El 8 de marzo es bastante más que el Día Internacional de la Mujer. No solo es una ocasión para salir a las calles a reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, sino que también es un buen momento para alzar la voz contra injusticias como la violencia machista, la dificultad de acceder a la vivienda, el desamparo de inmigrantes, el deterioro de los servicios públicos, el ascenso de la extrema derecha y las guerras en el mundo.
Todo ello confluyó ayer en una jornada celebrada a lo largo y ancho de toda España con manifestaciones en Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao, Vigo, Valladolid y Santa Cruz de Tenerife, por citar solo algunas de las ciudades que lucieron el color morado en sus calles. Costó identificar el hilo conductor de un 8M con una serie de protestas que, desgraciadamente, nunca cambian (la violencia de género) y otras a las que el Gobierno abrió paso decididamente.
La ministra de Igualdad, Ana Redondo, se desplazó a su ciudad natal de Valladolid para poner el acento en que “el feminismo es pacifismo” solo cinco días después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, solemnizara en el Palacio de la Moncloa tras el inicio del conflicto entre EE.UU e Irán: “Nuestra posición se resume en ‘No a la guerra'”. Estaba clara la consigna y la ministra fue la primera en batir las palmas y gritar “No a la guerra” en Valladolid.
Los derechos que hoy disfrutamos son conquistas del movimiento feminista. Hoy trabajas, votas, viajas y eres autónoma porque muchas mujeres antes defendieron la igualdad. No dejaremos que el pasado de miedo y sumisión avance. Somos la mayoría y nos queremos libres e iguales. 💜 pic.twitter.com/1iV7LehHzF
— Ana Redondo (@_anaredondo_) March 8, 2026
La manifestación en Barcelona
El grito irrumpió en numerosas concentraciones del 8M. En Barcelona, por ejemplo, fueron visibles las pancartas de ‘No a la guerra’ y también se escuchó en varias ocasiones famoso cántico de 2003 de protesta por el conflicto en Irak. Ahora bien, no puede decirse que este grito fuera un clamor en la concentración de Barcelona a pesar de que llevó por lema “Ante el imperialismo colonialista, lucha transfeminista”.
Tanto los mensajes como los participantes eran tan variados —de la madres en la diversidad funcional al sindicato de inquilinas — que las reivindicaciones fueron amplias y casi rebosantes. “No a las políticas de ultraderecha, al racismo, a los discursos de odio, al antifeminismo y la LGTBIQA+fòbia”. “Ninguna persona es ilegal”. “Ni Chat GPT entiende por qué todavía tenemos que explicar la igualdad”. “Patada feminista en la boca del machista”.
Ministros con el ‘No a la guerra’
En Madrid, la consigna del ‘No a la guerra’ estuvo más presente, entre otras cosas porque halló el aliento del Gobierno. La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, y el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, acudieron en nombre del PSOE y el Ejecutivo a la manisfestación de la Comisión 8M en Madrid por el Día Internacional de la Mujer, donde abanderaron el lema del ‘No a la guerra’.
Por quinto año consecutivo, la división en el movimiento feminista debido a las discrepancias sobre la Ley trans o la abolición de la prostitución provocó marchas diferentes en las mismas ciudades, aunque sí que hubo coincidencia en revindicar la igualdad real y en exigir el fin de la violencia contra las mujeres.
