Cuando hay que hacer frente a un fracaso o, cuando hay que explicarlo, lo fácil es echarle la culpa a otro y, lo complicado, asumir que uno mismo ha podido tener parte de responsabilidad en él. Esta forma de actuar se suele dar mucho en los partidos políticos cuando vienen mal dadas. Habitualmente las direcciones de los partidos se escudan en lo mal que han comunicado a los ciudadanos todos sus supuestos logros. Lo que no habíamos visto hasta ahora es que se le echara la culpa a un dirigente fallecido. Es lo que hizo hace unos días el ministro Óscar López al atribuir a Javier Lambán los malos resultados del PSOE en Aragón. La indignación en las filas socialistas de la comunidad fue tal que la propia candidata derrotada, Pilar Alegría, tuvo que salir a defender el legado del expresidente aragonés que murió de cáncer el pasado mes de agosto. Los ministros se dividieron después entre los defensores de unos y de otros: Bolaños y Saiz, a favor de Lambán y, Diana Morán, de Óscar López.
La ignominia de Óscar López se dirigió hacia un muerto, sí, pero es también un aviso a navegantes hacia cualquier dirigente socialista vivo que ose discrepar contra la actual dirección. No lo dice Pedro Sánchez, pero sí uno de los integrantes de su guardia pretoriana que dirige sus ataques subrepticiamente contra Felipe González y contra Emiliano García Page. El presidente de Castilla La Mancha lo resumía muy claramente: “Lo que no puede ser es que termine hundiéndose en la trinchera toda la infantería para que siga existiendo cuartel general”, que es lo que está pasando realmente.
Lo que se está viendo es que los votantes dan la bofetada al Gobierno en la cara de sus candidatos regionales, pero Pedro Sánchez no ha sido capaz de dar una explicación pública o de entonar un mea culpa sobre el fracaso del PSOE en las elecciones extremeñas y aragonesas. A los que piden una reflexión se les contesta diciendo que no hay que comprar los marcos de la derecha, y siempre habrá militantes cafeteros que compren ese discurso, que contra alguien siempre se vive mejor.
El problema de ver bien al enfermo sin examinar de dónde vienen sus dolencias es que, sin un diagnóstico, no podrá buscarse para él cura alguna, y fiarlo todo a que la izquierda debe movilizarse de cara a las generales, parece una receta muy poco fiable vistos los últimos resultados electorales. A no ser, claro, que Sánchez siga fiándose de las encuestas del CIS, que acaban de augurar que, de haber hoy elecciones, el PSOE ganaría por diez puntos al PP (diez puntos es lo que los populares sacaron a los socialistas en Aragón, por ejemplo). Algún día la manipulación de José Félix Tezanos se estudiará en las facultades de sociología.
Otra de las cosas que incluso llaman a la risa, es pensar que el perfil internacional del presidente le va a hacer ganar votos entre el electorado, como si criticar en twitter a Elon Musk pesara más entre los ciudadanos que su dificultad, por ejemplo, para poder acceder a una vivienda, o su indignación por la situación del servicio ferroviario en España. El problema es que, para cuando los socialistas se quieran dar cuenta de eso, será ya demasiado tarde. Y entonces a ver a quién se le puede echar la culpa de lo que ocurra.
