Collien Fernandes, una actriz alemana conocida por su participación en la serie televisiva Das Traumschiff, ha denunciado a su exmarido por presuntos episodios de violencia física y, especialmente, por la supuesta creación y difusión de imágenes sexuales falsas generadas mediante inteligencia artificial, conocidas como deepfakes. Según su testimonio, estas manipulaciones habrían circulado durante años en internet, acompañadas incluso de conversaciones con terceros, lo que habría amplificado el daño.
La actriz presentó una denuncia formal en España, país en el que la pareja residió anteriormente. En declaraciones a medios alemanes, explicó que eligió esta vía al considerar que la legislación española ofrece una protección más avanzada frente a la violencia contra las mujeres, tanto en el ámbito físico como en el digital. Durante años, aseguró haber detectado la existencia de estas imágenes falsas, aunque solo recientemente habría identificado a su exmarido como posible responsable.
Por su parte, el acusado niega todas las imputaciones. A través de su abogado, ha calificado las acusaciones de infundadas y ha criticado la cobertura mediática del caso, asegurando que se basa en sospechas no probadas. También ha anunciado acciones legales contra algunos medios que han difundido la historia.

Mientras tanto, la Fiscalía alemana ha reabierto una investigación por presunto acoso, tras haber archivado previamente el caso por falta de pruebas cuando la denuncia se dirigía contra personas desconocidas. Ahora, las pesquisas se centran en determinar si existen indicios suficientes para imputar delitos concretos y, eventualmente, llevar el caso a juicio.
Perfiles falsos
Tal y como la ha contado la propia Collien Fernandes en entrevistas y en el reportaje publicado por Der Spiegel, durante años —ella habla de aproximadamente una década— comenzaron a aparecer en internet perfiles falsos que utilizaban su nombre y su imagen. En esos perfiles se compartían fotografías de contenido sexual que no eran reales. Desde el primer momento Fernandes sabía que esas imágenes no eran suyas, pero no tenía forma de saber quién estaba detrás.
Según explicó la propia Collien Fernandes, en un momento dado un hombre se le acercó y le habló como si ya existiera una relación previa entre ambos. En concreto, le dio a entender que habían mantenido conversaciones de carácter sexual. Para ella, aquello resultó completamente desconcertante, porque no sabía de qué le estaba hablando ni reconocía ningún contacto previo con esa persona.
No se trataba solo de fotos manipuladas, sino de una identidad digital falsa que estaba interactuando con otras personas como si fuera ella.
La actriz sostiene que cientos de hombres habrían recibido ese material manipulado y que, al menos una treintena, llegaron a mantener interacciones virtuales creyendo que se comunicaban con ella. Estas conversaciones, siempre según su testimonio, incluían intercambios de carácter íntimo e incluso el uso de una voz generada mediante inteligencia artificial que imitaba la suya.
Una de cada cinco mujeres sufre violencia digital
Este caso ha movilizado a la sociedad alemana. En los últimos días se han organizado manifestaciones de apoyo a la actriz en varias ciudades, con especial participación en Hamburgo y Berlín. Además, multitud de mujeres destacadas del ámbito político, cultural y empresarial han reclamado medidas más contundentes contra la violencia digital sexualizada.
Según datos de la Oficina Federal de Policía Criminal alemana, una de cada cinco mujeres y uno de cada siete hombres ha sufrido algún tipo de violencia digital en los últimos cinco años, con una incidencia especialmente alta entre los jóvenes.
El avance de herramientas de inteligencia artificial, cada vez más accesibles, ha facilitado la creación de este tipo de contenidos falsificados. Aplicaciones capaces de generar imágenes hiperrealistas circulan libremente, lo que complica aún más el control y la persecución de estos delitos.
Alemania ahora se enfrenta al reto de adaptar su legislación a una nueva realidad tecnológica, en la que la protección de la intimidad y la dignidad personal exige respuestas más ágiles y eficaces.
