Epstein files

Del jacuzzi a un audio inédito: todas las conexiones de Michael Jackson y Jeffrey Epstein

Un nuevo lote de documentos ha vuelto a poner en circulación imágenes de figuras públicas —entre ellas Michael Jackson— y ha reactivado el debate sobre qué aporta, en términos reales, la desclasificación parcial: fotografías, planos, recortes y materiales ya conocidos

Del jacuzzi a un audio inédito: todas las conexiones de Michael Jackson y Jeffrey Epstein
Del jacuzzi a un audio inédito: todas las conexiones de Michael Jackson y Jeffrey Epstein. Montaje: kiloycuarto
Montaje: kiloycuarto con imágenes originales del Departamento de Justicia de Estados Unidos

La última tanda de documentos difundidos en Estados Unidos en el marco del caso Jeffrey Epstein ha vuelto a mezclar dos pulsiones opuestas: el apetito público por “nombres” y “novedades” y la realidad, más prosaica, de un archivo construido durante décadas con materiales heterogéneos —fotografías, agendas, comunicaciones, recortes de prensa, notas internas— cuya publicación se realiza a trompicones, con tachaduras y con un calendario condicionado por la protección de víctimas y testigos. Lo que aparece, de momento, funciona más como un mapa del ecosistema de relaciones y de la estética del poder que como una lista cerrada de implicaciones penales.

Entre esas imágenes que han vuelto a circular destaca la presencia de Bill Clinton en fotografías de contexto lúdico —incluida una escena en un jacuzzi o entorno similar— junto a Jeffrey Epstein. La difusión de estas fotos se ha presentado como parte de un “archivo” amplio en el que se acumulan instantáneas con celebridades, empresarios y figuras intelectuales, con un valor documental desigual: una fotografía prueba un encuentro, una proximidad social o un acceso a un espacio, aunque por sí sola no acredita delito ni participación en una red criminal.

Bill Clinton en un jacuzzi.

En ese mismo paquete, Michael Jackson aparece mencionado y mostrado en imágenes relacionadas con Epstein, lo que ha reactivado el foco sobre una conexión que, por ahora, se mueve en el terreno de la documentación visual y del contexto social. La lectura pública suele ser inmediata: “si está en el archivo, hay vínculo”. La lectura periodística exige un paso más lento: qué fecha tiene la imagen, en qué lugar se tomó, quién la custodiaba, si formaba parte de un álbum personal, de un registro de contactos o de material recopilado por terceros. Sin esa ficha, la fotografía queda como un indicio de entorno, no como una conclusión.

La aparición de varias fotografías en las que aparece Michael Jackson (con Diana Ross, con Bill Clinton, con el propio Jeffrey Epstein…) ha disparado de nuevo las relaciones del cantante de rock, fallecido el 25 de junio de 2009, y la red de Jeffrey Epstein.

El archivo desclasificado no se limita a fotografías. Incluye también materiales que describen la lógica de Epstein como coleccionista de símbolos y como acumulador de objetos con potencial de influencia: planos de proyectos, documentos logísticos, recortes, referencias culturales. En entregas previas ya se habían difundido imágenes y textos de carácter sexualizado y fragmentos literarios asociados al universo estético del propio Epstein; elementos que alimentan una narrativa sobre su imaginario, aunque no sustituyen a la prueba judicial.

¿Temía Michael Jackson por su vida?

El otro eje que ha vuelto a emerger en paralelo es el de un “audio” atribuido a Michael Jackson y la idea, repetida en distintos momentos de la cobertura mediática, de que el cantante temía por su vida. Aquí conviene separar dos cosas. Por un lado, existe una grabación real, utilizada en sede judicial en 2011 durante el proceso contra su médico, en la que se escucha a Jackson con un habla lenta y afectada por medicación, presentada como parte del contexto clínico de sus últimas semanas. Esa grabación fue extraída del teléfono del doctor y se incorporó al relato procesal sobre su estado de vulnerabilidad.

Michael Jackson, Bill Clinton y Diana Ross en los archivos de Jeffrey Epstein

Por otro lado, circula desde hace años —no necesariamente como audio verificable en esta nueva desclasificación— el contenido de declaraciones en las que se atribuye a Jackson la frase o la idea de que “tenía miedo” y que “iban a matarle”. En parte, porque habría descubierto una supuesta red de pederastia que operaba a nivel internacional. Es un motivo recurrente en reconstrucciones retrospectivas: aparece citado en testimonios, en relatos de entorno y en piezas que conectan su ansiedad con el contexto profesional y personal de la época. La cuestión clave, en un artículo estrictamente informativo, es no confundir “existe un audio judicialmente documentado” con “existe un audio nuevo en estos papeles” si el propio lote publicado no lo acredita de forma directa.

Esa distinción es importante porque el debate político en torno a Jeffrey Epstein se ha desplazado desde hace meses a la gestión de la transparencia: demócratas y republicanos han presionado al Gobierno para cumplir los plazos de publicación, mientras el Departamento de Justicia sostiene que la revisión documento a documento busca proteger identidades. En este pulso aparecen nombres propios del poder institucional: la fiscal general Pam Bondi y el vicefiscal Todd Blanche, que han defendido una liberación escalonada y en varios formatos, incluidas fotografías y materiales de investigación.

Jeffrey Epstein y Michael Jackson.

En paralelo, el archivo vuelve a mostrar el tipo de constelación social que Jeffrey Epstein cultivó durante años, con referencias a figuras públicas de ámbitos muy distintos, como Mick Jagger, Noam Chomsky, Woody Allen, Bill Gates o Sergey Brin, además de menciones recurrentes al actual presidente Donald Trump en el contexto de documentos y controversias ya conocidas. La presencia de un nombre en una foto o en un correo describe cercanía, acceso, circulación por un mismo salón; no define por sí sola la naturaleza de esa relación ni su eventual relevancia penal.

Lo que sí deja esta nueva oleada, por ahora, es una imagen nítida de cómo se produce la “noticia Epstein” en 2026: cada lote parcial genera titulares por su potencia simbólica —un jacuzzi, un famoso, un fragmento llamativo—, mientras el corazón del caso, el que importa a las víctimas y a los tribunales, depende menos de la fotogenia del archivo y más de la trazabilidad de pruebas, de testimonios completos y de la publicación íntegra, sin convertir un documento en sentencia ni una fotografía en veredicto.

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