Laura llegó a Corea del Sur hace 26 meses, aunque su relación con el país empezó antes. “A Corea llegué hace dos años, porque conocí a mi marido hace cinco”, explica a Artículo14. Se conocieron online en 2021, cuando ella había empezado a estudiar coreano casi por casualidad. Inicialmente quería aprender japonés, pero no le convenció. “No me gustaba nada”, reconoce. Fue viendo una serie coreana cuando se dio cuenta de que quería entender el idioma original: “Yo veía que los subtítulos no iban como muy acorde con las emociones. Y dije, pues mira, quiero estudiar un idioma difícil, pues voy a probar”.
Eligió coreano frente a otras opciones como alemán o japonés, empezó a estudiarlo y poco después conoció a Min, quien hoy es su marido. En septiembre de 2022 viajó por primera vez a Corea del Sur. Él pasó la Navidad de ese año en Barcelona. Después coincidieron en Reino Unido, donde él estuvo destinado tres semanas, y finalmente, en junio, él le pidió matrimonio. En diciembre, ella se instaló definitivamente en Corea. “Acabo de hacer ahora en diciembre dos años aquí”, resume.
Antes de mudarse, Laura no tenía especial interés por la cultura coreana. “Nunca había escuchado K-pop ni nada de nada”, señala. Ahora sí escucha música coreana, aunque aclara que prefiere grupos de rock o artistas como IU, más cercana a la canción de autor.

“La vivienda es carísima en Corea”
Laura asegura que adaptarse al país no le resultó especialmente difícil. “Yo creo que una de mis virtudes como persona ya es que me adapto a todo”, afirma. Sin embargo, reconoce que el idioma sí supone una barrera al principio. “Tú intentas hablar en coreano. Ellos te contestan en inglés, tú sigues intentando hablar en coreano, pero te siguen contestando en inglés”, admite.
Lo que más le costó no fue la cultura coreana en sí, sino hacer amistades. “Lo difícil es conocer gente extranjera que puedas hacer amistad. Esto es lo que más me ha costado”. Dice que se sintió “muy sola” y que, al principio, abrió su círculo a personas con las que quizá en España no habría conectado. “Prefiero estar sola que no juntarme con gente que igual en España no me juntaría”, concluye.
Sobre la actitud de los coreanos hacia los extranjeros, cree que depende mucho de la persona. En dos años solo ha vivido “dos episodios” en los que percibió rechazo. En general, considera que si uno toma la iniciativa, la respuesta suele ser positiva. Cuenta que en su bloque nadie le decía hola al principio. “Yo empecé a saludar en el ascensor y ahora tengo a mi vecina que me trae panecillos”. Para ella, la actitud es clave: “Yo creo que depende con la actitud y cómo tú quieras hacer las cosas”.

En cuanto al coste de vida, lo compara con España, aunque señala que el gran problema es la vivienda. “La vivienda es carísima”, afirma. No tanto por el alquiler mensual, sino por el sistema de fianzas. “Un piso de una habitación pueden ser 20.000 euros de fianza”, explica. Describe dos modalidades: una en la que se paga una cantidad muy elevada de golpe —“igual son 100.000 euros”— que se devuelve íntegra al final del contrato, y otra más similar a la española, pero con depósitos también muy altos y alquiler mensual adicional.
Considera que, siendo extranjero, puede ser aún más complicado evitar problemas con la devolución de la fianza. Además, si se llega como turista y se alquila a través de plataformas como Airbnb, los precios pueden ser muy elevados para espacios pequeños.
La importancia del coreano
Actualmente no trabaja, ya que está centrada en su hijo. Cree que encontrar empleo sin un buen nivel de coreano es complicado. “Es muy complicado si tú no tienes un buen nivel de coreano”, afirma. Aunque se trate de empresas internacionales, los compañeros, jefes y clientes suelen ser coreanos.
Su nivel de idioma es intermedio-alto. “Ahora mismo hay cinco niveles, yo estoy en el tres y medio casi cuatro”. Puede entender casi todo, pero reconoce que en contextos específicos, como el parto, se sintió vulnerable. “Yo suerte que tenía mi marido porque si no yo allí estaba vulnerable y desamparada”.

“Aquí se va al médico cada semana”
Laura ha vivido su primer embarazo en Corea. Destaca que el seguimiento médico es mucho más frecuente que en España. “En cuanto sabes que estás embarazada empiezas a ir al médico cada semana”, explica. Mientras que en España, según le cuentan amigas, la primera ecografía pública puede llegar en la semana 16, en Corea las revisiones son constantes. “Yo tengo un álbum de fotos y de vídeos de las ecografías desde el mes 1 hasta que nació”.
En el posparto también encontró diferencias. En Corea, tras el nacimiento, solo pudo estar su marido en la habitación. Además, es habitual no presentar al bebé a personas fuera del círculo familiar hasta que pasan 100 días. “Aquí son muy ‘que corra el aire primero’”, resume.
Con su suegra ha vivido pequeños choques culturales, especialmente en el cuidado del bebé. Explica que en Corea es común envolver a los recién nacidos firmemente, “como un burrito”. Su hijo, dice, intentaba sacar las manos. Ella prefiere no ponerle manoplas constantemente, pero reconoce que, en una pareja multicultural, hay que negociar. “No puedo poner todo como lo hacía yo en España”.

La competitividad coreana
Uno de los aspectos que más le llama la atención es el sistema educativo. “Aquí la educación es muy competitiva”, afirma. Mientras que en España se fomenta más el trabajo en equipo, en Corea desde pequeños asisten a múltiples academias. “Los niños de 5 años están más ocupados que yo”, clases de piano, violín, matemáticas, robótica… “Es una barbaridad”.
Le impacta ver a niños de nueve o diez años regresar solos a casa a las nueve de la noche tras salir de academias. “Yo con 10 años a las 9 de la noche yo estaba ya yéndome a dormir casi”, compara.
Sobre la baja natalidad, explica que el Gobierno ofrece ayudas, pero las empresas pueden penalizar indirectamente a quienes se acogen a largas bajas de paternidad. “Puede ser que cuando regreses no te echen, pero te cambian de posición, te bajan el sueldo”. Esto, cree, influye en la decisión de muchas parejas.

“Me siento súper segura”
Laura afirma sentirse “súper segura” en Corea. “Aquí puedes salir a las 3 de la mañana y yo me he sentido segura”. En España, reconoce que a veces iba mirando hacia atrás al volver a casa de noche.
Sobre el machismo, dice que no lo ha vivido personalmente, aunque reconoce que existe en el ámbito laboral y en la expectativa de que muchas mujeres dejen de trabajar tras tener hijos. “Aunque las mujeres también quieren hacer otras cosas en su vida”, señala.
En cuanto a la percepción de los españoles, ha tenido experiencias diversas. Dice que “ser de Europa es como… ‘tener nivel’”. A menudo recibe referencias al fútbol o a la Sagrada Familia. Pero también recuerda una ocasión en la que le dijeron que España era “un país pobre”. “No volví más a esa frutería”, comenta.
Las costumbres coreanas
Laura reconoce que ha adoptado costumbres coreanas, como el kimchi, que al principio “odiaba” y ahora forma parte de su día a día. También valora la facilidad para hacer planes y la oferta constante de actividades en ciudades como Seúl.
De momento, su plan es seguir en Corea, aunque no descarta mudarse en el futuro, quizá por motivos familiares. “Pienso en mi madre, que no lo va a poder ver cada fin de semana”, dice sobre su hijo. Aun así, insiste: “De momento el plan es Corea”.
