Noah dejó Bilbao para construir su vida en Noruega. Su primera experiencia en el país fue en 2020, cuando cursaba tercero de Magisterio y llegó al país a través de una beca Erasmus. Allí descubrió no solo que le gustaba vivir fuera de España, sino también una forma distinta de entender la educación. “Descubrí primero que me encantó estar fuera de otro país” y, sobre todo, “me gustó mucho cómo se veía aquí la educación”. Durante aquel curso, gran parte de la formación se realizaba al aire libre, con un enfoque muy ligado a la naturaleza. “Estaba todo el día haciendo excursiones y eso me encantó”, recuerda.
Además, durante su primer año en Noruega conoció a quien hoy es su pareja, un factor que influyó decisivamente en su decisión de regresar una vez terminados sus estudios. Al acabar la carrera y volver temporalmente a Bilbao, se planteó dos opciones: opositar en España o buscar trabajo en el extranjero. “Me llamaba mucho más la atención volver a Noruega”, reconoce, y añade que el hecho de no venir sola hizo que la decisión fuera más sencilla.

Profesora en Noruega
Una vez instalada de nuevo en el país, comenzó a aprender noruego mientras buscaba trabajo como docente. Tras insistir durante un tiempo, consiguió incorporarse a un colegio internacional cercano a su lugar de residencia. “Hubo una chica que estaba de baja y así fue como empecé a trabajar aquí hace dos años”, explica. Actualmente es tutora de sexto de primaria.
El centro en el que trabaja sigue un sistema que no es exclusivo de Noruega, pero sí se adapta al contexto del país. Entre sus principales características destaca el trabajo por unidades y no por temas cerrados. “En vez de trabajar por temas, combinamos todo y trabajamos en unidades”, lo que permite integrar ciencia, historia y contexto social en un mismo bloque de aprendizaje.
Además, el currículo noruego incorpora de forma habitual la educación en contacto con la naturaleza. “Siempre hacer excursiones, relacionar lo que damos en las unidades con lo que está ocurriendo en el país”, explica. Actividades como esquiar forman parte habitual del calendario escolar.
En cuanto al alumnado, Noah considera que no existen grandes diferencias entre niños noruegos y españoles en lo esencial. “Los niños son niños”, resume. Sin embargo, sí percibe una diferencia clara en la forma de vivir el colegio. En España, señala, los alumnos suelen estar sometidos a más presión desde edades tempranas. “Tienen mucho más estrés y agobio por el tema de deberes, exámenes”, mientras que en Noruega el foco está en el bienestar emocional. “Se intenta que se encuentren bien, que les guste ir al colegio”, incluso aunque eso implique un nivel académico aparentemente más bajo en algunas áreas.
Al trabajar en un colegio internacional, Noah imparte las clases en inglés. El noruego lo utiliza en su vida cotidiana y con compañeros locales. Aunque considera posible mudarse a Noruega sin hablar el idioma, recomienda aprenderlo si la idea es quedarse a largo plazo. “No es lo mismo que cuando hablas su idioma”, afirma, en referencia a la integración social.

“Aquí tengo muchísima libertad”
Sobre la calidad de vida, reconoce que Noruega es un país caro, pero matiza que los salarios lo compensan. “Todo es más caro, pero se permite ahorrar mucho más”. En cuanto a la vivienda, cree que comprar una casa es una posibilidad real incluso para gente joven. “Mucha gente joven se compra casas porque saben que la van a poder pagar”, explica.
Noah vive cerca de Tromsø, aunque no en la ciudad. Allí, el invierno y la oscuridad son uno de los mayores retos. “Eso es lo peor, el tema de la oscuridad”, admite, y subraya la importancia de mantenerse activo y socialmente conectado durante esos meses. Respecto al frío, asegura que es una cuestión de adaptación. “Al final aprendes a vestirte y realmente no se pasa frío”.
En el plano social, destaca que la vida en Noruega es más tranquila y menos espontánea que en España. “Aquí cuesta mucho que una persona noruega te invite a ser parte de su vida”, señala. Por eso, resulta más fácil entablar amistad con otros migrantes. “Entre gente que hemos emigrado siempre es más fácil conectar”.
Como mujer, Noah afirma sentirse muy segura en Noruega. “Aquí me siento completamente segura”, dice, y añade que la igualdad es un aspecto que se trabaja de forma activa en la sociedad. Esta mentalidad también se refleja en el ámbito educativo, donde no se permiten grandes castigos. “No se permite dejar en evidencia a un niño”, explica, y aclara que cualquier consecuencia debe tener un sentido educativo y no punitivo.
Sobre su futuro, Noah reconoce que le gustaría estar cerca de su familia en España, pero no lo ve fácil a corto plazo. “Ahora mismo para mí sería un cambio muy difícil volver”, afirma, especialmente por las condiciones laborales. En Noruega, dice, tiene libertad para planificar, innovar y conciliar. “Aquí tengo muchísima libertad”, concluye, una de las razones principales por las que, de momento, su vida sigue estando al norte de Europa.
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