La plataforma Prime Video acaba de estrenar Cochinas, una serie protagonizada por la actriz Malena Alterio, que da vida a Nines, un ama de casa en el Valladolid de los noventa que, ante el accidente que sufre su marido, debe hacerse cargo del negocio familiar: un videoclub que no funciona y lleva años dando pérdidas. Para saldar las deudas, Nines decide darle un giro al negocio y expandir el rincón de películas porno, convirtiendo el videoclub en un espacio dedicado al placer de las mujeres.
El reto no es nada fácil: la sexualidad de las mujeres en 1996 era un tema tabú. Cuando ellas manifestaban deseo sexual se las calificaba de “guarras”, “ordinarias” o “cochinas”. Pero eso no significaba que sus cuerpos no tuviesen capacidad para disfrutar: todos la tenían, pero la mayoría reprimida. La falta de información, los prejuicios sociales y el qué dirán funcionaban como un muro de contención que les impedía, incluso, hablar del tema.

Poco a poco el Dorothy, así se llama el videoclub, se transformará en un lugar que va mucho más allá de alquilar películas. Será un espacio de encuentro entre mujeres que hablan con libertad sobre sus gustos, de las relaciones íntimas y la represión de la época. Así van intercambiando experiencias, recibiendo información y mejorando la relación que tienen con sus propios cuerpos y con sus parejas.
A lo largo de la serie vemos muchos desnudos que desafían el artificio de la pornografía. Cuerpos sin pose, sin focos ni maquillaje, como los que vemos ante el espejo cada día. Lo mejor es que se habla de la sexualidad desde la cotidianeidad y la celebración de la diversidad. Es reconfortante poder escuchar a todo tipo de mujeres hablar de sexo, sin importar su edad, su talla ni sus características físicas.
Ante esta pequeña gran revolución, los hombres no tendrán más opción que recolocarse. ¿Aceptarán las nuevas preferencias de sus compañeras o pondrán resistencia? ¿Estarán dispuestos a modificar su rol y descubrir satisfacciones nuevas?
No es cuestión de blanquear el porno: la serie deja claro que distorsiona la sexualidad y deja fuera de su imaginario el placer de las mujeres, pero no cabe duda que ha sido y sigue siendo la principal vía de acceso a la información sobre sexo. La propia comunidad de mujeres se unirá para desafiar esos clichés.
Aunque si Nines levantara la cabeza y viese la deriva de la pornografía actual, sin duda preferiría dedicarse a hacer croquetas.
