La hemeroteca deja en evidencia la enorme distancia entre María Guardiola y Santiago Abascal. Y prácticamente desde el principio, desde las elecciones de 2023. Los dardos han sido constantes y en ambas direcciones aunque, ahora, la presidenta del PP busca la fórmula para evitar la repetición de las elecciones en Extremadura.
De lejos, Guardiola ha sido la dirigente del PP más criticada por Vox. Las elecciones de 2023 situaron al Partido Popular y al PSOE en un empate técnico, con 28 escaños cada uno, y otorgaron a Vox la llave de la gobernabilidad. Durante semanas, Guardiola resistió las presiones para pactar con la formación de Abascal, a la que llegó a definir como “deshumanizadora”. Aquél calificativo marcó el tono de una relación que no ha llegado a reconducirse.
Finalmente, por indicación de la dirección nacional del PP, se alcanzó un acuerdo que permitió la investidura de Guardiola. Sin embargo, el entendimiento fue frágil desde el primer momento. Las exigencias de Vox -entre ellas la derogación de la ley LGTBI, la eliminación de ayudas a la igualdad y la supresión de subvenciones a sindicatos– fueron consideradas inasumibles por la presidenta extremeña.
La tensión fue en aumento hasta que, tras el fracaso de las negociaciones presupuestarias, se produjo la ruptura definitiva. Guardiola calificó la decisión de Vox de “vergonzosa y lamentable”, acusando al partido de anteponer “intereses partidistas” al bien de Extremadura
El enfrentamiento, posteriormente, se trasladó al terreno personal. En plena campaña electoral de diciembre de 2025, Abascal acusó a Guardiola de carecer de “principios similares a Vox” y de no tener “cintura suficiente” para negociar. Incluso deslizó la posibilidad de que el PP tuviera que cambiar de candidato si ella “se empecinaba”. La respuesta de la dirigente popular fue contundente: calificó las palabras del líder de Vox como impregnadas de un “tufo machista” y rechazó “pasar por el aro” de las condiciones que este pretendía imponer.
La expresión “pasar por el aro” se convirtió en símbolo del pulso entre ambos. Abascal la utilizó reiteradamente para advertir de que, si el PP necesitaba los votos de Vox, tendría que aceptar todas sus condiciones. Desde el punto de vista de Vox, la convocatoria electoral respondía a un “capricho” de Guardiola por negarse a asumir sus exigencias. Desde la posición del PP, se trataba de evitar un “bloqueo” institucional que hacía imposible la gobernabilidad.
El tono fue escalando. Abascal acusó a la presidenta de aplicar “políticas socialistas” y, en el contexto de la campaña, elevó aún más la retórica al referirse a ella como “en modo feminazi”.
Por su parte, la presidenta en funciones de la Junta de Extremadura insistió en que solo se debía “al interés de Extremadura” y cuestionó el conocimiento real que Abascal tenía de la región. Llegó a ironizar sobre la intensidad de su presencia en campaña, sugiriendo que, tras el 22 de diciembre, no volvería a vérsele por tierras extremeñas. Las alusiones evidenciaban que el desencuentro trascendía lo programático y adquiría un cariz personal.
Tras el resultado de las elecciones, Guardiola se vio en la obligación de negociar con Vox a pesar de su incontestable victoria electoral. Pero los reproches se han sucedido sin avances significativos en esos contactos, por ahora bloqueados.
En búsqueda de desbloquear las negociaciones, Guardiola afirmó este lunes en una entrevista en OkDiario que “en ningún caso me avergüenzo de pactar con Vox, lo que quiero es poder trabajar de su mano y que sea un motor que impulse ese cambio”. Un giro evidente en un intento de acercar posturas con Abascal.
María Guardiola: «Quiero que Vox sea mi socio de gobierno, nos unen muchas más cosas de las que nos separan»
🔗 Entrevista a la presidenta @MGuardiolaM en @okdiario pic.twitter.com/AzAU8fDfb8
— Partido Popular de Extremadura (@ppextremadura) February 16, 2026
El portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, señaló que era “un avance” que Guardiola pareciera estar “en sintonía” con el partido, aunque advirtió de que si volvía “la de antes, por ahí vamos mal”.
