Mara Mariño: “Me cuesta considerar la pornografía una fantasía”

Entrevistamos a la periodista y sexóloga Mara Mariño, que acaba de publicar #S3XPIDEMIA, un libro sobre el impacto de la pornografía y la tecnología en la violencia sexual

La escritora Mara Mariño
Javier Cuadrado

Internet no es un espacio neutral para las mujeres. En el entorno digital, la violencia sexual adopta nuevas formas y se ejerce con una impunidad difícil de frenar. Sobre ese terreno trabaja la periodista y sexóloga Mara Mariño, autora de #S3XPIDEMIA, que analiza cómo la pornografía y la tecnología están transformando los límites de lo aceptable. Charlamos con ella sobre violencia digital, fantasías, relaciones y su impacto en jóvenes y adultos.

¿Por qué es importante nombrar lo que está pasando como una epidemia de violencia sexual?

Lo primero es que lo que no se nombra es como si no existiera. Y lo que estamos viendo no son casos aislados, sino violencias que pueden producirse en cualquier momento y con un alcance enorme. Que deshumanizan a las mujeres, que las cosifican, que refuerzan estereotipos y que además castigan cuando no encajamos en ellos, ya sea con insultos, amenazas, envío de imágenes no consentidas o incluso con deepfakes.

Muchas mujeres perciben esa violencia como parte de estar en redes, como si fuera el precio a pagar. ¿Cree que se ha normalizado?

Sí, completamente. Se ha instalado la idea de que si estás en redes sociales esto viene incluido. Yo lo llamo el coste online de ser mujer: asumir insultos, amenazas o la difusión de imágenes sin consentimiento como algo inevitable. Y eso es lo preocupante, porque fuera de internet sí entendemos que esto tiene consecuencias.

La periodista Mara Mariño alerta de la epidemia de violencia sexual que estamos experimentando
Javier Cuadrado

¿Lo ha vivido en primera persona?

Sí, desde el inicio. Al principio eran comentarios sobre mi trabajo, pero con el tiempo han pasado a ser ataques directamente sexuales. Comentarios sobre mi cuerpo, sobre mi intimidad, insultos muy explícitos y también amenazas de violación y de agresiones físicas.

El objetivo es minarte, desgastarte y hacer que te plantees si merece la pena seguir. Y muchas veces lo consigue. Hay mujeres que se toman un descanso o directamente se retiran. Cuando eso pasa, a las demás se nos rompe algo. Sabemos que la siguiente podemos ser cualquiera.

Pero también hay una parte de resistencia. Recuerdo una conversación con Amelia Tiganus que me marcó mucho, ella decía que somos las sufragistas de internet. Y en cierto modo es así, porque estamos defendiendo algo tan básico como poder estar en el espacio público sin ser violentadas.

¿Qué responsabilidad tienen las plataformas?

No es algo accidental. Hay un diseño que permite esta impunidad. Se elimina muy poco contenido denunciado y, al final, la responsabilidad recae en nosotras, bloquear, denunciar, insistir. Es como trasladar al entorno digital la misma lógica de siempre, somos las mujeres las que tenemos que protegernos, mientras los mecanismos para frenar esa violencia no están funcionando.

Hemos asumido que la mitad de la población obtenga placer con lo que para muchas mujeres es una de sus peores pesadillas. ¿Cómo se explica eso?

Son contenidos que en realidad muestran violencia, y eso acaba distorsionando completamente la idea de lo que es la sexualidad. Si no hay una educación sexual que contrarreste ese mensaje, lo que se aprende es que eso es lo normal, lo que se espera, lo que tiene que excitar. Y tiene consecuencias muy claras.

Cuando se habla de limitar el acceso a la pornografía, muchas veces el foco se pone en los menores. Pero, ¿qué ocurre con los adultos que ya se han educado en esos contenidos?

Ese es el problema. Nos centramos en la infancia, que es importante, pero olvidamos que hay generaciones enteras que ya han crecido con esto sin una educación sexual que lo contrarreste. Y eso se nota en cómo se viven las relaciones, en lo que se espera y en lo que se normaliza.

Mara Mariño, posa para Artículo14
Javier Cuadrado

Si se supone que la pornografía es fantasía, pero no se permiten vídeos de agresiones a niñas y adolescentes, ¿por qué sí a mujeres adultas?

A ver, a mí relacionar la pornografía con la fantasía me cuesta. Porque no es una fantasía en el momento en que hay una mujer que está siendo penetrada por varios hombres. Eso está pasando en su cuerpo. No es como una película. Son prácticas reales y no sabemos qué condiciones hay detrás, si hay consentimiento o qué está ocurriendo realmente.

Lo que no está permitido para menores de edad tampoco debería estar permitido para mujeres adultas, porque si no lo que estamos diciendo es que hay agresiones sexuales que sí son aceptables.

Y luego, en cuanto a los vídeos de menores, es muy difícil que desaparezcan. Las víctimas pueden pasarse años intentando que se retiren y aun así vuelven a aparecer.

Cada vez más mujeres están empezando a cuestionar que sus parejas consuman pornografía. Incluso figuras muy populares como la cantante Aitana lo han planteado como una “red flag”. ¿Cree que está cambiando la forma de verlo?

A ver, claro, a lo mejor estoy un poco sesgada, porque en mi entorno sí es algo que tenemos muy claro, pero fuera de ahí no es lo habitual. El consumo está muy extendido. Entonces, más que algo generalizado, yo creo que abre una conversación que hasta hace poco no se estaba teniendo.

¿Cree que es posible que las mujeres construyan su deseo y sexualidad de forma libre en un contexto tan influido por la pornografía, además tan violenta?

Creo que ahora mismo es uno de nuestros mayores desafíos. La sexualidad forma parte de toda nuestra vida y nosotras no tenemos la misma libertad que ellos para explorarla o averiguar qué es lo que realmente nos gusta, porque desde edades muy tempranas sabemos que los chicos están viendo ese tipo de contenido y sabemos qué es lo que esperan.

Mara Mariño en la sede de Artículo14
Javier Cuadrado

Y entonces entras en esa espiral de expectativas, en ser la novia guay, la novia enrollada, en que no pasa nada si tu pareja consume porno, incluso en verlo juntos… y te olvidas de ti. Nos ponemos en un segundo lugar por completo. Y así es muy difícil conectar con nuestro propio placer.

A mí hay algo que me chirría muchísimo, y es que toda la industria dirigida a nosotras sigue en el “descúbrete, explora tu placer”. Vale, sí, pero ya nos hemos descubierto, ya estamos en ese punto, ya sabemos dónde está el clítoris. Lo tenemos clarísimo todas. Necesitamos algo más. Porque ellos tienen 147 alternativas de disfrute erótico y nosotras no.

¿Hay algo que no le haya preguntado y que le parezca importante añadir?

Sí. Cuando hablo de todo esto, muchas veces se pone el foco en lo que ocurre en redes sociales, pero eso es solo la punta del iceberg. Debajo está la industria pornográfica y el sistema prostitucional, que se sostienen sobre la explotación de las mujeres, especialmente de las más vulnerables. Si no se aborda eso, lo demás son parches. Podemos hablar de redes, de contenidos o de leyes, pero el problema de fondo sigue ahí.