Española en...

Mariona, española en Atlanta: “Hay muchísimo trabajo en Estados Unidos”

Mariona, de 25 años, lleva dos años como au pair en Estados Unidos. "Me pidieron que nunca sintiese que esto era un trabajo, sino un intercambio cultural", recuerda a Artículo14

Con 25 años, Mariona vive desde hace dos en Atlanta, en el sureste de Estados Unidos. Llegó con 23, desde Cataluña, con la idea de mejorar su inglés y vivir una experiencia distinta.

Llegó al país a través del programa de Au Pair. En teoría, solo iba a ser un año. En la práctica, la experiencia cambió completamente sus planes. “Conocí a mi actual host family y son una segunda familia. Literalmente, ahora mismo siento que tengo dos padres, dos madres y dos hermanos más”. De hecho asegura: “No me hicieron sentir una trabajadora en estos dos años que he estado con ellos”.

@marionsfalomi

¿Qué prefieres un cine en casa o una habitación extra?🫵🏼🎞️ #vivirenusa #cineencasa #americandream #americanhouse #hostfamily

♬ original sound – Mariona Falomi Silla

La  importancia de los padres de la familia como au pair

Su experiencia como Au Pair ha sido especialmente positiva, algo que ella misma reconoce que no es lo habitual. “Considero que es una muy buena experiencia, depende de la familia. Y ya no de los niños, sino de los padres”. Según explica, solo una minoría vive algo parecido a lo suyo: “Podría poner la mano en el fuego que solo un 10% de las au pairs tenemos esta experiencia”. Muchas de sus amigas han tenido que cambiar de familia: “De las 20 que somos, podría decir que cuatro nos hemos quedado los dos años con la familia”.

En su caso, el papel que desempeñaba iba más allá del cuidado diario. “Mi trabajo consistía básicamente en ser el ejemplo de los niños, que es lo que querían los padres”. Desde el primer momento le insistieron en que no lo viera como un empleo: “Siempre me pidieron que nunca sintiese que esto era un trabajo, que era un intercambio cultural”. Esa confianza se traducía también en responsabilidad: cuando los padres, ambos pilotos, volaban de noche, Mariona se quedaba a cargo de los niños. “A veces solo trabajaba durmiendo, pero alguien tenía que estar en casa”.

“Trabajo en Estados Unidos hay muchísimo”

La educación de los niños es uno de los aspectos que más le ha llamado la atención. Al ir a un colegio privado, Mariona percibe grandes diferencias con el sistema español. “Aquí no se aprende estudiando, sino que se aprende más practicando, jugando”. Destaca el poco peso de los deberes y la importancia del deporte y del tiempo libre. También observa contrastes muy marcados entre familias: desde niños “súper mal educados” hasta otros extremadamente formales. En su casa, cuenta entre risas, tuvo que pedirles que dejaran de llamarla “señora”: “Tenía 23 años, por favor”.

Más allá del ámbito familiar, Mariona describe un país con muchas oportunidades laborales, siempre que se tenga la documentación adecuada. “Trabajo en Estados Unidos hay muchísimo”, afirma, aunque puntualiza que “si no tienes una green card o una visa de trabajo, no puedes trabajar”. Lo que más le sorprende es el nivel salarial: “Una persona que es manager en un restaurante o un mesero gana más de lo que pueden ganar mis padres en dos meses en España juntos”. Para ella, el sistema funciona como un círculo constante de servicios: “Todo genera dinero, por lo tanto, en todo gastas dinero”.

En cuanto a la vivienda, considera que ciudades como Atlanta ofrecen buenas condiciones. “Un piso por 1.500 dólares, de una habitación, parking incluido, piscina, gimnasio, 24 horas de recepción… viviendo muy tranquilo”. Reconoce, eso sí, que lugares como Nueva York o Los Ángeles “están desorbitados”, en una situación que compara con Madrid.

“No tengo ni un amigo estadounidense”

A nivel social, su círculo es mayoritariamente hispano. “Llevo dos años en Estados Unidos y no tengo ni un amigo estadounidense”. Sus amistades proceden sobre todo de Latinoamérica y de España, algo que ve como normal: “Al final, el americano se junta mucho con el americano, el colombiano con el colombiano”.

Cuando habla de seguridad, su visión es matizada. “Nunca en la vida he pasado miedo en Estados Unidos”, explica, en parte porque la vida cotidiana se hace en coche. Sin embargo, reconoce el impacto que le supuso ver armas por primera vez, como en un Chick-fil-A de Georgia. También le sorprendió la normalización de simulacros de tiroteos en los colegios, algo que describe como “impactante” desde una perspectiva europea.

De cara al futuro, Mariona lo tiene claro: “Si me lo permiten,  me encantaría quedarme”. Considera que Estados Unidos le ofrece muchas más oportunidades profesionales y económicas que España, aunque no descarta volver.