Opinión

El juicio de la Kitchen es una canción de Natti Natasha

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Desfilaron Bárcenas, Rajoy, Cospedal y derivados por la Audiencia Nacional como contrapunto viejuno, voluntarioso, pero flácido, de Ábalos, Koldo y Begoña, la “presidenta” de Patxi López. La Kitchen es una criatura de otro tiempo. Un celacanto que supervive, sí, pero lejos de la cúspide de la cadena alimentaria. Un muerto resucitado al que le visitará la parca a no mucho tardar. Un Lázaro fallido. Una serie de éxito rematada y tiempo después desenterrada por si acaso, pero en balde. Un Manolo y Benito Corporeision.

La jornada cumbre del juicio, que fue la del jueves, recuperó a un Rajoy amnésico y existencialista –a su manera, quiere decirse– que rajoyó indemne, pétreo, viral. Jorge Fernández Díaz, que comparte nombre y apellidos con un escritor argentino magnífico, celebraba su santo y el expresidente del primer Gobierno derribado con una moción de censura, cuando la abogada del PSOE, Gloria de Pascual, enumeraba los apodos que le ponían los acusados en esta operación, declaraba en calidad de testigo: “Yo me llamo Mariano Rajoy y luego cada uno me llama como quiere”. No queda sino aplaudir.

España contempla a Rajoy expectante e incluso con simpatía –salvo los muyahidines de TVE y los duendes de Canal Red–, como los empleados de la central nuclear a Homer Simpson. Es previsible que incurra en lo imprevisible. Con una simpleza extrema y, a la vez, rebozada de genialidad. Cuando le preguntan si recuerda haber enviado el famosísimo mensaje de “Luis, sé fuerte”, responde que algo intuye porque “a lo largo de los últimos quince años se publicaba todos los días”. Y remacha: “Así que ese creo que sí”.

Allende el expresidente, el juicio se desinfla, repta, fabrica bostezos. A Cospedal, que llegó a estar imputada en la causa, le preguntaron por el excomisario Villarejo, musa de youtubers y garganta exhibicionista de no pocos presuntos periodistas de investigación. “Yo le hice preguntas –declaró la ex secretaria general del PP–, no encargos”. Pues vale. Qué bien lo resumió la compañera Carla Acuña: ambos acompasaron “sus estrategias para intentar salvar a Fernández Díaz”. A la manera de Sánchez, que no tenía idea de las pendencias de sus manos diestras. A la manera de Natti Natasha y Thalía: “Pero no me acuerdo, no me acuerdo, / y si no me acuerdo, no pasó, / eso no pasó”. Poco más que añadir.

Me lo explicó la profesora Elena Lowy, hace dieciocho años, en el primer día de clase de Periodismo en la Complu: uno de los principales criterios de noticiabilidad es la actualidad, y el caso Kitchen no es ya un vino viejo, sino un yogur caducado. Cierre, lacito y otra cosa. A Rajoy ya se lo ventilaron políticamente en una moción defendida por un tipo que duerme en chirona. Para qué estirar un chicle insípido y cubierto de pelusa. Los propagandistas del PSOE, que suelen dar sopas con honda a los del centro-derecha, han pinchado en hueso. Ahora, el foco ilumina a la esposa del yerno de Sabiniano, una mujer “altruista” que se compara con Inditex.