Visita histórica

Machado activa desde Madrid la presión sobre Washington y Caracas para su regreso a Venezuela

"Hoy comienza el regreso a casa", asevera la líder de la oposición venezolana ante decenas de miles de compatriotas en una abarrotada plaza de Sol. El calendario electoral se convierte en el campo de batalla del poder en Venezuela

Machado
María Corina Machado, la líder opositora venezolana y premio Nobel de la Paz, durante un encuentro con la comunidad de su país en España, este sábado en la Puerta del Sol, en Madrid
Efe

Las declaraciones de Michael Kozak, desde la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental de EE UU, obligaron a rehacer en cuestión de horas el mapa político que periodistas y analistas venían trazando. Al afirmar que María Corina Machado debe regresar a Venezuela “y participar libremente en elecciones”, el funcionario estadounidense introdujo un elemento de presión que reordena las expectativas sobre los tiempos y las condiciones de una eventual transición.

Machado: “Hoy comienza el regreso a casa”

Hasta ese momento, la atención estaba puesta en la posibilidad de un regreso próximo de Machado, alimentada por sus propias declaraciones y por su reciente gira europea en busca de apoyos. Incluso en Madrid, donde decenas de miles de venezolanos la recibieron en un acto multitudinario, la líder de la oposición venezolana insistió en que “hoy el mundo entero con sus ojos en Plaza del Sol porque saben que aquí, hoy, estamos iniciando el regreso a casa“.

La nueva señal desde Washington no despeja el camino, pero sí redefine el terreno. La discusión se desplaza hacia las condiciones y los respaldos que harían viable ese retorno, en un contexto donde la interlocución con Estados Unidos sigue siendo determinante para cualquier movimiento de fondo. Ese aval no es retórico: incide en la seguridad de la dirigente, en el margen de negociación con el poder y en la propia arquitectura del proceso electoral que pudiera abrirse.

En paralelo, los movimientos de Delcy Rodríguez añaden otra capa de tensión. La presidenta encargada ha comenzado a posicionarse como figura electoral, en un escenario donde el control institucional continúa en manos del oficialismo. Para la consultora política Carmen Beatriz Fernández, la lógica es transparente: “Los Rodríguez apuestan a tener una recuperación económica (…) que le dé una legitimidad de gestión a Delcy y que sus niveles de aceptación mejoren, al tiempo que se erosionen los de María Corina”.

La importancia del calendario electoral

Esa disputa por el calendario define el momento. De un lado, quienes controlan el Ejecutivo y el Legislativo buscan postergar los comicios, administrar la expectativa y construir condiciones menos adversas. Del otro, la presión social interna y el lobby internacional, especialmente en Washington, empujan en sentido contrario. Fernández lo resume con precisión: “Tendremos a los Rodríguez (…) tratando de que los comicios se pauten lo más tarde posible; y por el otro, a la sociedad y a los círculos que ejercen lobby en Washington presionando por fijarlos cuanto antes. Ese es el juego”.

María Corina Machado, la líder opositora venezolana y premio Nobel de la Paz. EFE/ Javier Lizón

“Los venezolanos estamos enviando un mensaje claro al mundo: Venezuela será libre porque así lo decidimos los venezolanos“, aseveró Machado desde el escenario en Sol ante los miles de exiliados en España.

En medio de esa tensión, Machado se mueve con una estrategia que combina acumulación de apoyos externos y activación de la diáspora -un espacio donde ejerce liderazgo y que se ha convertido en un actor de presión política y mediática-. Esa red de apoyo ha demostrado capacidad para incidir en agendas internacionales y sostener la visibilidad del caso venezolano. En Madrid, su apoyo fue rotundo. Las imágenes de una concurrida Plaza de Sol, aumentan la presión sobre Caracas y Washington. “Sólo concibo mi vida en Venezuela si es en libertad”, confesó Machado durante la entrega de la Medalla por parte de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Un regreso con el permiso de Trump

Su anuncio anterior de un “regreso en semanas” introduce un compromiso que incide directamente sobre su credibilidad. “No quiere arriesgarse a hacerlo sin ese endoso”, advierte Fernández en referencia al respaldo de Washington, pero añade una advertencia que atraviesa toda la coyuntura: “Los tiempos no son infinitos”.

Venezuela
Isabel Díaz Ayuso y María Corina Machado en el balcón de Sol
Comunidad de Madrid

Desde la perspectiva del sociólogo César Morillo, ese retorno difícilmente ocurrirá sin un acuerdo previo con la Administración de Donald Trump. “No pareciera que en los próximos tiempos Trump dará ese permiso”, señala, mientras describe a una dirigente que intensifica sus gestiones diplomáticas para construir respaldo internacional. Esta semana se ha visto con los líderes de Francia, Países Bajos e Italia, así como con los líderes opositores de España. Ese aval condiciona tanto la seguridad de su regreso como su margen de maniobra frente a un poder que conserva intactos sus resortes institucionales y coercitivos.

¿Elecciones libres?

Morillo también pone en duda la posibilidad de una competencia electoral abierta. El oficialismo, sostiene, enfrenta el peso acumulado de más de dos décadas de gestión en un país devastado. Incluso con un despliegue intensivo de recursos políticos y comunicacionales, su margen en unas elecciones competitivas sería limitado. En ese contexto, la alternativa pasa por diseñar mecanismos que mantengan el control bajo formas electorales.

“Si ustedes quieren saber quién está o no con el régimen, pregúntele si quiere elecciones”, exclamó Machado ante las decenas de miles de personas que la apoyaron en Sol.

Y es que la discusión sobre las condiciones cobra así centralidad. El antecedente más reciente —los comicios del 28 de julio de 2024, cuestionados por amplios sectores nacionales e internacionales por sus restricciones y opacidad— funciona como referencia inmediata. Fernández estima que una próxima elección podría desarrollarse en un entorno menos restrictivo, aunque lejos de estándares plenamente confiables. “No puedo asegurar que serán limpias en un cien por ciento, pero sí serán mejores”, afirma. Ese margen, por estrecho que sea, se convierte en un terreno de disputa política.

También lo es la presión para extender el actual periodo bajo el argumento de la estabilidad. Fernández advierte sobre los riesgos de esa fórmula: “Hay un lobby (…) pidiendo que Delcy Rodríguez culmine el periodo (…) y eso me parece muy peligroso porque la sociedad ha sido muy paciente, pero no lo será por mucho tiempo más”. La paciencia social, convertida durante años en un recurso tácito del sistema, comienza a mostrar signos de agotamiento.

La hoja de ruta planteada por sectores de la oposición organizada insiste en una negociación que conduzca a elecciones generales con garantías verificables. Carlos Tablante subraya que ese acuerdo requeriría acompañamiento internacional y transformaciones institucionales concretas: “la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (…) y la liberación de los medios de comunicación callados y amordazados”. A ello se suma la necesidad de un Tribunal Supremo que ofrezca garantías mínimas de arbitraje y un entorno en el que el voto pueda expresarse sin coacción. Sin esos elementos, la convocatoria electoral carecería de credibilidad y difícilmente produciría un resultado aceptado.

En el campo político interno, la presión sobre Machado también se expresa en términos más directos. El dirigente José Luis Farías lo plantea sin matices: “no es que puede, es que está obligada a regresar”. A su juicio, la demanda de retorno no es solo estratégica, sino también emocional y política. “Si no regresa (…) perdería popularidad y ese vacío lo aprovecharía el régimen”, advierte. Su planteamiento introduce un factor adicional en la ecuación: el costo interno de la espera.

Machado, en Venezuela antes de mayo

El factor tiempo vuelve a imponerse en las proyecciones. Bernard Horande sitúa el eventual regreso de Machado antes de mayo y advierte sobre el costo político de una espera prolongada: “Ya no se puede seguir esperando”. La incertidumbre, sostiene, erosiona las posibilidades de una salida ordenada y afecta la relación con los actores internacionales involucrados. Su estimación ubica unas elecciones en el primer trimestre de 2027, un horizonte que refuerza la percepción de que el calendario no responde solo a dinámicas internas, sino a un entramado de intereses y negociaciones en curso.

En ese contexto, cada declaración, cada movimiento y cada silencio adquieren un peso específico. La promesa de regreso de Machado, la apuesta dilatoria de Rodríguez y la presión internacional no son episodios aislados, sino partes de una misma disputa. Lo que está en juego no es únicamente la fecha de unas elecciones, sino la capacidad de cada actor para imponer el ritmo de los acontecimientos y llegar en mejores condiciones a esa eventual medición.