Durante años, Jeffrey Epstein ha sido analizado como millonario, intermediario de élites, delincuente sexual, pieza opaca de redes de influencia. Ahora, un archivo paralelo permite observar otro ángulo: su biblioteca. Más de 18.000 correos electrónicos con facturas de Amazon, liberados dentro de las llamadas “Epstein Files” por el Departamento de Justice (DOJ) de Estados Unidos, trazan una cronología precisa de los libros que compró entre 2007 y 2019, justo hasta las semanas previas a su arresto por tráfico sexual de menores. No prueban qué leyó realmente, pero sí dibujan un patrón. Y ese patrón, lejos de ser caótico, compone una biblioteca coherente en su perturbación.
Jeffrey Epstein, que nunca terminó la universidad, compraba libros de forma compulsiva. En algunos casos, adquiría múltiples copias del mismo título. En otros, series completas. A menudo volvía sobre los mismos temas: narcisismo patológico, técnicas de manipulación, espiritualidad sexual, grandes biografías de tiranos, análisis del poder político, dinero, evasión fiscal, negociación extrema, y literatura atravesada por la obsesión. Su biblioteca no revela gustos estéticos refinados, sino una voluntad de apropiación: entender cómo funcionan las personas, cómo se doblan las reglas, cómo se construyen impunidades.

Uno de los ejes más inquietantes es su relación con Lolita, la novela de Vladimir Nabokov sobre la obsesión de un adulto con una niña de 12 años. Jeffrey Epstein llegó a decir que guardaba copias de Lolita junto a su cama y en su avión privado, y diversas imágenes muestran cómo escribía frases de la novela sobre el cuerpo de sus víctimas. En mayo de 2019, apenas semanas antes de ser arrestado, compró The Annotated Lolita: Revised and Updated, una edición con notas académicas que contextualizan cada capa literaria del texto. No se trata solo de la presencia de la obra, sino de la insistencia: también adquirió estudios como Stalking Nabokov, The World of Nabokov’s Stories, Lectures on Literature o colecciones de relatos. La acumulación sugiere algo más que curiosidad literaria: una necesidad de rodear de legitimidad cultural una fantasía criminal.
Otro bloque central de su biblioteca gira alrededor del narcisismo. En enero de 2017 compró, en pocos días, títulos como Malignant Self-Love: Narcissism Revisited, The Analysis of the Self, Borderline Conditions and Pathological Narcissism y Narcissism: Denial of the True Self. A ellos se suma The Human Magnet Syndrome, sobre por qué tendemos a vincularnos con personas que nos dañan. No son manuales de autoayuda ligera, sino textos clínicos que describen personalidades grandiosas, carentes de empatía, con sensación de derecho ilimitado. Es difícil no leer este conjunto como una biblioteca espejo: libros que describen con precisión el tipo de sujeto que Epstein encarnaba.

La sexualidad aparece asociada no al afecto, sino al control espiritualizado. En diciembre de 2007, mientras sus abogados negociaban con fiscales un acuerdo de no procesamiento, Epstein compró Secrets of Western Tantra: The Sexuality of the Middle Path, de Christopher S. Hyatt, junto a otros manuales de magia sexual y éxtasis tántrico. El tantra, despojado de su tradición filosófica y convertido en tecnología de placer, encaja con una lógica de instrumentalización del cuerpo ajeno bajo una pátina de “conciencia expandida”.
La biblioteca también está atravesada por un interés persistente en los grandes sistemas de poder y violencia estatal. Compró Rise and Kill First, historia de los asesinatos selectivos del aparato de seguridad israelí, y Adolf Hitler: The Definitive Biography, de John Toland. No como advertencias morales, sino integradas en una colección donde los dictadores aparecen como objetos de estudio estratégico… o figuras a las que admirar y seguir En la misma línea figura The Dictator’s Handbook, de Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith, cuyo subtítulo resume su tesis sin rodeos: “por qué el mal comportamiento es casi siempre una buena política”. Es una biblioteca donde la crueldad se optimiza.

