En primera persona

“En Irán, si eres mujer no puedes protestar libremente pero tampoco morir con normalidad”

Shakiba Sajjadi, mujer iraní afincada en España, confía en que haya un cambio real en su país y explica lo que significa ser mujer en Irán: "Nuestros derechos nunca han sido una prioridad"

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Shakiba Sajjadi, iraní afincada en España
Cedida

Shakiba Sajjadi (28 años, Asadabad) vive en Madrid desde 2018. Antes de marcar su teléfono, guardo su contacto y amplío su foto de perfil. Es un plano general, con lo que parece un jardín de fondo. Viste con una falda rosa que le llega a la altura de las pantorrillas -hoy visibles-, un cárdigan del mismo color con flores bordadas en las mangas y unas botas negras.

Mira a la cámara de perfil mientras finge una zancada y no sabría decir si sonríe o no. Aunque si tuviera que elegir, diría que sí. Con su mano izquierda se agarra la melena. Es larga, negra y algo ondulada. Lleva lo que parece un flequillo recogido a ambos lados y el resto del pelo, suelto, le llega a la altura del pecho. Lo sabemos porque desde hace 8 años, Shakiba no está obligada a llevar velo.

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La iraní Shakiba Sajjadi
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Lo que para muchas mujeres occidentales es habitual, para Shakiba significa mucho más. Vestirse de estos colores, enseñar las piernas y llevar el pelo suelto no son más que las consecuencias (sólo las más visibles) de haber abandonado un régimen -el de los ayatolás- que obliga por ley a todas las mujeres a cubrirse el cuerpo y usar hiyab. Su incumplimiento puede acarrear desde multas hasta detenciones y torturas.

La huida de Shakiba

Shakiba huyó con su marido tras los problemas que tenían “continuamente” con la represora guardia iraní. “No encajábamos en las normas”, reconoce orgullosa en conversación con Artículo14.

La palabra que le da más miedo es “religión”. Es lo que tiene haber vivido en un régimen que utiliza la fe y el fundamentalismo para reprimir y amordazar a su población desde que, en 1978, la revolución islámica terminara con los ayatolás dirigiendo el país. “En Irán utilizan la religión para atarte y controlarte”, explica nada más coger el teléfono a este periódico.

Miles de mujeres rezan en la mezquita Mosala en rememoración al difunto líder supremo de Irán Alí Jameneí.
EFE/Jaime León

Shakiba es mujer, iraní y madre. “Ahora le veo con tanta libertad… Puede elegir si cree en algo o no”, dice, refiriéndose a su hijo. Fue el, o mejor dicho, el deseo de querer tenerle antes de que llegara, lo que le empujó a tomar la decisión junto a su marido. “Irán no es un lugar para formar una familia. Teníamos claro que nuestro hijo no podía vivir la vida que habíamos vivido nosotros”.

Así que hicieron las maletas y después de hacer escala en Alemania, aterrizaron en España. “No fue nada fácil empezar desde cero y aprender un idioma completamente nuevo”, explica en un español perfectamente fluido. Desde aquí, atiende a los medios siempre que puede repitiendo el mismo mensaje: “Siento lo que muchas iraníes sienten ahora mismo, el deseo de que haya un cambio real en mi país”.

El opresivo régimen de los ayatolás

Desde hace 47 años los ayatolás controlan y dirigen Irán. La muerte del líder supremo, Alí Jamenei, a causa de la ofensiva estadounidense sobre Teherán, ha abierto para muchos una ventana de oportunidad. “Es verdad que dentro del sistema hay otras figuras que podrían intentar ocupar su lugar, pero también creo que la sociedad iraní ha cambiado mucho. Hay un cansancio muy profundo”, explica.

Mujeres iraníes con velo caminan junto a un mural antiestadounidense
EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Ali Jamenei nunca viajó fuera del país. Tampoco concedió ninguna entrevista a ningún medio de comunicación, ni nacional ni extranjero. Sus multitudinarios sermones, seguidos desde la Musalla de Teherán y retransmitidos por la televisión estatal, son casi las únicas palabras directas (y sin preguntas) que reciben del líder los más de 90 millones de iraníes.

Ser mujer en Irán

El régimen tomó las riendas de Irán hace ya casi 50 años. Desde entonces, el represivo y hermético sistema de los ayatolás ha parecido intocable. Pero como siempre en estos casos, las consecuencias, aunque sufridas por toda la población, han sido especialmente duras para las más de 45 millones de mujeres iraníes despojadas de derechos y libertades.

“En Irán los derechos de las mujeres nunca han sido una prioridad”, reconoce Shakiba. “En Irán, ser mujer significa que no puedes protestar libremente pero tampoco morir con normalidad”.

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Una manifestante participa en una protesta en apoyo a los iraníes
EFE/EPA/MOHAMMED BADRA

Lo que explica Shakiba no es exageración sino literalidad. En Irán, la vida de ellas vale, literalmente, la mitad que la de ellos. Así lo establece la Sharia, el código de derecho islámico que regula las leyes, la moral y hasta la conducta de los ciudadanos de la república islámica. En el país persa, morirse en un accidente de tráfico, por ejemplo, es más barato siendo mujer.

Shakiba espera que la guerra acabe pronto y que haya un cambio, aunque “lento y pausado”. El nuevo sucesor de los ayatolás no le acaba de reconfortar. “La población iraní está muy herida después de tantos años bajo la República Islámica. Me da miedo que esas heridas se utilicen para justificar nuevos abusos de poder”, explica.

“Por eso creo que el futuro de Irán deberá construirse con mucho cuidado”, termina diciendo. “Sólo hay dos cosas en las que pensar, Sergio: libertad y derechos”.

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