Cuando el nuevo Gobierno de José Antonio Kast asuma este miércoles en Chile, uno de los nombres más observados del gabinete será el de Judith Marín. Con 30 años, profesora de Castellano y Filosofía, y secretaria general del ultraconservador Partido Social Cristiano, se convertirá en la ministra más joven del equipo. También en una de las más polémicas.
Su designación al frente del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género ha sido criticada por miembros del Gobierno saliente así como por los movimientos feministas en Chile que ven en su nombramiento una señal inquietante sobre el rumbo que podría tomar la agenda de derechos de las mujeres en el país suramericano.
Judith Marín: “Las verdaderas urgencias”
Este domingo, en las horas previas a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, Marín publicó un mensaje en redes sociales en el que delineó las prioridades que, según ella, marcarán su gestión. “Trabajaremos en las verdaderas urgencias”, apuntando a tres ejes: empleo, seguridad y apoyo a la maternidad.

Según sostuvo la futura ministra, Chile se enfrenta a “cifras récord de desocupación femenina, la mayor en 15 años”, además de liderar la brecha salarial en América Latina. “Es una realidad que no podemos ignorar”, indicó Marín. En materia de violencia contra las mujeres, añadió que las mediciones indican que cerca del 74% de los maltratadores tenía antecedentes penales. “En estas y otras urgencias trabajaremos desde el 11 de marzo por todas las mujeres de Chile“, avanzó en sus redes sociales.
Una ministra contra el aborto
Pero el debate en Chile sobre su figura no gira únicamente en torno a esas prioridades. Marín es conocida por su abierta oposición al aborto y a los derechos sexuales y reproductivos, una postura que ha defendido durante años desde espacios políticos y religiosos.
Líder de grupos evangélicos desde su etapa universitaria, suele presentarse como “una mujer de fe”, “cristiana” y “defensora de la vida desde la concepción hasta la muerte natural”. Esa identidad ha marcado su trayectoria pública y alimenta las dudas de quienes creen que su llegada al ministerio puede tensionar el enfoque de políticas públicas construido en la última década.
Maldita hemeroteca
Uno de los episodios que más ha circulado en medios y redes sociales tras su nombramiento ocurrió en 2017. Durante la tramitación del proyecto que despenalizó el aborto en tres causales -ley que hoy está vigente- Marín participó en una protesta en el Congreso junto a manifestantes evangélicos. En vídeos difundidos estos días se la ve sosteniendo una pancarta con la frase “Vuélvete a Cristo” mientras es escoltada por una Policía para desalojarla del edificio.
La senadora comunista Claudia Pascual, primera ministra de la Mujer cuando se creó el cargo en 2016, calificó el nombramiento de “tremendamente preocupante”. En declaraciones recogidas por EFE, Pascual aseguró que es problemático que el ministerio quede en manos de alguien que “no cree en que las mujeres necesitan tener políticas públicas especiales y específicas”.
El rechazo de las feministas chilenas
En la misma línea, la diputada socialista Daniella Cicardini lamentó a EFE que la futura ministra “relativice” los derechos de las mujeres, tenga “una visión conservadora” y rechace el aborto.
Desde el movimiento feminista, las críticas han sido aún más duras. Fernanda Cavada, portavoz de la Coordinadora 8M, afirmó que Marín “representa un retroceso para los derechos de las mujeres y de las infancias” y advirtió que “la vida de las niñas, mujeres y disidencias no puede estar en manos de fundamentalistas religiosos”.

Por su parte, Priscila González, de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, señaló que la futura ministra ha estado “abocada al lobby religioso” y que su trayectoria “va en contra de los derechos de las mujeres y de las diversidades sexuales”.
¿Un ministerio innecesario?
Otra de las polémicas que ha reavivado el debate son declaraciones realizadas por Marín durante la campaña en una radio local, en las que se mostró abierta a eliminar el Ministerio de la Mujer o fusionarlo con otra cartera. Para la presidenta de la Asociación de Abogadas Feministas (Abofem), Bárbara Sepúlveda, el hecho de que la futura ministra haya cuestionado la existencia del propio ministerio “es evidentemente una provocación innecesaria”.
Mientras que Ruth Hurtado, secretaria general del Partido Republicano -fundado y liderado por Kast- defendió a Marín frente a lo que calificó como intentos de “denostar su imagen como mujer y como cristiana”.
Giro político en Chile
En paralelo, la ministra saliente de la cartera, Antonia Orellana, optó por un tono institucional y fue una de las primeras en desearle “éxito en su gestión”, ofreciéndole colaboración para un traspaso ordenado.

La llegada de Marín al gabinete se produce en un momento de giro político en Chile. Tras años de alternancia entre gobiernos de izquierda y derecha -desde Michelle Bachelet a Sebastián Piñera y, más recientemente, Gabriel Boric– el triunfo de Kast en las elecciones de diciembre de 2025 volvió a inclinar el péndulo hacia el sector más conservador. Por primera vez en democracia la extrema derecha llega al poder en Chile.
Casi paridad total
El nuevo Ejecutivo estará compuesto por 13 hombres y 11 mujeres. A diferencia del modelo adoptado por Boric, Kast no integrará a la titular de la cartera de la Mujer en el comité político, el núcleo duro del Gobierno.
En ese escenario, Judith Marín iniciará su gestión bajo una doble presión: demostrar que puede conducir una agenda pública para todas las mujeres del país y, al mismo tiempo, responder a quienes ven en su nombramiento una señal de retroceso.
