiento, los sectores más expuestos serían los de exportación con peso en EE UU: automoción y componentes, alimentación y bebidas (donde España suele tener superávit), además de parte de semimanufacturas y bienes industriales”. El experto recuerda que en energía, la foto es especialmente sensible porque EE UU fue el principal proveedor de crudo de España en 2025 y en gas la dependencia ha crecido mucho. En el último año, las importaciones españolas de gas natural licuado de EE UU se acercaron a un tercio del suministro, y en enero de 2026 llegaron a representar en torno al 44,4% del gas recibido, según el boletín de Enagás citado por agencias. “Es decir: un boicot duro sería dañino para exportadores españoles, pero también tendría derivadas energéticas y de precios, justo en un momento en que el mercado está especialmente nervioso con petróleo y gas”, resume.
Preocupación en la patronal
En un comunicado, la patronal CEOE, pequeña y mediana empresa (CEPYME) y los autónomos (ATA) muestran su preocupación ante la posibilidad de que EE UU interrumpa las relaciones comerciales con España. “Como en ocasiones anteriores, queremos poner en valor que Estados Unidos es un país amigo y un socio fundamental desde el punto de vista económico y político. Confiamos en que finalmente nuestras relaciones comerciales no se vean afectadas de ninguna manera. Una vez más, consideramos que, en el actual contexto de incertidumbre internacional, es más necesario que nunca ir de la mano de la UE a la hora de tomar posición y adoptar decisiones de índole transnacional. Esperamos que el Gobierno sepa reconducir esta situación”.
Romper relaciones con Estados Unidos significaría cerrar un mercado relevante para el aceite, el vino o la industria española. Pero obligaría además a reconfigurar, en tiempo récord, un modelo de abastecimiento energético en el que Washington tiene un peso fundamental.
