Celia tiene 23 años, es maestra formada en la Universidad de Oviedo y desde octubre vive en Utah (Estados Unidos), donde trabaja como auxiliar de conversación en un colegio dentro del programa del Ministerio de Educación español. Llegó allí sin haberlo planeado como destino concreto y con muchas dudas.
Su historia en Estados Unidos empezó un año antes, durante en 2023, cuando se marchó a Florida. “Hice como una especie de Erasmus y me fui a estudiar a una universidad de Orlando”, explica. No fue una decisión vocacional por Florida, sino práctica: “Era la única que tenía convenio con mi universidad y era la única que tenía pagado, además de la matrícula, el alojamiento y las comidas”. Allí conoció a su actual pareja, lo que terminó influyendo en su decisión de intentar regresar al país tras graduarse.
Tras aquella etapa en Florida, Celia intentó quedarse en Estados Unidos, pero no fue posible. “Era bastante difícil que te dieran un visado de trabajo, sobre todo recién salida de la universidad”, explica. Regresó a España, trabajó durante un tiempo y este año decidió presentarse a la convocatoria de auxiliares de conversación en el extranjero del Ministerio de Educación.
Pidió plaza sin saber destino. Su pareja seguía estudiando en Orlando, así que su intención era “que me mandaran los más cerca posible, para poder verlo más”. Sin embargo, el destino asignado fue Utah.

El cambio no fue sencillo de asumir. “Cuando me dijeron que me iba a ir a Utah, yo no sabía ni dónde estaba en el mapa, no quería venir, estaba lejísimos, son seis horas de vuelo a Florida”, recuerda. Aun así, decidió aceptar: “Me vine un poco a la aventura”.
Actualmente trabaja como auxiliar en un colegio. Tiene un horario reducido -de martes a jueves- y eso le permite disponer de bastante tiempo libre. “Tengo un montón de tiempo libre, tengo tiempo para viajar”, afirma. Vive con una familia de acogida mormona, algo habitual en este tipo de programas en ese estado.
“Se ofenden muy fácilmente”
En el ámbito escolar, Celia percibe diferencias claras con España. Sobre el comportamiento del alumnado, destaca que muchos niños son especialmente formales. “El niño que está bien educado, los educan como para ser muy caballerosos, de ‘yo te ayudo’, de decirte ‘sí, señorita’, de abrirte la puerta”, explica. Aun así, aclara que también hay casos problemáticos, igual que en España.
Lo que más le llama la atención es la sensibilidad. “Aquí son muy sensibles, como que no se pueden decir un montón de cosas, cualquier cosa les afecta, siempre tienes que tener cuidado con las palabras, porque se ofenden muy fácilmente”, afirma.
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Uno de los mayores choques culturales que vivió fue el de los simulacros de tiroteos en los colegios. Lo experimentó por primera vez durante su estancia en Florida. “Yo me acuerdo que un día estaba dando un clase y sonó la alarma de simulacro. Entonces tú ves a los niños correr a una esquina de la clase, agachados, agarrándose la cabeza, la profesora apagando las luces, bloqueando la puerta”, relata.
Le sorprendió especialmente la reacción del alumnado. “Lo tienen muy normalizado desde pequeños”, asegura. Incluso en los cursos más bajos, dice, “lo tienen muy internalizado”. Algunos se asustan, pero “cumplen todas las órdenes, hacen todo lo que tienen que hacer y lo tienen muy serio”. Ella misma reconoce: “Yo flipé con la disciplina que tenían en ese momento”.

