La violencia política en Estados Unidos, tiene, de momento, nombre masculino. El último episodio lo confirma. Un atacante de 31 años irrumpió armado en el hotel donde se celebraba la tradicional cena de corresponsales, con la presencia del presidente Donald Trump y la primera dama Melania Trump. El tirador, identificado como Cole Allen, accedió al interior del Washington Hilton con una escopeta, munición y varios cuchillos. Fue detenido por las Fuerzas de Seguridad en los pasillos del hotel.
Trump calificó al atacante como un “loco” y un “lobo solitario” en una comparecencia en la Casa Blanca. La fiscal general del Distrito de Columbia, Jeanine Pirro, admitió que el agresor sí cruzó el perímetro de seguridad, fue reducido dentro del recinto y permanece hospitalizado bajo vigilancia. “Estamos examinando todos los restos balísticos encontrados en el lugar, incluyendo el arma larga y los casquillos. Estamos realizando entrevistas a testigos en este momento”, explicó Patel a los medios tras el incidente.

Un hombre intenta matar a Trump, un patrón que se repite
Mientras se investiga la motivación del atacante, del que han encontrado odio anticristiano en sus perfiles en redes sociales, todo apunta a que su objetivo era Trump o un miembro de su Administración, de lo que no hay duda es del género del atacante, un patrón que se repite en la historia reciente del país. Incluso, todos los que han intentado matar a Trump en los últimos dos años, han sido hombres.
La trayectoria de atentados en Estados Unidos y complots refuerza esta tendencia masculina. El joven Thomas Crooks mató a dos personas e hirió a tres, entre ellas al propio Trump en julio de 2024. Los trece implicados en el plan para secuestrar a la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, eran hombres. David DePape atacó con un martillo al marido de la veterana política demócrata, Nancy Pelosi. Vance Luther Boelter asesinó a la presidenta de la Cámara de Representantes de Minnesota, Melissa Hortman, y a su marido. La constante se repite.

Por qué los hombres
La doctora Jessica Trisko Darden, profesora de Ciencias Políticas en la Virginia Commonwealth University, sitúa el origen en normas sociales y culturales. “Todas las sociedades creen que es más aceptable que los hombres utilicen la violencia que las mujeres; a nivel mundial, la inmensa mayoría de los miembros del Ejército y la Policía son hombres. Además, en la mayoría de las sociedades se considera que los hombres son actores políticos más legítimos. Ambos factores se combinan para hacer más probable que la violencia política sea perpetrada por hombres”, explicó Trisko Darden a Artículo14.
En el contexto estadounidense, el vínculo entre masculinidad, armas y acción política se refuerza. “Los movimientos extremistas, así como la cultura general en torno a las armas, se han centrado en gran medida en los hombres”, indicó Trisko Darden tras el ataque contra el polémico influencer de extrema derecha, Charlie Kirk, asesinado a tiros en septiembre pasado. La experta describe una socialización diferenciada: a las niñas se las orienta hacia la empatía y el cuidado; a los niños se les anima a la fuerza y a la defensa de sus creencias. Esto produce una mayor predisposición masculina hacia la violencia política.

Con todo, Trisko Darden recuerda que la presencia de mujeres en entornos extremistas existe. El asalto al Capitolio mostró su participación. La experta plantea que el tipo de violencia que la sociedad fomenta y legitima condiciona esa diferencia. La cultura de armas entre mujeres se asocia sobre todo a la autodefensa.
Una era de violencia política en Estados Unidos
Robert A. Pape advirtió que Estados Unidos podría estar “al borde de una era extremadamente violenta en la política estadounidense”. Trisko Darden coincide con esa evaluación y sitúa al país dentro de esa fase desde hace tiempo. Las mujeres políticas ya sufren sus efectos. La experta enumera momentos de violencia política recientes como el complot contra Whitmer, el ataque vinculado a Pelosi, el asesinato de Hortman o el tiroteo contra la congresista Gabrielle Giffords en 2011.

Según Trisko Darden, la violencia armada adopta tres formas principales: violencia en las calles asociada a bandas y drogas, tiroteos masivos en espacios públicos y violencia política selectiva contra figuras públicas. Dentro de esta tipología, la violencia política selectiva aparece como el ámbito con mayor probabilidad de implicación femenina en el futuro, en especial a través de apoyo logístico.
El episodio del Washington Hilton se suma a una lista que crece. Un hombre armado, un objetivo político, un país polarizado. El patrón se repite y una vez más, el que empuñó el arma, era un hombre.
