Paula se mudó a Suecia en septiembre de 2021. El motivo inicial fue hacer el Trabajo de Fin de Grado. “Estudié Biomedicina en la Universidad de Barcelona y sabía que quería irme a algún sitio a hacer las prácticas”, explica a Artículo14. Desde el principio tenía claro que quería marcharse a un país nórdico.
Solicitó plazas en Dinamarca, Noruega, Finlandia y Suecia. Recibió respuesta positiva de centros en Noruega, Finlandia y finalmente en Suecia, donde decidió quedarse. El factor económico influyó. “De los tres países era el más económico y la beca Erasmus era igual para cualquiera de ellos”. También pesó la ubicación: Lund, la ciudad donde vive actualmente, está a media hora de Copenhague. “Me llamaba mucha atención Copenhague. Las otras las veía como un poco más aisladas de Europa”.
Lo que comenzó como una estancia académica terminó convirtiéndose en un proyecto profesional a largo plazo. Durante el Erasmus tuvo su “primer contacto real con el mundo real de la ciencia fuera de las clases”. Reconoce que durante la carrera había pasado por momentos de desilusión, marcados también por la pandemia. “No sabía qué hacer después y tenía muchas dudas”, afirma.
Nunca se había planteado hacer un doctorado fuera de España. De hecho, dudaba incluso en hacerlo dentro del país. “No amo tanto la ciencia como para dedicarme a ello sin tener un buen sueldo. No iba a sacrificarme tanto por ello”, admite. Sin embargo, en Suecia encontró un modelo distinto. “Aquí no eres un becado, eres un empleado de la universidad. Tienes tus derechos laborales, como un trabajo completamente normal”. Esa diferencia fue decisiva.
Tras terminar el Erasmus, preguntó si podía quedarse en el grupo de investigación. Aunque su supervisora no tenía financiación en ese momento, otra investigadora del mismo laboratorio le ofreció una plaza. “Al final me eligió y yo escogí quedarme”, resume. El doctorado tiene una duración de cuatro años y este año lo finaliza.

Calidad de vida
Más allá del ámbito académico, Paula destaca la calidad de vida en Suecia. Comparando con su vida anterior en Badalona y Barcelona, señala el ritmo. “Lo que más me gustó era la tranquilidad”. Recuerda el transporte diario en Barcelona como “un caos siempre”, con esa “sensación constante de estrés”.
En Lund, en cambio, iba al laboratorio en bicicleta y tardaba cinco minutos. “La calidad de vida de ir al trabajo en bicicleta… son cosas que me llaman mucho la atención”, describe. También subraya la importancia que se da a la vida personal. “Se valora mucho tu vida personal fuera del ámbito laboral”. Aunque reconoce que en el doctorado a veces se hacen horas extra o se trabaja algún fin de semana, insiste en que “no es la norma general como lo que he visto en España”.
“La situación actual no es la idílica”
Cuando llegó en 2021, percibía que encontrar empleo era relativamente sencillo, especialmente en sectores tecnológicos y científicos. “Llegabas y encontrabas trabajo fácilmente”, recuerda. Sin embargo, considera que la situación ha cambiado.
“Actualmente no es un buen momento para buscar trabajo aquí”, sostiene. Señala que el país atraviesa dificultades relacionadas con la inmigración y el aumento de la demanda laboral. “Ahora, si no hablas sueco, tienes muchísimas menos posibilidades”. El idioma se ha convertido en un requisito cada vez más imprescindible.
A ello se suma la inestabilidad económica derivada de decisiones de grandes empresas en la región. “La situación actual no es la idílica”, resume.

Coste de vida
Desde España, muchas personas asocian Suecia con un coste de vida muy elevado. Paula matiza esa percepción. “Siempre piensas que es carísimo vivir allí, pero depende de con qué lo compares”. Comparado con ciudades como Barcelona o Madrid, considera que el alquiler no es desproporcionado. “El piso que tengo aquí nunca lo encontraría en Barcelona por lo que pago”.
Destaca que la vivienda y los servicios básicos están muy regulados. “Las facturas no me parecen descabelladas. Pago como 20 euros al mes por la calefacción”, explica, algo que le sorprendió teniendo en cuenta el clima.
Donde sí nota una gran diferencia es en el ocio. “Ir a tomar unas cervezas o a comer fuera es donde realmente se nota el gasto”. Una cerveza puede costar seis euros y salir varias veces por semana supone un desembolso considerable. “Ahí es donde realmente se nota el gasto”, insiste.
“Es positivo ser español en un país como Suecia”
En el plano personal, Paula asegura que nunca ha vivido un episodio de inseguridad en Suecia. “La primera vez que salí de fiesta y no sentía ni un mínimo de inseguridad fue aquí”, recuerda. Describe el ambiente como muy respetuoso. “No te miran, no intentan nada, son muy respetuosos”.
Reconoce que en el país se habla mucho del aumento de la criminalidad en ciertos contextos, especialmente en ciudades como Malmö. Ella misma percibe diferencias cuando se desplaza allí. “No me noto igual de segura que en Lund”. Sin embargo, insiste en que, en términos generales, su experiencia ha sido positiva.

Paula cree que los suecos tienen buena imagen de los españoles. “Siento que les encantan los españoles”, afirma. Relata que muchos han viajado a España o intentan decir alguna palabra en español. Incluso considera que, en algunos casos, “es positivo ser español en un país como Suecia”.
En cuanto a las diferencias culturales, destaca que los suecos son “muy respetuosos, pero también muy distantes”. Explica que es difícil entrar en su círculo cercano. “Puedes creer que es tu amigo, pero esa persona te considera un compañero de trabajo”. Si un sueco te invita a su cumpleaños, dice, “considérate muy afortunado”.
También señala diferencias en el humor y la comunicación. “Aquí hay que tener mucho cuidado con las bromas”. Considera que en España existe una mayor permisividad en ese sentido. Además, percibe que los suecos evitan el conflicto directo. “Les cuesta mucho ir directos al problema”, lo que a veces genera más confusión.
“Seguro que volveré”
Con el tiempo, Paula ha incorporado hábitos suecos. Cena antes -a veces a las seis de la tarde- y se ha acostumbrado a quitarse los zapatos al entrar en casa. “Ahora es impensable entrar con zapatos más allá del recibidor”, reconoce.
Sobre su futuro, reconoce que su perspectiva ha cambiado. Al principio pensaba quedarse “toda la vida”. Ahora, conforme pasan los años, echa en falta aspectos de España, especialmente el ocio y el ambiente social. “Me veo volviendo en algún momento”, asegura. No a corto plazo, pero sí quizá en un plazo medio.
Valora especialmente las políticas de conciliación familiar en Suecia. “Aquí la baja por maternidad o paternidad está muy bien”. Considera que, si formara una familia, sería una ventaja importante permanecer allí algunos años más. “Seguro que volveré”, concluye.
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