La filosofía ocupa un lugar destacado, aunque filtrada por títulos que giran alrededor del pesimismo, la tragedia y el sentido de la vida. Compró La sabiduría de la vida, de Arthur Schopenhauer; El nacimiento de la tragedia, de Friedrich Nietzsche —su última compra conocida—, y Emotion and Meaning in Music, de Leonard B. Meyer. No es una biblioteca de ética, sino de estructuras: cómo funcionan el deseo, el sufrimiento, el arte, la mente.
Además, el humor y la provocación obscena aparecen como otro hilo. En su lista de adquisiciones se encuentran títulos como In Praise of Profanity y What the F, sobre por qué maldecimos y qué revela eso de nuestro cerebro. La obscenidad como objeto de análisis lingüístico convive con memorias sexuales explícitas y novelas pulp centradas en investigadores sexuales que también son espías. Todo forma parte de un ecosistema donde el sexo se concibe como dominio.
Junto a esos títulos, también figuran novelas de consumo rápido vinculadas a fantasías sexuales y espionaje, como la serie The Man From O.R.G.Y., centrada en un investigador sexual que actúa como agente secreto, y manuales de exaltación del placer espiritualizado como The Ecstasy of Tantra, que se suman al conjunto de libros donde el sexo aparece asociado a técnicas, rendimiento y control más que a vínculo o afecto.

Su fascinación por determinadas figuras públicas es igualmente reveladora. Compró múltiples libros de y sobre Woody Allen —biografías, recopilaciones de ensayos, autobiografía indirecta: su biografía oficial, Without feathers, Woody Allen on Woody Allen, The unruly life of Woody Allen…— y una batería de títulos sobre Donald Trump: Fire and Fury; Fear: Trump in the White House, de Bob Woodward; House of Trump, House of Putin, de Craig Unger; Unhinged: an insiders account of the Trump White House, y The threat: how the FBI protects America in the Age of Terror and Trump. La obsesión por su máximo aliado, o su máximo enemigo, se entiende desde el conocimiento necesario para combatirlo.
El dinero ocupa otro gran bloque. Libros sobre dinastías financieras, gestión patrimonial, evasión fiscal, escándalos bancarios, criptomonedas y redes offshore: Baron Edmond Rothschild: The Story of a Practical Idealist, Family Wealth Management, The Panama Papers, Lucifer’s Banker, The Internet of Money, Bitcoin For Dummies. No es economía académica, sino ingeniería de opacidad.

Y hay un último gesto que condensa su narcisismo extremo: compró, en distintos momentos, hasta diecisiete copias de Filthy Rich, el bestseller sobre él mismo. La historia del multimillonario corrupto que cree poder comprarlo todo, incluida la justicia, convertida en objeto de consumo repetido por su propio protagonista.
La biblioteca de Epstein no explica sus crímenes, pero dibuja el paisaje mental de alguien obsesionado con el control, la manipulación, la jerarquía, el sexo y la excepcionalidad. Es una biblioteca sin rastro de empatía, sin interés sostenido por el otro como sujeto. No hay literatura sobre reparación, ni sobre cuidado, ni sobre justicia restaurativa. Hay, en cambio, mapas de poder, manuales de dominación y relatos donde el deseo se separa sistemáticamente del consentimiento.
El inventario procede de recibos de Amazon enviados a una cuenta privada de Yahoo y, por tanto, documenta compras, no lecturas: algunos títulos pudieron ser regalos y adquirir un libro no implica necesariamente haberlo leído. Aun así, la cronología de adquisiciones —con repeticiones, compras en lote y recurrencias temáticas— aporta un registro complementario sobre sus intereses declarados en la última década de su vida, desde 2007 hasta 2019, y permite ordenar por etapas un catálogo que incluye filosofía, psicología, sexualidad esotérica, negociación, poder político, economía y biografías de figuras públicas.
