La República Islámica de Irán atraviesa uno de los momentos más críticos desde su fundación en 1979. Tras las protestas masivas de enero, la respuesta del régimen ha sido una represión sanguinaria, con miles de muertos, decenas de miles de detenidos y un sistema diseñado para intentar borrar cualquier rastro de los crímenes cometidos.
Internet cortado, hospitales vigilados y centros de detención ilegales forman parte de la arquitectura del aparato represor del régimen de los ayatolás. Ante la magnitud de las matanzas, la posibilidad de una intervención de Estados Unidos o de un aumento sustancial de la presión occidental planea sobre Teherán. La incógnita es cuánto podrá resistir la sociedad iraní, y hasta qué punto los ayatolás pueden sostener su régimen represivo.
Los crímenes del régimen iraní
Tras un mes de protestas y ejecuciones, Artículo14 conversa con Reza Akvanian, periodista y activista de derechos humanos iraní afincado en Bélgica y colaborador habitual de Iran International. Akvanian lleva años documentando la represión dentro del país y advierte que lo que está ocurriendo hoy en Irán no es solo una crisis política, sino el mayor crimen cometido por la República Islámica contra su propio pueblo.
-¿Cuál es la estimación más fiable de víctimas de la represión estatal en Irán?
-Hoy es imposible dar una cifra definitiva. El régimen bloquea el acceso a datos, corta comunicaciones, intimida a las familias y traslada a detenidos a centros fuera de cualquier control. Aun así, el panorama es claro: estamos ante una represión masiva. El Gobierno habla de 3.117 muertos, una cifra que contrasta brutalmente con las estimaciones independientes. En Iran International calculamos al menos 36.500 muertos en las protestas de enero de 2026. HRANA, por su parte, documenta más de 23.000 fallecidos, aunque muchos casos siguen bajo investigación. Esta diferencia no es casual: forma parte de una estrategia deliberada de manipulación y ocultamiento.

-Con este nivel de control informativo, ¿siguen siendo fiables los mecanismos independientes de verificación?
-Siguen existiendo, pero están al límite. Los cortes de internet, la presión a activistas y periodistas, la negativa a permitir llamadas o abogados a los detenidos rompen constantemente la cadena de verificación. Muchos presos son llevados a centros ilegales donde ni siquiera se registran sus nombres. Aun así, con redes de testigos, familias y verificación cruzada, seguimos documentando. Lo que sí podemos afirmar es que la vida de muchos detenidos está en grave peligro, ya sea por muertes bajo custodia o ejecuciones aceleradas.
-¿Cómo ha cambiado la represión desde el movimiento “Mujer, Vida, Libertad”, que tomó las calles en 2022?
-No solo ha continuado, se ha sofisticado. La represión es ahora más híbrida y encubierta. Se usan escuelas, hospitales y edificios administrativos como centros de detención; se dispara munición real tras el uso de gases extremadamente tóxicos; y se busca que protestar sea percibido como una acción con alta probabilidad de muerte inmediata. Todo esto ocurre mientras se bloquea la documentación, la atención médica y cualquier vía legal. Lo que hemos visto en enero ha sido una auténtica masacre.

-¿Siguen siendo los apagones de internet una herramienta clave del régimen?
-Absolutamente. Durante los días más intensos de las protestas, los cortes de internet coincidieron con picos de detenciones masivas. Sin comunicación, las familias no pueden localizar a sus seres queridos y el régimen gana margen para ocultar traslados y abusos. Además, hay inspecciones sistemáticas de teléfonos móviles para borrar pruebas.
-¿Es este el momento políticamente más frágil del régimen desde 1979?
-Es, como mínimo, uno de los más frágiles. Cuando un Estado necesita prisiones desbordadas, centros ilegales, amenazas de ejecuciones y cortes de internet para sobrevivir, demuestra una profunda crisis. En 2025 ya hubo casi 2.000 ejecuciones, y ahora existe un riesgo real de ejecuciones masivas. Todo esto ocurre en medio de una catástrofe económica que empuja a muchos iraníes a sentir que no tienen nada que perder.

-¿Existen fracturas internas entre los distintos centros de poder del régimen?
-No tenemos datos verificables suficientes para hablar de fracturas decisivas. Lo que sí está claro es el papel dominante de los aparatos de seguridad, especialmente la Guardia Revolucionaria y el Ministerio de Inteligencia, que gestionan centros fuera de la legalidad. Se habla de deserciones, pero incluso si existen, no parecen haber alterado la capacidad represiva del régimen, que ha desplegado a cientos de miles de efectivos armados contra civiles desarmados.
-¿Cómo ha evolucionado la base social que apoya al régimen?
Cuando un gobierno depende casi exclusivamente de la coerción, es señal de que ha perdido apoyo social. El régimen intenta recomponer lealtades con incentivos económicos, incluso recurriendo a veteranos o retirados, pero en un contexto de empobrecimiento extremo. En muchas zonas, el apoyo real ha sido sustituido por la dependencia económica del aparato represivo.

-¿Qué impacto tendría una posible intervención de Estados Unidos o mayor presión internacional?
-Siempre me he opuesto a la guerra, pero hoy hablamos de salvar vidas. El régimen ha matado a decenas de miles de personas y amenaza con seguir haciéndolo. En estas circunstancias, incluso una intervención militar puede convertirse en una necesidad para proteger a la población. La presión internacional, las sanciones y la documentación de crímenes son vitales para elevar el coste de la represión y frenar las ejecuciones. Pero cualquier acción externa debe tener un único objetivo: la libertad del pueblo iraní, no intereses geopolíticos.
-¿Qué papel juegan actores como Rusia, China o Turquía?
–Rusia y China han sido claves, proporcionando tecnología de vigilancia, armas y apoyo político. Turquía, aunque de otra forma, también ha presionado a refugiados iraníes. Este respaldo externo fortalece la capacidad represiva del régimen. Por eso, Europa y Estados Unidos deben presionar también a quienes facilitan esta represión.

-Mirando al futuro, ¿ve alguna posibilidad real de reforma?
-No. Tras dos décadas de trabajo en derechos humanos, puedo decir que la reforma es una ilusión. El régimen ha respondido a cada crisis con más violencia y ocultamiento. Hoy estamos ante la consolidación de un autoritarismo extremo. La República Islámica no es reformable: debe caer para que Irán pueda ser libre.


