Opinión

Depredadores

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Ni Jon Perurena Mitxelena ni Martiño Remo Soto serán un peligro para ninguna niña durante los próximos años. En el caso de Jon, solo serán cuatro años. Martiño pasará algo más de tiempo a la sombra; si ningún Parot se pone en medio, serán trece años los que Martiño permanezca bajo llave. Ambos eran profesores enrollados, modernos, jóvenes. Ambos eran un peligro público.

Jon Perurena era licenciado en Ingeniería Industrial y daba clase de Secundaria mientras hacía pinitos musicales bajo el pseudónimo de Jonpe Ta Zetas, deleitando al mundo con “temazos” como Denuncias falsas, La comebolsas, No más cobras, o Jóvenes Anticondón. Martiño era miembro de En Marea, el partido político creado para agrupar el popurrí de fuerzas de izquierdas de Galicia. Y ambos cumplían los requisitos para dar clase a menores de edad. Si tuvieron que pasar un psicotécnico para profesores, este no estuvo bien enfocado.

A ambos personajes los habrán visto en la televisión. Jon fue muy torpe (o muy iluso) al hablar de cómo las alumnas iban detrás de él o le ofrecían sexo oral a cambio de golosinas (tal cual lo dijo el infeliz), como si fuera, en sus propias palabras, una “estrella del rock”. Martiño tuvo un perfil más bajo, poniendo pies en polvorosa en cuanto se vio la que le venía encima. Es difícil entender por qué este hombre no estaba en prisión preventiva; a saber lo que ha hecho en Cuba mientras andaba por allí dándoselas de fotógrafo. Dicen las noticias que Martiño ha rogado su extraditación de aquel “agujero” en el que permanecía preso en Cuba. No tuvo la misma consideración con esa alumna a la que destrozó en cuerpo y alma con el agravante del engaño y del abuso de confianza, pero nosotros tenemos que llevar la luz, como decían en La carretera McCarthy.

Siento cierta compasión por los hombres que sienten atracción sexual hacia los niños, pero ninguna por aquellos que cruzan la barrera entre la maldición y el delito. Por de desgracia, no elegimos nuestras inclinaciones. Pero por fortuna sí somos dueños de nuestros actos. Me gustaría saber qué recovecos mentales han seguido estos dos hombres para llegar a la conclusión de que podían hacer lo que han hecho. Quisiera saber si lo decidieron con frialdad o si fue poco a poco. Si empezaron disimulando con eso de que “las chicas son más sensibles” o “me interesa el universo femenino” o si había una creencia subyacente de que las adolescentes estaban interesadas en ellos; si fuera este último caso, no habrían ido directos a las chicas con más problemas familiares. Me gustaría saber qué decían cuando entre amigos surgía el tema, ¿excusarían a Nannysex, seguirían la corriente? ¿Tendrían un discurso diferente dependiendo de quién estuviera delante? También me encantaría saber si sus familiares cercanos les exculparán con subterfugios morales, si fueron esas chicas largas las que les engañaron como le sucedió al príncipe Andrés, o si todo viene de un trauma que tuvieron de pequeños. La moral es algo muy resbaladizo, siempre justificamos lo que nos viene bien.

Ahora en la cárcel les espera algún módulo protegido donde otros hombres como ellos les comprenderán, supongo. No saldrán al patio, no irán a la piscina climatizada ni pisarán el gimnasio. Y dentro de pocos años saldrán a la calle con un billete de autobús a donde ellos quieran, una pequeña cantidad para valerse por si mismos, unos cuantos años cotizados, y una nueva identidad para empezar de nuevo quién sabe dónde. En una asociación vecinal, en una gran ciudad o en una pequeña aldea. Antes de lo que esperamos ellos volverán a la calle sin haber cambiado un ápice, esperando una nueva oportunidad de cumplir con lo que han decidido que es lícito.

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