Profesiones imposibles

Lydia García de Paz, vigilante de seguridad: “En alguna ocasión he percibido que se cuestionaba mi autoridad”

Cuando Prosegur echó a andar hace medio siglo, ver a una mujer como vigilante de seguridad era poco menos que excepcional. Hoy su presencia se ha abierto paso aunque no sin obstáculos

Lydia García de Paz

Cuando Prosegur echó a andar hace medio siglo, ver a una mujer como vigilante de seguridad era poco menos que excepcional. Hoy su presencia se ha abierto paso en estaciones de metro, conciertos o grandes empresas, aunque no sin obstáculos. Lydia García de Paz lleva 25 años en el sector y ha sido testigo directo de esa transformación.

“Actualmente desempeño mis funciones como vigilante de seguridad para un importante grupo automovilístico alemán. Mi labor diaria se centra en el control de accesos tanto internos como externos, la gestión y recepción de visitas, la supervisión de sistemas de videovigilancia y la realización de diversas tareas administrativas relacionadas con la operativa de seguridad”.

Su vocación llegó pronto, aunque el camino no fue del todo lineal. “Tras finalizar mis estudios, decidí preparar oposiciones para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Paralelamente, surgió la necesidad de incorporarme al mercado laboral en un puesto relacionado con este sector, momento en el que me brindaron la oportunidad de comenzar mi trayectoria profesional como vigilante de seguridad”.

Pero los comienzos no se parecían en nada a la realidad actual. “Es cierto que, especialmente hace años, se percibía como un sector bastante masculinizado y no era habitual ver mujeres desempeñando funciones en materia de vigilancia. No obstante, desde el primer momento mis compañeros me integraron a mí y a mis compañeras con total normalidad en el equipo. Por otro lado, sí percibí que, en el desempeño del servicio, la reacción del público podía variar en función de si el vigilante era hombre o mujer, lo que en ocasiones implicaba tener que reafirmar la autoridad profesional en determinadas situaciones”.

Lydia García de Paz

Con el paso del tiempo, esa mirada también ha cambiado. “Considero que existe un antes y un después, ya que la sociedad ha evolucionado notablemente en este aspecto. Anteriormente, la presencia de mujeres en el sector de la seguridad era muy escasa, lo que generaba cierta incertidumbre en la forma en que el público interactuaba. En la actualidad, esta realidad está mucho más normalizada. Por ejemplo, el 22% de la plantilla son mujeres. La interacción de hoy suele ser más natural y, en general, basada en el respeto hacia la figura del vigilante, independientemente del género”.

Pero más allá de la percepción social, el trabajo exige algo más que presencia: sangre fría y capacidad de reacción. “No es un trabajo sencillo, Lydia tiene que saber reaccionar y gestionar situaciones que pueden ser incluso peligrosas. En este sentido, el sector de la seguridad se caracteriza por la obligatoriedad de mantener una formación continua, a través de cursos específicos impartidos por la empresa, que permiten actualizar y reforzar los conocimientos y protocolos de actuación, previamente definidos, que son los que realmente nos guían y permiten actuar con eficacia ante situaciones diversas. Además, haber desempeñado funciones en distintos puestos me ha permitido adquirir una sólida experiencia práctica”.

Inercias que no desaparecen del todo

Este aprendizaje sobre el terreno resulta fundamental para saber cómo actuar de forma adecuada ante diferentes situaciones, siempre en coordinación y apoyo con el equipo de compañeros y compañeras”.
Aun así, hay inercias que no desaparecen del todo. “Sí, en alguna ocasión he percibido que se ha podido cuestionar mi autoridad o que se ha mostrado preferencia por interactuar con un compañero. En estos casos, mi forma de actuar es mantener la calma y gestionar la situación con profesionalidad. Procuro explicar de manera clara y firme la situación, y a través de mi intervención demostrar que tengo las mismas capacidades que cualquier compañero para resolver el conflicto. Por lo general, esta actitud contribuye a reconducir la situación y a generar un cambio positivo en la percepción de la persona”.

En 25 años de carrera, también ha vivido momentos límite. “Fue la atención a una persona que sufrió un infarto durante el servicio. En ese momento, mis compañeros y yo tuvimos que actuar con rapidez y coordinación, aplicando maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), conocimientos que habíamos adquirido a través de la formación. Afortunadamente, nuestra intervención fue efectiva y conseguimos salvar su vida. Es una experiencia que recuerdo con especial orgullo, ya que refleja la importancia de la preparación y del trabajo en equipo en este tipo de situaciones”.

Y aunque el sector ha cambiado, Lydia insiste en que el avance debe continuar.

“Desde mi experiencia, recomendaría trabajar en el sector de la seguridad privada a aquellas mujeres que se estén planteando esta opción profesional, ya que actualmente la mujer está plenamente integrada en este ámbito. Si bien, como en muchos otros sectores, se han producido avances significativos en materia de igualdad y reconocimiento del trabajo femenino, todavía queda camino por recorrer. Por ello, considero importante seguir apostando por la presencia de mujeres en este campo, contribuyendo así a su evolución y normalización”.

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