Unos 150.000 médicos del sistema público están llamados a secundar una huelga nacional desde el 16 de febrero contra el nuevo Estatuto Marco del Ministerio de Sanidad. Las movilizaciones arrancan este sábado con una concentración en Madrid convocada por los sindicatos médicos. “Si no nos escuchan, que nos oigan en la calle”, ha escrito la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) en sus redes sociales.
No es un estadillo puntual, sino la continuidad de una amplia discusión sobre cómo se organiza el sistema sanitario público en España. La convocatoria de diciembre de 2025, impulsada, igual que ahora, por CESM, el Sindicato Médico Andaluz (SMA), Metges de Catalunya (MC), Amyts, el Sindicato Médico de Euskadi (SME) y O’MEGA, consiguió una adhesión superior al 80%, aunque varias consejerías autonómicas bajaron el porcentaje al 30%, al calcularlo sobre el total de plantilla y aplicar servicios mínimos.
El detonante: la reforma del Estatuto Marco
El conflicto gira en torno al borrador de reforma del Estatuto Marco, la norma que regula las condiciones laborales de casi un millón de empleados públicos sanitarios y que sustituye a un texto con más de 20 años de vigencia. Los sindicatos médicos rechazan el acuerdo alcanzado por el Ministerio de Sanidad con las organizaciones mayoritarias del sector y reclaman un estatuto propio. Argumentan que su formación de seis años de grado, un examen MIR altamente competitivo y 4 o 5 años de especialización hospitalaria, supone al menos diez u once años de trayectoria antes de ejercer como especialista con responsabilidad directa sobre diagnóstico y tratamiento. Esta exigencia no queda reflejada en su actual encuadre en el grupo A1, compartido con otras titulaciones superiores, por lo que proponen una categoría diferenciada (A1+).

La jornada máxima legal de los sanitarios es de 48 horas semanales de promedio en cómputo cuatrimestral, conforme a la directiva europea. Sin embargo, los sindicatos denuncian que en la práctica muchos profesionales superan ese límite por problemas organizativos, con semanas que pueden alcanzar las 68 o incluso 75 horas sumando jornada ordinaria y actividad extraordinaria.
Las guardias, el punto mas sensible
Tradicionalmente son de 24 horas consecutivas (7 horas de jornada ordinaria más 17 adicionales). Aunque el borrador ministerial fija un máximo de 17 horas continuadas con descansos obligatorios antes y después, que no generarían “deuda horaria”, permite excepciones por razones organizativas o asistenciales con consentimiento escrito del profesional. Los sindicatos consideran que ese margen convierte el límite en papel mojado y exigen que las guardias dejen de ser obligatorias. Además, a partir de los 55 años suele permitirse dejar de hacer guardias, pero eso implica pérdida retributiva. Por otra parte, las horas de guardia no computan íntegramente para la jubilación.
Reclaman una jornada ordinaria de 35 horas en horario de mañana y que cualquier exceso sea voluntario y remunerado al menos al precio de la hora ordinaria. Critican la posibilidad de añadir hasta 150 horas adicionales anuales, que, a su juicio, facilita rebasar de forma sistemática el límite semanal.
En territorios concretos la presión es especialmente visible. Es el caso de Ibiza, donde denuncian cupos superiores a 2.200 tarjetas sanitarias por profesional, combinados con semanas que pueden superar las 68 horas de actividad.
Diferencias territoriales
Las guardias no se consideran técnicamente horas extra y su pago varía según comunidad autónoma. Desde 22,9 euros por hora en día laborable en Canarias hasta 35,89 euros en Cataluña, según datos recopilados por el SMA. Los sindicatos piden que la hora de guardia nunca se remunere por debajo de la ordinaria y que cotice para la jubilación.
Los sindicatos denuncian, además, pérdida de poder adquisitivo acumulada, diferencias retributivas entre comunidades y condiciones más atractivas en otros países europeos, factores que alimentan la fuga de profesionales y dificultan cubrir plazas en zonas rurales o especialidades concretas.
El 93,9% de los jóvenes sufren burnout
La jubilación médica se rige por el régimen general, con posibilidad de prolongar voluntariamente la actividad hasta los 70 años. Los sindicatos solicitan la incorporación de mecanismos de jubilación anticipada, equiparables a los de profesiones consideradas de especial penosidad.

El argumento del desgaste se apoya en datos crecientes sobre salud mental. La Organización Médica Colegial (OMC) presentó a finales de 2025 en el Senado los resultados del estudio Ikerburn, realizado sobre más de 1.400 médicos jóvenes. El 93,9% sufre síntomas compatibles con desgaste profesional. Más del 50%, burnout completo; el 79%, agotamiento emocional; el 84% despersonalización; el 63%, baja realización personal; el 85%, disminución de la libido asociada al desgaste; dos de cada tres, insomnio y el 38% recurre a ansiolíticos o alcohol. Y un dato más: uno de cada cuatro que ha necesitado baja laboral por causas relacionadas con el burnout. El riesgo es un 24 % mayor en mujeres.
Metaanálisis con datos de 16.000 médicos sitúan la prevalencia de burnout en torno a uno de cada cuatro, y estudios previos en Cataluña hablaban de un 33% con los tres síntomas clásicos, un 51% con dos y un 70% con al menos uno. Entre residentes, aproximadamente la mitad presenta señales de agotamiento, especialmente en urgencias y especialidades quirúrgicas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se pierden 12.000 millones de días de trabajo en el mundo por depresión y ansiedad, con un coste cercano a un billón de euros para la economía global. La profesión médica es una de las más afectadas. Tras la pandemia, las consultas psicológicas entre sanitarios se han triplicado.
Seguridad del paciente y fatiga
El alcance del problema no se limita al bienestar profesional. En un estudio de la Universidad de Stanford con 6.990 médicos, uno de cada diez reconoció haber cometido en los tres meses previos al menos un error clínico relacionado con el agotamiento. En España, se estima que alrededor del 10 % de los pacientes hospitalizados sufre algún evento adverso relacionado con la atención sanitaria, y aproximadamente el 50 % de estos podría evitarse con prácticas más seguras.
Otra investigación con participación de la Universidad de Granada mostró que tras 24 horas de guardia disminuye la velocidad de los movimientos sacádicos oculares, un marcador objetivo de fatiga. Sin embargo, en las pruebas simuladas de laparoscopia, después de la guardia, la ejecución no se vio perjudicada de manera significativa por el cansancio. “Es decir, afortunadamente para los pacientes, el tiempo previo de trabajo no tuvo un impacto negativo sobre la práctica quirúrgica. Esto apoya la hipótesis de que el cansancio de los profesionales de la salud no es la fuente única de los errores médicos”.
Las movilizaciones se producen en un momento de listas de espera prolongadas, déficit de profesionales en determinadas áreas, envejecimiento de la población y sobrecarga acumulada. Lo que está en juego es, por tanto, la salud del paciente.
