Lluvia, viento y avisos meteorológicos. El invierno ha decidido no dar tregua. Leonardo es una borrasca potente, pero no la última que azotará España. Comenzó a acercarse a la península el martes 3 de febrero de 2026, con los primeros frentes y avisos de lluvia intensa en el sur y oeste peninsular. Desde entonces, AEMET y Protección Civil han ido alertando sobre precipitaciones muy abundantes, vientos fuertes y temporal marítimo asociado a esta borrasca.
Sus efectos más intensos se dejaron sentir el miércoles, especialmente en algunas zonas de Andalucía, como Sevilla, Cádiz y Málaga. En ellas, hay avisos naranjas y rojos por lluvias torrenciales, ríos desbordados en varias cuencas, casas anegadas, evacuaciones preventivas y cortes de carretera por inundaciones.

Protección Civil y Emergencias ha mantenido la alerta por este temporal atlántico al menos hasta el sábado 7 de febrero. ¿Qué está ocurriendo para que el invierno se comporte con esta cadena de lluvias persistentes, intensas e inusuales? La meteoróloga Mar Gómez contesta con claridad: “ Lo que estamos viviendo es el resultado de una configuración atmosférica muy persistente, propia de fases inestables del invierno pero especialmente marcada en este periodo”.
Una autopista atmosférica
Según nos dice, uno de los factores clave es la fase negativa de la Oscilación del Atlántico Norte (NAO). “Se caracteriza por un debilitamiento del anticiclón subtropical y una menor capacidad de bloqueo en el Atlántico. Esta situación favorece que las borrascas circulen con mayor facilidad hacia latitudes más bajas, afectando de forma repetida a la Península Ibérica”.
A este patrón, Gómez añade un chorro polar muy activo y notablemente desplazado hacia el sur. “El jet stream (corriente de chorro) actúa como una auténtica autopista atmosférica que guía las borrascas, y al situarse en latitudes más bajas de lo habitual canaliza de forma continuada sistemas frontales desde el Atlántico hacia nuestro territorio. La fuerte ondulación del chorro, además, contribuye a que algunas borrascas se profundicen rápidamente y se encadenen unas con otras”.

Por último, asegura que el anticiclón se encuentra debilitado y mal posicionado, sin capacidad para frenar o desviar la llegada de estos sistemas atlánticos. “La combinación de un jet intenso, una NAO negativa y un anticiclón poco efectivo da lugar a este auténtico tren de borrascas, con un aporte constante de humedad y episodios de lluvias recurrentes que se prolongan durante días o incluso semanas”.
Turistas que no son bien recibidos
Desde noviembre de 2025, en ese tren han llegado Claudia, Davide, Emilia, Francis, Goretti, Harry, Kristin y Leonardo. Sin habernos recuperado de sus embestidas, para la próxima semana se espera la llegada de Marta y Neils, dos sistemas atlánticos que dejarán de nuevo grandes caudales de agua. Son visitantes muy poco habituales para regiones como Cádiz, una de las más afectadas por las precipitaciones intensas, viento y otros fenómenos asociados a estos temporales atlánticos.
“Para que esta dinámica de borrascas encadenadas se frene -explica la meteoróloga-, es necesario un cambio en la configuración atmosférica a gran escala”. En primer lugar, el anticiclón debería reforzarse y desplazarse a una posición más favorable, ejerciendo un mayor bloqueo sobre el Atlántico y dificultando la llegada de frentes hacia la Península Ibérica. “Al mismo tiempo, el chorro polar tendría que perder intensidad y tender a una circulación más zonal, es decir, menos ondulada y situada a latitudes más altas, lo que reduciría la canalización directa de borrascas hacia nuestro territorio”.

Tal reajuste suele ir acompañado, según detalla, de una transición de la NAO hacia valores más neutros o positivos. “Esto implica un Atlántico más estabilizado y un patrón menos propicio para temporales continuados. Cuando estos elementos se alinean, las borrascas dejan de entrar de forma tan frecuente y empiezan a aparecer periodos más estables entre episodios de lluvia”.
Un regalo por San Valentín
De acuerdo con la tendencia que marcan actualmente los modelos de predicción, Gómez concluye su parte meteorológico para Artículo 14 con una buena noticia: “Este cambio podría comenzar a vislumbrarse a partir de mediados de febrero, en torno a San Valentín, con una progresiva estabilización de la atmósfera”. Al menos el tiempo parece dispuesto a hacer un guiño a los corazones enamorados.
No nos despedimos de la meteoróloga sin antes preguntarle si tanta lluvia invernal vaticina al menos una primavera soleada. “Es una idea bastante extendida, pero desde el punto de vista científico no existe una relación directa entre un invierno muy lluvioso y que la primavera vaya a ser más soleada o más seca. La atmósfera no funciona como un sistema de compensación que equilibre los excesos de una estación con la siguiente”, responde.
Cada periodo, dice, responde a sus propios patrones de circulación atmosférica, a la posición del chorro polar, a la configuración de los centros de altas y bajas presiones y a forzamientos a gran escala que pueden cambiar en cuestión de semanas. Y viendo las imágenes que deja este fenómeno, nos tememos que tampoco se cumplirá la sabiduría del refranero: “Días de lluvia, días de fortuna” o “Agua de febrero, año cebadero”. Las borrascas han evitado emergencias hídricas, sí, pero tanto encharcamiento hace sospechar a los agricultores que las raíces de sus cultivos habrán sufrido, y que la siembra de cereales de invierno y de hortalizas tempranas tendrá que esperar. Ni el refrán más antiguo puede domar la testaruda realidad del campo.
