Opinión

¿Racismo inverso? Iryna Zarutska y el doble estándar racial.

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En el discurso del Estado de la Unión del 24 de febrero de 2026, el presidente Donald Trump invitó al hemiciclo a Anna Zarutska, la madre de Iryna Zarutska, la joven ucraniana de 23 años apuñalada mortalmente el 22 de agosto de 2025 en un vagón del Lynx Blue Line de Charlotte, Carolina del Norte.

Mientras los republicanos se levantaron en aplausos y ovación, la gran mayoría de los congresistas demócratas permaneció sentada. Trump, visiblemente incrédulo, repitió: “¿Cómo es que no se levantan?”. Anna, con lágrimas en el rostro, se puso en pie sola junto a Erika Kirk. La escena, captada en video y difundida por la Casa Blanca, se convirtió inmediatamente en un símbolo de la fractura que existe entre los estadounidenses.

Anna Zarutska, la madre de la mujer asesinada Iryna Zarutska. EFE/EPA/KENNY HOLSTON / POOL

Iryna había llegado a Estados Unidos en 2022 huyendo de la guerra en Ucrania. Trabajaba en una pizzería, llevaba auriculares y regresaba a casa cuando Decarlos Brown Jr., un hombre negro de 34 años con 14 detenciones previas (incluyendo un robo a mano armada y amenazas), se levantó y la apuñaló repetidamente en el cuello y en el torso. Brown, diagnosticado con esquizofrenia no tratada, había sido liberado sin fianza pese a su historial. Según testigos y grabaciones, profirió gritos de carácter racial antes del ataque. Nadie intervino. Iryna murió en el vagón. Irónicamente, era una simpatizante de Black Lives Matter.

Este crimen es el espejo invertido del caso George Floyd. Floyd, con antecedentes y drogas en sangre, murió en 2020 bajo la rodilla de un policía blanco. Su muerte desató protestas masivas, disturbios, recortes presupuestarios a la policía, muestras de contrición (gente arrodillándose) públicas y una narrativa dominante sobre un supuesto “racismo sistémico” que acaparó el discurso durante años. Ciudades enteras ardieron; se reescribieron libros de historia y se impuso la idea de que solo ciertas vidas importan cuando sirven al relato. Efectivamente, en el caso de Iryna, una víctima blanca (ucraniana, refugiada legal, sin antecedentes), asesinada por un reincidente negro en una ciudad con políticas demócratas de “no fianza” y enfoque en “justicia restaurativa”, la respuesta fue muy diferente: una pobre cobertura mediática inicial, intentos de minimizar la raza del agresor en algunas entradas de Wikipedia y, en el Congreso, muchos demócratas negándose a honrar a su madre.

Iryna Zarutska
Ig: Iryna Zarutska

El mismo partido que en 2022 llenaba Twitter de banderas ucranianas por solidaridad con Zelenski no encuentra un gesto para una ucraniana asesinada en suelo estadounidense. ¿Motivo? El perfil del perpetrador rompe el guion ideológico: admitir que un negro con historial delictivo puede cometer un crimen brutal contra una blanca “inocente” desafía el dogma de que el racismo solo opera en una dirección. El ensayista negro Coleman Hughes lo ha explicado con claridad en sus ensayos y en The End of Race Politics: el racismo no es “prejuicio más poder” (fórmula que exonera automáticamente cualquier hostilidad contra blancos o asiáticos); el racismo es racismo, sin adjetivos. Negar empatía a una víctima por el color de su piel (o del de su asesino) es racismo explícito, aunque se vista de “resistencia” o “conciencia anti-opresiva”. Lo ocurrido en el Capitolio no fue solo partidismo: fue una manifestación institucional de racismo inverso. Una negativa calculada a humanizar a la víctima porque su muerte no encaja con una ideología que prioriza ciertas narrativas raciales por encima de la verdad.

Decarlos Brown Jr identificado como autor del asesinato de Iryna Zarutska
Charlotte-Mecklenburg Police Department

Esta discriminación no es una novedad, pero alcanza niveles obscenos. La izquierda llora por Floyd, pero ignora las miles de víctimas negras asesinadas anualmente en ciudades como Chicago o Baltimore… por otros negros. Ignora también a las víctimas blancas, asiáticas o hispanas cuando el agresor no encaja en el patrón deseado. La compasión es condicional: solo se activa cuando refuerza el relato de opresión unidireccional. Cuando los demócratas no se levantan por una madre ucraniana destrozada, no solo desprecian a una familia: desprecian la idea misma de que todas las vidas importan sin calificativos raciales. El racismo inverso no es una invención derechista: es el fruto lógico de una izquierda que ha politizado la raza hasta el absurdo.

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