El viaje de Naomi no me fue el idilio que esperaba. Esta joven de 27 años, vecina de Fuenlabrada, llevaba tiempo planeando un viaje a Asia con Vanesa, su madre. Con mucho trabajo y esfuerzo, ahorraron unos 2.000 euros cada una para viajar a Tailandia, donde tenían contratadas excursiones y hoteles por todo el territorio. “Todo iba como la seda, hasta que nos llegó la noticia de que el presidente de Estados Unidos bombardeó Irán el 28 de febrero”, recuerda la turista española a Artículo14. De un plumazo, el viaje se convirtió en un calvario sin final a la vista.
Muchos turistas españoles encallados tras el estallido de la guerra en Oriente Medio se quejan de la falta de información clara, abandono institucional y costes imprevistos mientras esperan ser repatriados. Relatan cambios constantes de horarios, cancelaciones de vuelos sin alternativas definidas, mensajes contradictorios entre aerolíneas y autoridades y la impresión de que rige un “sálvese quien pueda”, con consulados y embajadas ofreciendo solo respuestas genéricas y poca ayuda práctica inmediata.
La embajada española en Bangkok
El viaje de Naomi estaba previsto entre el 23 de febrero y el 5 de marzo. Cuando estalló la guerra, la agencia de viajes con la que contrató el pack no daba respuesta a sus llamadas ni mensajes. Tampoco la embajada española en Bangkok. “Tras ver las noticias intentamos inscribirnos en el registro del viajero, tal y como indicó el ministro (de Exteriores) Albares y como buscamos por internet, pero no pudimos hacerlo ya que la página no nos dejó”, prosigue.

Finalmente, la agencia les aclaró que el vuelo de regreso del día 5 no iba a salir. El viaje de ida fue con Air Europa, y la vuelta iba a ser con Etihad. “Dijeron que debido a la situación debíamos esperar y que nos extendían las noches de hotel sólo tres días más, si debíamos quedarnos más debería correr a nuestra cuenta. Conclusión: más gasto”, protesta. Tuvieron que cambiarse corriendo al hotel que les asignaron. “Pasamos tres días en completa incertidumbre, y con la desesperación escribí a medios de comunicación y políticos para intentar llamar la atención de alguien”, agrega Naomi.
En su periplo, otros españoles también describieron aeropuertos colapsados, colas interminables, noches durmiendo en las terminales y un fuerte desgaste físico y emocional, especialmente en personas mayores o con problemas de salud. En paralelo, muchos se desesperaban ya que las grandes operaciones de repatriación anunciadas no llegaban a su caso concreto o lo hacían con demasiada lentitud.

“Al no estar dentro de un conflicto bélico se considera que estamos a salvo, pero el dinero se agotaba y las esperanzas de volver a casa también. Nuestros familiares y amigos se preocupaban por nosotras, difundiendo nuestra situación en Instagram”, continua la española. Pasados los tres días cubiertos por la agencia, se tuvieron que desplazar a la zona de Patong, costeándose la estancia con sus ahorros.
Comienza a cundir el pánico
“Durante estos días seguimos sin una respuesta clara, un día nos dijeron que podríamos marcharnos el día 12 a las 21:15 de la noche, un par de días antes nos dijeron que podríamos hacerlo el 13 a las 3:15 de la noche. La incertidumbre, el estrés, el agobio y el desamparo no tardaron en hacerse notar”, lamenta. Con el paso de los días, les dijeron que les ampliarían el seguro de viaje cinco días, mientras les seguían cambiando constantemente las fechas.
Para buscar alternativas y “algo presas del pánico”, apostaron por comprar unos billetes de avión que hacían ruta por China. Eran para el 21 de marzo y costaban unos 2.700 euros. “Nos tiramos esa semana buscando rutas alternativas por China, por África, Australia y América Latina… todas ellas no bajaban de los 4.000 euros mínimo”, continua. Otras parejas españolas que conocieron optaron por comprar billetes vía China por precios astronómicos.

“Esa misma mañana logramos cancelar de manera parcial los billetes que habíamos comprado, y así optar a que dentro de unos días nos devolvieran parte del importe. Más tarde llamamos a la agencia para que nos encontraran algo similar y así seguir con la agencia. No queríamos desentendernos de ella, ya que de suceder algo más con los otros vuelos nos veríamos solas antes la adversidad”, remarca. Les propusieron un viaje desde Phuket (Tailandia) para el 11 de marzo a las 13:20, que pasaría por Kuala Lumpur, Malasia, Guangzhou (China), Pekín y por último Madrid. Coste: 3.500 euros.
Cuando ya veían la luz al final del túnel, se produjeron retrasos en el aeropuerto de salida por un incidente técnico en otro avión. Todos los vuelos se atrasaron, y por ello perdieron sus conexiones. Les ofrecieron tres opciones: pagar 700€ más por otro vuelo alternativo y llegar el 14 de marzo; pagar 600€ más por llegar el día 18; o esperar al día 20 “ya que nos decían que los vuelos ya iban a empezar a salir de seguro”. Optaron por la primera opción, ya que “nuestra preocupación por la familia, el trabajo y los amigos tienen más peso”.
La odisea de Naomi y su madre para volver a España
Al hablar con este diario, Naomi y su madre se encontraban en Guangzhou esperando a volver a casa, con un largo periplo que las llevaría con escalas en Zhengzhou y Londres. “Toda esta odisea tailandesa nos habrá costado 4.600 euros, sin contar comida y productos de primera necesidad. El abandono y la ansiedad que hemos sentido en estos últimos 13 días nos servirán como aprendizaje para situaciones venideras”, agrega.
Ante de terminar la conversación, Naomi se hace muchas preguntas: “¿realmente significamos algo para nuestro gobierno?, ¿Por qué nuestros impuestos no han servido para ayudarnos en esta situación?, ¿para qué pagamos seguros, si estos no nos cubren estas situaciones?, ¿esto es lo que valen nuestras vidas?”.
