El alquiler joven en España ha entrado en una fase casi terminal. No es una forma de hablar: según un informe reciente de Eurofound, en las ciudades españolas solo el 1,2% de los pisos anunciados puede considerarse asequible para las personas jóvenes.
La comparación con Europa es demoledora. En Francia la proporción sube al 19,9% y en Alemania al 29,2%. El problema de la vivienda afecta a todo el continente, sí, pero el punto de partida no es el mismo. Y en España la foto es especialmente dura para quienes están intentando emanciparse con su primer salario o con contratos aún inestables.
Eurofound describe a los jóvenes como un colectivo “especialmente vulnerable” ante la crisis habitacional. La razón es doble y conocida:
- Ingresos más bajos
- Mayor exposición a la precariedad laboral, con cambios de ciudad por estudios o trabajo
En ese contexto, el alquiler joven en España funciona como un filtro social. Si el mercado ofrece tan pocas opciones por debajo de un umbral razonable, la emancipación deja de ser una decisión y se convierte en una lotería.
Qué significa que un alquiler sea “asequible”
El informe utiliza una definición práctica para medir el alquiler joven en España: se consideran asequibles las viviendas cuyo precio no supera un tercio del salario medio de las personas de entre 18 y 39 años. Es un criterio habitual porque marca un límite a partir del cual el alquiler empieza a comerse el resto de la vida: comida, transporte, suministros, imprevistos, ahorro. En la práctica, no se trata solo de pagar un techo, sino de no quedar atrapado en él.

Con esa regla, la mayoría de países europeos se mueve entre el 0% y el 15% de viviendas accesibles para jóvenes en ciudades. Pero hay dos extremos. Por un lado, economías como Francia o Alemania, donde el porcentaje es mucho más alto. Por otro, países donde el alquiler asequible es casi inexistente:
- Croacia
- Chipre
- Grecia
- Hungría
- Letonia
- Portugal
- Eslovaquia
Todos estos países aparecen en la franja de menos del 0,5%. España, con ese 1,2%, se sitúa muy cerca del desierto.
Por qué España ofrece tan poco alquiler joven
Eurofound apunta a una relación de fondo: los países con un mercado de alquiler más amplio tienden a mostrar una mayor proporción de viviendas asequibles para adultos jóvenes. Donde la cultura dominante es la propiedad, el alquiler suele ser más escaso y más caro.
En España, según el informe, el 65% de la población vive en vivienda en propiedad frente a un 35% de inquilinos. Es un reparto parecido al de Italia o Portugal. Alemania, en cambio, es el país con mayor proporción de inquilinos: 69%.
Esa estructura importa porque condiciona todo el ecosistema. Si hay poca oferta de alquiler, cada piso disponible se convierte en una subasta silenciosa. Y el alquiler joven en España pierde la batalla frente a otros perfiles con más ingresos o más capacidad de asumir precios altos. No es solo que los jóvenes ganen menos: es que compiten en un mercado estrecho, donde el margen para encontrar algo dentro del tercio de salario es mínimo.
El informe añade además un matiz relevante: la medición se hace a partir de anuncios online y eso puede influir en algunos mercados donde parte de la oferta no pasa por internet. Aun así, Eurofound da por constatada la falta de vivienda asequible y señala otro factor que agrava el escenario: la escasez de viviendas sociales y subvencionadas, que empuja a más gente al mercado privado, a menudo inasumible.
Cuando el alquiler se come el sueldo
El impacto real del alquiler joven en España se entiende mejor cuando se mira el esfuerzo. Eurofound sostiene que en muchas zonas de España —y también de Portugal, Polonia, Irlanda o Bulgaria— se necesita más del 80% del salario medio de una persona joven para alquilar un piso. Y en zonas costeras de la península Ibérica, la proporción llega a superar el 100%. Dicho de forma simple: hay lugares donde, con el salario medio joven, ni siquiera es posible alquilar en solitario.

El informe vincula este fenómeno con áreas turísticas populares, donde el alquiler residencial compite con el alquiler a corto plazo y con las segundas residencias. El resultado es un mercado tensionado, especialmente en ciudades y zonas costeras, donde la demanda no deja de empujar mientras la oferta no crece al mismo ritmo. Aunque la crisis es predominantemente urbana, el análisis también apunta a zonas rurales —en España o Francia— donde la escasez de pisos hace que la alternativa sea quedarse en casa familiar o comprar.
