El 1 de abril, el BOE publicó en sendos reales decretos el cese y nombramiento de Inés Olóndriz. Más allá del papel, ¿se puede pasar de alto cargo del Ministerio de Hacienda a la presidencia de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) en apenas veinticuatro horas?
Inés Olóndriz, exsecretaria general de Financiación Autonómica y Local, demostró en su primera rueda de prensa al frente de la institución que sí. Y su propia comparecencia apenas un semana después de su llegada, fue un ejemplo de su personalidad. Una mujer con una fuerte confianza en sí misma -rasgo que no siempre acompaña al liderazgo femenino-, que está dispuesta a poner un broche de oro a una carrera de 35 años en la administración pública.
Inés Olóndriz se incorporó formalmente a su despacho en la AIReF el pasado 6 de abril y lo primero que hizo fue meterse en faena. Lo explicó ella misma a los periodistas a quienes, como hizo previamente con sus señorías en el Congreso de los Diputados, recalcó su capacidad técnica y su independencia. “Soy una persona fundamentalmente técnica”, respondió a una pregunta incómoda sobre su nombramiento sin unanimidad parlamentaria.
Si la capacidad técnica queda avalada por su trayectoria profesional, desde la administración local hasta el Ministerio de Hacienda, el foco está en su independencia. Tanto la oposición como expertos en la materia han cuestionado si será capaz de supervisar cuestiones que ella misma ha diseñado. Y esa autonomía es la que se propone demostrar durante su mandato.
Voto de confianza

“Yo espero que toda la gente que ha puesto en cuestión mi idoneidad me vaya conociendo a lo largo de los seis años que tengo de mandato. Que vea mi naturaleza. […] Me siento muy cómoda en este ámbito técnico”, afirmó. Y así explicó que lo primero que hizo fue “sentarse a trabajar con el equipo, hablar con los distintos directores y darle continuidad a un trabajo estupendo que ha hecho la AIReF durante los 12 años y que creo que se tiene que mantener. Comparto plenamente los valores de independencia, transparencia y rendición de cuentas”.
“La AIReF solo es útil si es independiente. Es lo que garantiza que esta institución pueda decir lo que tenga que decir, cuando lo tenga que decir, aunque pueda ser a veces incómodo. Yo creo que nadie se tiene que alarmar porque haya discrepancias en el análisis de las cuestiones que nos atañen a todos”, afirmó en la Cámara Baja. Un guiño a ser una “institución incómoda, pues si no, algo falla”, como así avisó su predecesora Cristina Herrero.
Ese voto de confianza que expresó en el Congreso de los Diputados para la aprobación de su candidatura, lo trasladó también a los medios en su primera comparecencia. “Espero que pronto os deis cuenta de cómo soy y que, además, es como he operado toda mi vida. Mi interés es seguir velando por la sostenibilidad de las finanzas públicas en beneficio del país”, afirmó. Así, en un tono amable, técnico -quizás más didáctico en su explicación que el de su predecesora-, lanzó sus avisos “incómodos” al Gobierno.
“La deuda no desaparece por arte de magia”
El mantra de Cristina Herrero era la “manta es una y tiene que cubrirlo todo”, una forma de transmitir la esencia de las finanzas públicas: los recursos son limitados y cada decisión tiene un coste en otra parte.
En un contexto en el que el Gobierno se ha visto obligado a poner un plan integral de 5.000 millones por la crisis de Irán, Inés Olóndriz sintetizó su mensaje de una manera visual: “la deuda no desaparece por arte de magia”. Y bajo este principio lanzó su primer aviso al Ejecutivo: la necesidad de un ajuste de seis décimas de PIB para reconducir la senda fiscal, el equivalente a 10.000 millones.
Este es el esfuerzo que, según el análisis de la AIReF, será necesario si se quiere cumplir con los compromisos europeos en un contexto de elevada deuda. Olóndriz, que evitó cualquier valoración, acotó las consecuencias de las decisiones públicas.
“Si se adoptan nuevas medidas para combatir la crisis, consideramos que esas medidas tienen que estar muy focalizadas y ser muy temporales. Precisamente, para evitar que la deuda se vaya acumulando. Si se toman o no medidas, corresponde al Gobierno y al Parlamento y nosotros no tenemos nada que decir. Pero sí lanzar el mensaje de que hay que ser muy consciente de que pueden llevar un aumento de la deuda y, por lo tanto, tener que hacer más ajustes en el futuro”, avisó.
Los ‘recados’ a Hacienda

Junto al ajuste, no dudó de afear al Ministerio de Hacienda -su antigua casa- la falta de colaboración. En concreto, Olóndriz mantuvo la petición de la AIReF de reclamar un mayor intercambio de datos con los ministerios de Hacienda y Economía, una carencia que, según explicó, condiciona su capacidad de análisis. “El no disponer de esa información nos obliga a realizar más hipótesis”, señaló.
A su vez, trasladó la necesidad de contar con unos Presupuestos Generales del Estado aprobados. En su opinión, disponer de presupuestos en plazo “orienta la política económica” y reduce la incertidumbre en un contexto ya tensionado. “Es cierto que la legislación española permite operar en prórroga presupuestaria, pero no es lo ideal. En una situación como la actual, pues aún dificulta más. Es verdad que el crecimiento español está siendo bastante sólido y que la recaudación en los últimos años ha crecido mucho. Y te permite decir no tengo presupuestos, pero los ingresos me me funcionan. Pero esto no es una condición que se vaya a perpetuar a largo plazo y entonces tener presupuestos siempre es mucho mejor que ir en prórroga presupuestaria, afirmó.
Su predecesora ya advirtió, en relación con la falta de presupuestos, que “cuando no hay un punto de referencia, lo que damos son previsiones, pero no es lo preferible. Estamos supervisando a ciegas”.
Seis años por delante
“Yo no tengo ningún interés político“, incidió en su comparecencia en el Congreso. A sus señorías les explicó que, “de ser nombrada, cuando acabe mi presidencia -que tendré claro exactamente el día que será- yo ya habré cumplido 65 años, habré trabajado más de cuarenta y un años. Y espero poder jubilarme”.
Ahora, Inés Olóndriz tiene seis años por delante, menos 20 días, para demostrar su independencia.
