El cese de Isabel Tajahuerce no ha llegado con una llamada ni con una reunión. Llega por sede electrónica. Sin aviso. Sin explicación. Sin interlocución. Así termina, este miércoles, su etapa como delegada del Rector para la Igualdad en la Universidad Complutense de Madrid.
“Yo no me arrepiento ni un segundo de haber contado lo que ocurría”, afirma con rotundidad. Y describe unas formas que cuestionan directamente la gestión interna: “Me encuentro bien. Un poco desconcertada por las formas porque me llegó sin más el cese por sede electrónica sin que nadie hubiese hablado conmigo. El rector ni siquiera me llamó y eso que supuestamente yo era miembro del equipo”.
Sin aviso ni explicaciones
La destitución se produce apenas tres semanas después de que en Artículo 14 se explicara en profundidad, el pasado 5 de marzo, el deterioro de la Unidad de Igualdad: recorte de horas a sus tres integrantes y riesgo en la atención a víctimas de violencia machista.

Ese escenario, entonces latente, adquiere ahora una dimensión más contundente. La salida de su responsable se ejecuta sin razones públicas más allá de una fórmula genérica.
Siete años entre avances y resistencias
Tras casi siete años en el cargo, Tajahuerce no maquilla el recorrido: “Han sido años muy duros, hemos tenido que enfrentar muchas resistencias dentro del propio equipo de gobierno, pero se consiguieron dar muchos pasos hacia adelante, especialmente en temas de acoso”.
Un trabajo sostenido —relata— con escaso respaldo institucional y, en ocasiones, frente a una oposición activa: “En la universidad hay muchas personas que creen en la igualdad, que quieren formarse, eso es muy positivo. Pero como contrapartida hay muchas que siguen siendo muy resistentes y hasta combativas con la igualdad, negacionistas de la violencia incluso”.
Pese a ese contexto, reivindica resultados tangibles: protocolos de acoso consolidados, formación al profesorado, espacios seguros, seminarios y una comunidad cada vez más implicada. “Cada vez más personas se estaban acercando a la Unidad de Igualdad a denunciar el acoso, porque confiaban en nosotras. El trabajo ha merecido la pena”.

Y remata: “Es un orgullo también la implicación de tantas y tantas personas… lo que ha cambiado y las personas que se han formado serán para siempre pasos adelante. Estoy muy agradecida”.
Su cese: un punto de inflexión
La pregunta de fondo es inevitable: si su salida podría suponer el inicio del desmantelamiento de la Unidad de Igualdad, Tajahuerce se muestra prudente pero con inquietud: “Espero que no”.
Más aún cuando, según denuncia, el silencio ha sido total tras el cese: “Nadie se ha puesto en contacto después del cese, nadie del equipo de gobierno y por supuesto no el rector”.
Frente a esa ausencia, destaca otra reacción: “Personas de la universidad… cientos. Mucha gente me ha llamado y escrito para darme su apoyo. Eso es un orgullo”.
“Reorganización interna”, sin más explicaciones
Desde la Complutense, la explicación es escueta. Hablan de “reorganización interna”, de “ajustes” tras casi siete años y de una “nueva etapa”. Agradecen su trabajo y aseguran que el compromiso con la igualdad “se mantiene intacto” y se reforzará. Pero no hay más detalles. Ningún motivo concreto. Ninguna aclaración adicional.
El resultado es una destitución sin relato oficial sólido, en un momento marcado por recortes previos y tensiones internas reconocidas por la propia afectada. Una combinación que deja una pregunta abierta: si la igualdad en la Complutense entra en una nueva fase o empieza a perder peso en silencio.
