Hace unos meses tuvimos un acto en el trabajo bastante interesante. Los expertos invitados hablaban de deterioro cognitivo. He comprobado que a mucha gente le da pavor mencionar este asunto, pero es una epidemia silenciosa y hay tantos casos que conviene informarse.
Durante una de las intervenciones explicaron que ya existe un videojuego para dar con posibles problemas neurológicos. Se llama ‘The Mind Guardian’, emplea la inteligencia artificial y es de Samsung. Esto no es anuncio y desconozco si otras compañías habrán lanzado algo parecido. Lo cierto es que me impresionó muchísimo que se pueda detectar la enfermedad antes de que entre en un estado avanzado e irreversible. La aplicación no ofrece un diagnóstico, pero alerta si hay algún síntoma que requiera atención médica.
Cuando lo contaron pensé que algún día lo probaría para conocer mi estado, aunque me da miedo. ¿Y si fallo las pruebas que me plantean? ¿Estamos preparados para conocer con 55 años un mal resultado? ¿Es preferible vivir en la inopia o afrontar la situación? Ahora también se puede precisar qué pacientes presentan más riesgos con un simple análisis de sangre. La historia es si quiero saber todo esto.
No hay cura para el alzhéimer, pero se pueden ralentizar sus efectos. Por lo general, los tratamientos llegan cuando el daño ya está hecho. De ahí la importancia de pillarlo a tiempo. Así podríamos poner las cosas en orden. Si es lo que nos espera, mejor actuar. Entiendo que haya personas que prefieran vivir sin pensar en ello, pero yo no dejo de darle vueltas. Sobre todo, después del último informe de la Fundación Pascual Maragall. Este lo presentaron hace poco en el Congreso y señala que el alzhéimer representa hoy en España entre el 60% y el 70% de los casos de demencia.
Lo sufren entre 830.000 y 950.000 personas. Y lo peor de todo es que las proyecciones demográficas, ligadas al envejecimiento de la población, apuntan a que en 2050 la cifra podría afectar a cerca de dos millones. Seamos conscientes de que ahora lo vivimos en casa por nuestros familiares, pero llegará el momento en que nos impactará de lleno a nosotros. Ahora somos los hijos del alzhéimer, pero en el futuro nos convertiremos en los protagonistas. Somos los siguientes.
Este estudio trata de hacer comprender que esta enfermedad es una prioridad estratégica del Estado por sus repercusiones en todos los ámbitos. Su coste puede alcanzar los 42.000 euros anuales por persona y hasta 90.000 euros en los casos que requieren cuidados las 24 horas.
No es sostenible. Por eso debemos invertir en el cerebro. Tanto las administraciones como nosotros mismos. Siempre nos dicen que hay que hacer ejercicio y fomentar la actividad social, pero luego nos quedamos en el sofá viendo la tele y el aislamiento es un peligro. Habrá quien quiera desaparecer del mundo voluntariamente, pero lo conveniente es relacionarse con los demás.
Reconozco que a mí este tema me toca la fibra porque siempre he pensado que heredaré el alzhéimer de mi padre. Quiero creer que él no se enteraba de nada de lo que le ocurría. A eso me aferraba, aunque no tengo ni idea de cuáles son los mecanismos.
De hecho, recuerdo una tarde en el hospital en la que me tenía agarrado el dedo gordo con su mano rugosa y repleta de manchas. Lo apretaba con fuerza de vez en cuando para ver si seguía a su lado. Era algo que ya me hacía de pequeña y asocié a nuestro cariño.
Estaba contenta porque pensaba que le estaba infundiendo seguridad y no me apartaba de la cama. Hasta que llegó el médico y me comentó que se trataba de un simple acto reflejo. Me dijo: “Es como un bebé, por eso se agarra de este modo. Es algo que les ocurre. A veces, cierran el puño tanto que se lastiman. Por eso les ponemos una tela entremedias”. Me quedé chafada con la explicación. Me gustaba más la mía. Esa en la que yo magnificaba el gesto, convencida de que era la única forma de mantener el vínculo y decirme que me quería.
