El pequeño comercio lleva tiempo sintiendo que juega una partida perdida. En muchas calles de barrio, los escaparates resisten abiertos mientras el negocio real se desplaza al móvil. La irrupción de plataformas como Temu ha acelerado ese proceso hasta hacerlo casi irreversible para algunos comerciantes, que ya no compiten por vender, sino por sobrevivir.
Hoy, muchos bazares ya no son solo tiendas: son puntos de recogida de paquetes de las mismas plataformas que han vaciado sus estanterías. Temu aparece así en la rutina diaria de estos comercios no como aliado, sino como el símbolo de una transformación que les ha pasado por encima.
De vender productos a entregar paquetes
Basta con caminar unos minutos por cualquier barrio para comprobarlo. Carteles improvisados anuncian la recogida de envíos en herbolarios, inmobiliarias o pequeños bazares. La escena se repite: el comercio tradicional reconvertido en intermediario logístico de gigantes como Temu.
Uno de esos bazares ha asumido ese papel casi por necesidad. Su propietario explica que cada día recibe alrededor de una veintena de paquetes y entrega otros diez. Una cifra que, admite, le sorprendió incluso a él cuando empezó. Apenas llevaba dos semanas con este servicio cuando comprendió que el flujo era constante y creciente, impulsado por el tirón de Temu y otras plataformas similares.
Ventas en caída libre
El problema no es solo el cambio de actividad, sino lo que se ha perdido por el camino. Las ventas tradicionales han caído de forma notable desde que Temu se coló en los hábitos de consumo. El dueño del bazar no oculta su frustración: competir en precios es directamente imposible.

El ejemplo que pone es sencillo y demoledor. Un producto tan básico como un cable cuesta en su tienda casi cinco euros. En Temu, el mismo artículo puede encontrarse por apenas uno. La diferencia no es un descuento puntual: es un abismo que deja fuera de juego al comercio local.
Cuando vender cuesta más que comprar
El comerciante insiste en que el problema no es la falta de esfuerzo ni de adaptación. Él compra a proveedores que, a su vez, son intermediarios y no fabricantes directos. Pagan impuestos, salarios y gastos que forman parte de una cadena tradicional. Temu, en cambio, opera con un modelo que rompe esa lógica y pulveriza los precios finales.
“Venden más barato de lo que nosotros compramos”, resume con resignación durante su intervención en La Sexta. Esa frase, repetida ya por muchos pequeños empresarios, explica por qué Temu se ha convertido en una amenaza estructural para el comercio de barrio.
Si no puedes competir, al menos participa
Ante este escenario, algunos comerciantes optan por una solución pragmática: aceptar paquetes de Temu para generar un ingreso extra. No sustituye las ventas perdidas, pero ayuda a mantener la persiana subida. Es una forma de asumir que la batalla comercial está perdida, pero no la supervivencia inmediata.

La paradoja es evidente. Temu reduce las ventas del bazar, pero al mismo tiempo le aporta clientes que cruzan la puerta para recoger pedidos. El comerciante sabe que muchos de ellos no comprarán nada, pero prefiere eso a ver el local vacío.
Un síntoma de algo más profundo
El caso de este bazar no es aislado. Refleja un cambio profundo en el consumo y en la estructura del comercio urbano. Temu no solo compite en precio: redefine el papel de las tiendas físicas, que pasan de ser puntos de venta a simples nodos de reparto.
Para muchos pequeños negocios, la pregunta ya no es cómo competir con Temu, sino cuánto tiempo podrán resistir antes de rendirse del todo. Algunos ya han tirado la toalla. Otros aguantan, esperando que el modelo encuentre algún tipo de equilibrio que hoy, de momento, no se vislumbra.
