Las relaciones diplomáticas entre el Gobierno y la administración Trump son un trapecista que podría perder el equilibrio en cualquier momento. Desde que Trump llegara al poder en Enero de 2025, el Ejecutivo ha enarbolado la bandera de líder internacional antitrumpista, siendo los greatest hits la negativa a cumplir con el 5% del gasto en Defensa, sus críticas a la captura del ex presidente venezolano, Nicolás Maduro, y en la actualidad la negativa a usar las bases militares de Morón y Rota para atacar a Irán en la guerra abierta en Oriente Próximo.
Una contienda mediática a lo David contra Goliat -amenaza de cortar relaciones comerciales incluida- que sirve a ambos mandatarios para sacar músculo de cara a su electorado, pero podría comprometer los intereses internacionales comunes: la cumbre del G-20. Este año, Estados Unidos es país anfitrión y, por tanto se reserva el derecho de admisión de los países. Ejemplo de ello es el destino que han corrido países como Sudáfrica o Egipto.

El hecho de que nuestro país no le quite el sueño al presidente estadounidense -España tiene menos PIB que California- no exime que el asunto de las bases haya sentado muy mal, ya que, informan fuentes militares, una cosa es elevar el tono para escenificar una estrategia política, y otra comprometer la seguridad nacional del país.
El G-20 lo integran las 19 principales economías del mundo, que debaten sobre los asuntos más determinantes a nivel global. Economías que agrupan el 90% del PIB mundial, el 80% del comercio global y dos tercios de la población del mundo.
Las presidencias G-20 se extienden de diciembre a noviembre del año siguiente. La anterior, que corrió a cuenta de Sudáfrica, tuvo 133 reuniones, que empiezan a nivel técnico y concluyen en la Cumbre. Estos encuentros -el número en 2026 será similar- los mantienen los sherpas –representantes de alto nivel de los líderes de cada país- y terminan en la cumbre. Se dividen en dos patas: la económica y la política.
El país anfitrión se reserva el derecho de las admisiones
Desde España se hace gala de ser un país invitado permanente, sin embargo, esto no es realmente así. Las invitaciones se renuevan y el país anfitrión tiene la prerrogativa de cursarlas. Fuentes diplomáticas informan de que este año las reuniones estarán concentradas en el track finanzas, por lo que las reuniones previas a la Cumbre se reducirán, incluidas las que tendrán lugar por videoconferencia. No en vano, España ha sido sacada de las reuniones que han tenido lugar a comienzos de año, previas a la cumbre que se celebrará a finales. Este movimiento, informan las mismas fuentes, no se puede leer como un agravio comparativo, ya que otros países han corrido la misma suerte en aras de esa reducción de intervinientes y economización del tiempo que busca Trump al focalizar el G-20 en las finanzas.

Los últimos encuentros entre Trump y Sánchez podrían propiciar que el presidente tomara en un momento dado la decisión de sacar a España del foro económico, y no invitarlo a la Cumbre. En caso de que esto sucediera, informan las mismas fuentes, no afectaría a la estrategia electoral del presidente Sánchez. Es más, le podría beneficiar.
Si no hay cambios de última hora en el curso político, las elecciones generales se celebrarán en 2027. Entre otros factores, los casos de corrupción del Gobierno y el auge de VOX en los comicios autonómicos han empujado a Sánchez a reavivar el eslogan del “No a la Guerra” que acuñó la izquierda cuando el ex presidente Aznar apoyó a George Bush en su intervención en Irak. En caso de que Trump utilizara el G-20 como castigo a Sánchez, no afectaría negativamente a la estrategia del presidente del Ejecutivo, sostienen estas fuentes, ya que fortalecería su mensaje contra Trump de cara al electorado. “Nuevamente, Sánchez usaría la acción exterior en clave interna”, aseguran. “España sería la víctima que maltrata Trump por defender sus ideales de cara a su electorado”, exponen en lenguaje coloquial.

Existe un precedente en cuanto al uso de las bases militares por parte de Estados Unidos: la guerra de los 12 días el pasado mes de junio. Estados Unidos sí usó las bases de Rota y Morón para atacar Irán, pero en aquel momento la Cumbre de la OTAN en la Haya estaba a punto de producirse, y Sánchez tenía el foco puesto en la amenaza de no cumplir con el gasto del 5% exigido para salvar la imagen de cara a sus socios. EE UU y España tienen un convenio en cuanto al uso de las bases militares, según el cual cualquier acción bélica debe contar con la “autorización previa del Gobierno español”. Y dicta que el uso del espacio aéreo español se concede a EE UU exclusivamente para “objetivos dentro del ámbito bilateral o multilateral”, orientados a la “defensa común y de Occidente”, frente a un ataque armado. No obstante, EE UU se reserva el derecho de no informar sobre el destino final de sus aviones, por lo que Sánchez no puede controlar, de momento, que sus bases sean usadas para tal fin u otro, informan fuentes militares.
