En La Habana, la vida diaria es cada vez más dura. La escasez de combustible, las nuevas sanciones estadounidenses o la debilidad de una economía desgastada desde hace ya años está provocando apagones generalizados, vuelos cancelados, racionamiento de energía y una economía inmersa en una crisis hasta ahora sin precedentes.
Para los cubanos que dejaron la isla hace años, lo que está ocurriendo no es algo que les sorprenda por completo. “Cuba para mí es casa, es aprendizaje, amigos, es mi sangre…”, recuerda Odette Rodríguez, de 49 años, que vive en España desde hace 26.
Conexión con Cuba
Odette dejó la isla con tan sólo 23 años por amor, pero sigue conectada a la realidad de su país de origen, y su testimonio dibuja un puente entre lo que fue y lo que hoy se vive bajo una presión económica que amenaza con colapsar los servicios básicos.

“No me dejaban salir por la noche hasta que no volvía la luz…”, cuenta Odette al recordar la Cuba que dejó en los años noventa, todavía con Fidel Castro en el poder y cuando los apagones eran ya habituales. “La verdad es que siempre hubo escasez, siempre faltaba algo…”. Para ella, los problemas actuales no han surgido de la nada, sino que son una versión agravada de carencias que se han prolongado durante décadas.
La dependencia de Cuba de Venezuela
La situación no ha mejorado tras la intervención estadounidense en Venezuela el 3 de enero de 2026. La captura de Nicolás Maduro y su detención no sólo han servido para intentar que Venezuela transicione a una democracia sino para que Trump corte de raíz las importaciones de petróleo que entran en La Habana. Hasta ahora, Cuba dependía en gran medida del crudo venezolano, un suministro interrumpido por sanciones y bloqueos de Estados Unidos, que pone bajo el punto de mira también al gobierno de Díaz-Canel.
“La situación en Cuba siempre ha sido así”, insiste Odette, en conversación con Artículo14. “Si no tienes ayuda de familiares en el exterior o un negocio allí que vaya bien, es extenuante que falten tantas cosas”.

Energía, transporte y vida cotidiana en La Habana
El actual bloqueo energético ha provocado que Cuba no pueda suministrar combustible ni siquiera para aviones, llevando a aerolíneas a cancelar vuelos y ahogando completamente al turismo, una de las principales fuentes de ingresos para la economía cubana.
Mientras tanto, la moneda local (el peso cubano) se ha desplomado todavía más frente al dólar , deteriorando aún más el poder adquisitivo de la población. Y precisamente de esto, también se acuerda Odette: “Recuerdo cuando era adolescente como mi madre en el baño ponía papel de periódico cortado porque no había papel higiénico. Para desayunar a veces tomábamos agua con azúcar porque era lo que había…”.
El transporte siempre fue un desafío incluso cuando ella estudiaba. Odette iba a la Universidad haciendo autostop y recuerda cómo muchas familias dependían de ayudas externas o de la economía sumergida para sobrevivir. “Hay muchas familias con necesidades. Eso es innegable. Hay mucho cansancio, muchos años de faltas”, denuncia.

Más allá de la energía
Aunque la crisis actual tiene un componente energético claro, la situación en la isla es más amplia. La economía cubana ya arrastraba problemas estructurales, desde sistemas eléctricos obsoletos y apagones recurrentes, hasta un declive del turismo y restricciones en sectores productivos que han debilitado la base económica del país. Corren como la pólvora vídeos en redes sociales de edificios completamente destrozados, carreteras sin asfaltar y barrios sin luz durante días.
A pesar de las carencias, Odette recuerda una Cuba que no siempre fue trágica. “En ningún caso mi realidad en Cuba fue triste. Siempre que voy, a pesar de las necesidades, respiro un pueblo culto, divertido y muy preparado”, dice, recordando con cariño a su pueblo.
Para ella, la emigración ha sido una vía para ayudar a la familia: “De ahí que viajar o irse a buscar fortuna haya sido siempre una de las vías principales para cualquier cubano”.
Aun así, reconoce que la situación es ahora más crítica: la combinación de sanciones, pérdida de suministro petrolero y fragilidad económica ha colocado a Cuba en una situación límite que expertos en política internacional definen como la más profunda en décadas. “Claro que me gustaría que fuera diferente, que nadie sufriera y que las cosas se arreglaran”, termina diciendo Odette con más resignación que ilusión.
