Opinión

Si esto fuera sed

Cristina López Barrios
Actualizado: h
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Hablar de Gloria Fuertes es hablar de poesía, pero también de infancia, de resistencia y de libertad. No en vano la exposición que le dedica Matadero de Madrid incluye en su título una de esas palabras que se han vuelto grandilocuentes de tanto invocarlas: libertad. Pero también otra que me hizo pensar: contemporaneidad. Gloria tiene mucho que decirnos todavía. Aquí. Ahora.

Muchos la amamos desde la niñez. La llevamos con nosotros como se lleva una canción, una rima, un estribillo o un espejo en el bolso. Es familiar, es verso, pero basta acercarse un poco a su vida para descubrir a una mujer que conoció el dolor de primera mano.

A veces hablamos de libertad con una ligereza que la vacía. En nuestro país la repetimos tanto, y con intereses tan distintos, que nos ha pasado como con el amor de aquella copla: «se nos rompió de tanto usarlo». Decía Campbell que las virtudes del pasado son los vicios del presente.

Sin embargo, basta leer Persépolis —de Marjane Satrapi— para recordar su significado más simple y brutal. La libertad se entiende bien cuando falta. Cuando pensar, hablar, y vivir libremente deja de ser solo una cuestión ideológica y se convierte en una cuestión de supervivencia. Es como el alimento: su carencia nos provoca más que debate, hambre. Por eso libertad y dignidad caminan tantas veces de la mano.

Pero yo quería hablar de Gloria Fuertes y ya me estaba yendo por los cerros de Úbeda. Me pongo a hablar de libertad mientras escribo en mi casa, con una tostada de jamón al lado de un café con leche, y el sol entrando por la ventana en vez de un misil. Donde a uno le toca nacer y en qué época, es como la caja de bombones de Forrest Gump, una cuestión de suerte. Gloria vivió la Guerra Civil a la que llamó: Incivil. Conoció y sufrió el hambre y la muerte. Sin el sufrimiento de la guerra quizá nunca hubiera escrito poesía: «no tenía más que un traje, un cuaderno y mucho miedo a que se me gastara el lápiz». Así escribió muchos de sus poemas, seguramente algunos de los que leí en mi infancia. Se entregó en cuerpo y alma a la poesía, a este género por decepción de otro. El sufrimiento le hizo decir «qué mal género es el género humano».

Quizá por eso impresiona leer hoy a Gloria Fuertes. Porque en medio del desconcierto que dejan las noticias, de esa sensación de que el mundo conocido se resquebraja, su voz nos hace recordar el pasado, nos enseña. Hay días en que leer el periódico te hace sentirte huérfano. Como si se hubiera roto la vieja ficción de la seguridad. Como si las alianzas, los discursos y las palabras en las que confiábamos hubieran perdido consistencia y significado de golpe. Por eso vuelvo a Gloria Fuertes quien, tras empezar a salir con su primera novia, dijo: ¡Qué suerte si esto que siento fuera sed y se me quitara bebiendo un vaso de agua! Ojalá fuera tan sencillo. Pero parece que hemos de navegar estos tiempos en la incertidumbre y con la boca seca.

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