“Esto es un país para gente rica”
En cuanto a la seguridad fuera del colegio, su percepción es ambivalente. “Yo aquí me siento muy segura”, afirma. Vive en una zona que considera tranquila y no ha tenido ningún incidente. Sin embargo, la vida urbana es muy distinta a la española. “Aquí por la calle como que no hay gente. Todo el mundo se mueve en coche. Así sea al negocio de la esquina van todos en coche”, explica.
Ella no tiene vehículo, por lo que se desplaza caminando. “Para ir al gimnasio, todos los días camino 40-45 minutos (…) y nunca hay nadie por la calle”. Esa ausencia de personas le genera una doble sensación: “Por una parte, bien, porque te sientes segura; pero a veces dices, es que si pasa cualquier cosa, aquí no hay nadie”.
Desde el punto de vista económico, su situación es particular. Como auxiliar cobra 1.000 dólares al mes, pero el programa le proporciona alojamiento y comida a través de la familia de acogida. “No tengo ni que pagar alquiler ni que comprar comida”, explica. Aun así, considera que la vida en Estados Unidos es cara. “Tienes que destinar parte al seguro médico, el tener un coche, el seguro del coche es mucho más caro que en España”, señala.
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Cree que el país ofrece grandes oportunidades económicas a quienes tienen buenos salarios. “Yo siempre digo que esto es un país para gente rica, porque aquí si tienes dinero vives muy bien, pero si no, estás un poquito limitado”, afirma.
Como mujer y extranjera, asegura sentirse bien acogida, aunque es consciente de su posición. “Yo también tengo un privilegio porque al ser española soy europea, sé que hay muchísimo racismo contra la gente de Latinoamérica”, reflexiona. En su caso, dice que la reacción suele ser positiva. “Me siento muy acogida porque te ven exótica en plan ‘ay, esta chica de España, qué mona’”.
Reconoce, eso sí, que en el aeropuerto se pone nerviosa cuando viaja con pasaporte español. “Las únicas veces en las que lo paso un poquito mal, es en el aeropuerto cuando tengo que volar”.

“Ya va siendo hora de que te cases”
La convivencia con una familia mormona le ha permitido conocer de cerca esa comunidad mayoritaria en Utah. Destaca el fuerte sentido de ayuda vecinal. “Si a alguien le pasa algo y está en el hospital (…) se ofrecen de ‘yo te saco a pasear al perro’ o ‘yo te quito la nieve del porche’”, explica. También subraya que al ser en su mayoría mormones donan “el 10% de todos sus ingresos a la iglesia”.
En el plano social, percibe normas no escritas sobre la vestimenta y el comportamiento femenino en una zona tan religiosa. “Yo siento que tengo que vestir muy tapada todo el rato”, admite. Le sorprende, por ejemplo, la reacción ante el topless en España. Cuenta que, cuando su familia visitó el país, “se tenían que mover a otro lado de la playa, o les tapaban los ojos a los niños”.
En cuanto a la política, describe un ambiente claramente conservador en su entorno. “Ellos quieren creer mucho en lo que ya creen”, resume. Además, considera que expresar ciertas posiciones políticas contrarias a las republicanas podría tener consecuencias sociales. “Estaría mal visto. Yo creo que sí tendría repercusiones sociales, pero no sé hasta qué punto”, señala.
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Respecto a la situación de las mujeres, afirma sentirse respetada, pero dentro de un marco tradicional. “Ya va siendo hora de que te cases”, le dicen con frecuencia. Ella comparte parte de esa visión —“yo me quiero casar joven, yo quiero ser madre joven”—, pero reconoce que para mujeres con otros proyectos vitales podría ser diferente. “Si no eres tan tradicional (…) estaría un poco mal visto”, afirma.
Su estancia en Utah termina en mayo. Inicialmente pensaba intentar quedarse en Estados Unidos si encontraba un colegio que le patrocinara el visado. Ahora duda más. “Echo mucho de menos las cosas más simples, el poder ir a tomarme una terraza con mis amigos”, confiesa. También echa en falta una mayor espontaneidad en el lenguaje y en las relaciones sociales. “El no ser políticamente correcta todo el tiempo”, resume.
Aunque reconoce las oportunidades económicas del país, no tiene claro que compensen. “Yo creo que en España se vive muy bien”, concluye.
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