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Brighid, española en República Dominicana: “Para vivir medianamente bien hacen falta 1.500 o 2.000 euros”

Brighid, una española que llegó a la isla caribeña por amor hace cuatro años, explica que República Dominicana es "un país lleno de oportunidades"

Españolas por el mundo
Brighid, una española que se ha asentado en República Dominicana
KiloyCuarto

Brighid lleva casi cuatro años viviendo en República Dominicana. Llegó por amor, conoció a su esposo en España y, cuando él le propuso probar la convivencia en su país mientras ella seguía estudiando, aceptó. “Me dijo ‘¿por qué no vienes aquí y probamos así mientras estudias?’. Yo dije: ‘bueno, pues voy a probar’… y aquí estoy”, confiesa a Artículo14

Brighid se describe como una persona poco sedentaria. “Yo soy bastante como un pajarito, me voy con el viento. No he sido nunca una chica muy quieta”. Cuenta que con 18 años ya se había mudado de casa y había vivido un año en Alicante, por lo que cambiar de país no le parecía un salto imposible.

Recuerda el “estás loca, cómo te vas a ir para allá” de amigos y conocidos, en parte porque “mucha gente en ese momento tampoco conocía cómo era el país 100%”. Sus padres, en cambio, la apoyaron. Aunque reconoce que el hecho de ser hija única pesó emocionalmente: “Sí que es verdad que he preocupado porque soy hija única… que tu hija se vaya tan lejos te afecta”. Aun así, se sintió respaldada por una idea que repite varias veces: “Yo siempre iba a tener mi casa si me pasaba cualquier cosa”. Tener un lugar al que volver le dio seguridad para dar el paso.

“Por ese sueldo no iba a trabajar”

El primer plan de Brighid era buscar trabajo pero se encontró con un mercado laboral que no le compensaba. Cuenta que buscó empleo relacionado con su formación y se topó con salarios que consideraba inviables para una jornada completa. “El sueldo eran 30.000 pesos en ese momento”, explica. Además, subraya las condiciones: “Jornada completa y trabajando seis días a la semana”. Su conclusión fue clara: “Yo por ese sueldo no iba a trabajar.

En lugar de aceptar ese empleo, tomó una decisión que para ella tenía más sentido: dedicar tiempo a voluntariados y mantener margen para explorar otras opciones. “Yo prefería hacerlo gratis que cobrar tan poco y tener tiempo para poder desarrollar otras cosas”.

Mientras tanto, seguía estudiando psicología en línea en España, lo que limitaba su disponibilidad. “Yo estudio psicología online, entonces no puedo dedicarle full time a un trabajo ni a un emprendimiento”.

“El coste de vida realmente es alto”

Sobre el coste de vida, Brighid es directa: “El coste de vida realmente es alto”. Cree que ya no es tan superior a España pero insiste en que el problema principal es la relación entre precios y salarios dominicanos. “Las cosas para el sueldo mínimo que hay aquí están muy caras”. Para un nivel de vida “medianamente bien”, calcula que hacen falta “1.500 o 2.000 euros”.

Describe una desigualdad muy marcada. Habla de barrios donde se va la luz, falta agua o no hay recursos como inversores o tinacos. “Hay barrios que se han tirado cinco y seis días sin luz”. En contraste, menciona urbanizaciones exclusivas donde esos problemas no existen.

Ella misma vivió cortes al llegar, antes de mudarse a un lugar con mejor infraestructura. “Me chocaba bastante”.

Del “país para disfrutar” al “país de oportunidades”

La mirada de Brighid sobre República Dominicana cambió con el tiempo. Al principio, asociaba el país con el turismo y con una realidad social dura fuera de las zonas turísticas. “Veía mucha necesidad en las zonas no turísticas… me chocaba mucho emocionalmente”. Recuerda especialmente el impacto de ver animales abandonados: “Ver tantos perritos callejeros… a mí eso me sigue doliendo”. También habla de los niños que trabajan en la calle. “Tú ves niños en la calle… queriendo limpiar los zapatos o vendiendo chupa chups o galletas”. Dice que le chocaba pensar que “ese niño tendría que estar escolarizado”.

Con el paso de los años, sin negar esa realidad, empezó a ver otro lado: el de las posibilidades económicas. “Ahora lo veo como un país lleno de oportunidades, porque donde hay menos desarrollo en algunas áreas, pues hay oportunidad”. Pone como ejemplo el “boom inmobiliario” que, según ella, se vive actualmente, y compara el territorio con España: “Tú aquí coges carretera para ir de un pueblo a otro”, en lugar de pasar continuamente por núcleos urbanos.

Preguntada por su experiencia como mujer, Brighid dice sentirse “bastante segura”, en parte porque su presencia en redes la hace conocida en su zona. “Mucha gente me conoce, me tratan con mucho cariño”. Señala un trato cotidiano que describe como caballeroso: “Aquí los hombres son muy caballerosos… si a mí me ven cargada, me van a ayudar”.

Reconoce que existe acoso verbal, como en España, pero lo matiza. En su opinión, suele venir de “personas que tienen menos educación” y se nota “mucho la diferencia de clases”. Para ella hay una diferencia entre un comentario educado y la cosificación: “Te pueden decir ‘qué bonita eres’… lo que está mal es que griten atributos de tu cuerpo o te cosifiquen”.

Cuenta que al principio le ocurría más cuando se movía por ciertos barrios porque la veían como extranjera. “Se piensan que eres gringa, porque yo soy rubia… y empiezan ‘gringa’, ‘diablo, qué mami’”. Aun así, insiste: “No es tan inseguro como se pinta”.

“No me veo viviendo en España”

Si tuviera que volver a España, asegura que se llevaría “muchísimas cosas”, especialmente la manera de vivir de los dominicanos. Habla de una actitud vital que prioriza la alegría incluso en situaciones difíciles: “Llueve… se les moja los muebles y salen a la calle y se sientan a servir una cerveza como si no estuviera pasando nada”. Destaca “la humanidad” y la ayuda cotidiana: “Tu vecina hace café y te dice ‘he hecho café, ¿quieres venir?’… o te traen un tupper”. Para ella, ese trato es lo más valioso: “La humanidad que hay aquí siento que es lo que me llevo”.

“Yo ahora mismo no me veo en España viviendo”, afirma. Considera que allí tendrían “una vida más común”: “Un trabajo estable, un sueldo fijo y fines de semana libres”. En República Dominicana, en cambio, ve margen para desarrollar proyectos e invertir.

También pesa el estilo de vida. “El clima… me he acostumbrado a que si salgo del trabajo, en cualquier momento me voy a la playa. Y eso no se paga con nada”, concluye.