La Real y Militar Orden de San Hermenegildo cumple más de dos siglos como la máxima distinción a la constancia y la conducta intachable en las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil. Esta institución, nació en 1814 bajo el reinado de Fernando VII, ha sabido evolucionar para reflejar la realidad de la milicia española: un cuerpo donde el género ya no es barrera para el honor, pero donde la interpretación de la “conducta intachable” sigue generando debates jurídicos de calado.
La plena integración: un camino ya recorrido por la mujer
El ingreso de la mujer en la Orden no es un fenómeno nuevo, sino una realidad consolidada. El hito que marcó un antes y un después ocurrió hace años con la concesión de la Gran Cruz, el grado máximo de la Orden, que ha sido otorgado a dos mujeres en España hasta la fecha.
La general Patricia Ortega y la general Begoña Aramendía no solo recibieron esta condecoración por su rango, sino por cumplir el requisito esencial de la Orden: décadas de servicio sacrificado y una trayectoria sin tacha. Al ser acreedoras de la Gran Cruz, ambas han quedado habilitadas para el futuro como posibles vocales de la Asamblea Permanente, el órgano que custodia la esencia de la Orden. Su presencia en la cúpula de esta distinción militar es el reflejo de una institución que ya ha integrado el talento femenino en sus más altos niveles de decisión.

El reto de la “conducta intachable” en los tribunales
Sin embargo, el prestigio de la Orden se enfrenta ahora a un nuevo desafío: la proporcionalidad en los criterios de ingreso para las escalas de suboficiales y oficiales. Recientemente, el Tribunal Central de Instancia de la Audiencia Nacional ha tenido que corregir una decisión del Ministerio de Defensa y de la Asamblea Permanente de la Orden.
El caso analizado afecta a un suboficial del Ejército de Tierra cuya solicitud de ingreso fue denegada debido a una falta leve cometida hace más de una década. A pesar de que la sanción (ocho días de arresto) fue cancelada legalmente en 2015, la Asamblea consideró que aquel hecho empañaba su conducta.
La sentencia judicial ha sido tajante: la Administración no puede ignorar diez años de servicio excelente por un error puntual ya cancelado. El magistrado destacó que los informes actuales del suboficial lo describen como un militar “disciplinado, leal y resiliente”, con varias Cruces al Mérito Militar en su haber. La justicia ha determinado que la “conducta intachable” debe evaluarse como un conjunto de vida y no como una foto fija de un momento del pasado.
Una institución en constante renovación
La noticia hoy no es solo quién entra en la Orden, sino cómo la justicia está obligando a que la “constancia” sea valorada con mayor equidad. Mientras las mujeres generales ya forman parte del núcleo de honor de la institución, la reciente jurisprudencia asegura que el acceso para el resto de militares sea justo y no arbitrario.
Este equilibrio entre la tradición del siglo XIX y la justicia del siglo XXI garantiza que la Orden de San Hermenegildo siga siendo el mayor orgullo para cualquier militar. La presencia consolidada de mujeres en su cúpula y la protección judicial de los derechos de los suboficiales dibujan una Orden moderna, donde el honor se gana día a día y se protege con la ley en la mano.
