Buceo mortal: salen en un tour y el barco les abandona en alta mar

Tom y Eileen salieron a bucear y, al volver a la superficie, el barco ya no estaba. Se había marchado sin ellos. La nota que se encontró semanas después pone los pelos de punta

El 25 de enero de 1998, Tom y Eileen Lonergan, un matrimonio estadounidense, subió al barco “Outer Edge” para pasar un día de buceo en la Gran Barrera de Coral, frente a la costa de Queensland (Australia). Era el tipo de excursión que se vende sola: tres inmersiones, buen tiempo, tripulación con experiencia y un grupo numeroso.

El matrimonio en uno de sus tantos viajes

La tercera inmersión fue a media tarde. Descendieron hasta unos 12 metros. Y cuando subieron a la superficie, lo primero que buscaron no fue tierra ni un punto en el horizonte: fue el barco.

Pero el barco no estaba.

Se había ido sin ellos. Nadie, ni la tripulación ni el resto de pasajeros, levantó la mano para decir lo obvio: “Faltan dos”.

El tipo de barco que se utiliza para submarinismo

El error que no terminó en el arrecife

Lo más perturbador de esta historia no es solo el abandono. Es el tiempo que tardó el mundo en darse cuenta.

La búsqueda no se activó de inmediato. Pasaron cerca de 48 horas hasta que la ausencia se confirmó al encontrar el equipo y las pertenencias de los Lonergan aún a bordo y comprobar que no habían regresado a su alojamiento. ¿Cuánto tiempo podían seguir con vida en el mar?

Las primeras horas a la deriva

Durante las primeras seis horas, el cuerpo enciende las luces de emergencia. La adrenalina y el cortisol aceleran el corazón, aprietan el pecho, disparan la respiración. El cerebro se queda en modo alarma, obsesionado con una sola idea: “¿dónde está el barco?”.

La inmensidad de la barrera de coral australiana

Mientras tanto el agua hace su trabajo silencioso. Incluso estando templada, roba calor más rápido que el aire. La sal castiga desde el primer momento: ojos irritados, visión borrosa, escozor en la garganta y en la piel. Al principio todavía queda energía para aguantar, gritar, intentar hacerse ver.

De 6 a 24 horas: el desgaste

A partir de ahí empieza el deterioro. El sol y el viento van secando el cuerpo poco a poco, y la deshidratación se vuelve el eje de todo: sed creciente, calambres, debilidad, mareos. Si se traga agua salada el problema empeora, porque el organismo necesita gastar más agua para eliminar el exceso de sal.

Los tiburones están presentes en el arrecife de coral

El reflejo del sol sobre el mar multiplica las quemaduras. Aparecen náuseas y cada vómito deshidrata aún más. Con el paso de las horas, los músculos se fatigan y mantener la cabeza fuera del agua deja de ser un acto automático para convertirse en un esfuerzo.

De 24 a 48 horas: la mente deja de ser aliada

Entre las 24 y 48 horas, la supervivencia depende de tomar decisiones correctas, pero el propio cuerpo empieza a impedirlo. La deshidratación se vuelve severa: el corazón se acelera, los calambres se intensifican, y cualquier movimiento duele. La confusión es grande: cuesta medir el tiempo, cuesta planificar, cuesta elegir bien.

El descanso, si llega, son microsiestas involuntarias, peligrosas, porque un minuto mal colocado puede significar perder la orientación, soltar el equipo o tragar agua. En ese punto, el impulso humano de “hacer algo” puede ser el golpe definitivo. Nadar sin referencia sale caro: consume energía, aumenta la deshidratación y aleja del área de búsqueda.

La prueba de que siguieron luchando

Semanas después de que la búsqueda se suspendiera apareció una pieza que transformó el caso en algo todavía más oscuro: una pizarra de buceo, de las que se usan para escribir bajo el agua, con un mensaje de auxilio fechado al día siguiente del abandono. El texto decía: “Lunes 26 de enero, 08:00 AM. Hemos sido abandonados por el barco. Por favor, ayúdennos antes de que muramos. ¡Ayuda!”

La pizarra acuática encontrada semanas después

La nota muestra una terrible realidad: al menos durante un tiempo, estuvieron ahí, conscientes, esperando que alguien regresara.

Los cuerpos nunca fueron recuperados.

Qué pudo ocurrir

Sin un hallazgo definitivo, los investigadores y expertos barajaron varias posibilidades con un eje común: exposición, deshidratación y finalmente, ahogamiento. Algunos plantearon que, tras horas o días bajo el sol, la desorientación pudo llevarles a desprenderse del equipo. Y sin chaleco mantenerse a flote es muy difícil.

La especulación ha incluido también la hipótesis de depredación. Un buceador experto llegó a afirmar: “Mi opinión es que fueron devorados por un tiburón tigre en las primeras 24–48 horas”.

El detalle imperdonable

Al atracar el barco quedaron dos pares de zapatos en el muelle y nadie reaccionó. La conductora del autobús que debía recoger a los Lonergan avisó de que no los encontraba. Y aun así, la desaparición no se detectó oficialmente hasta dos días después, cuando el patrón halló pertenencias de la pareja a bordo y verificó que no habían vuelto a su alojamiento.

El Capitán del barco que fué finalmente puesto en libertad

El episodio derivó en sanciones y cambios en la seguridad del buceo recreativo. Los recuentos se endurecieron: dobles, con verificación visual y firmas.

En 2003 se estrenó la película “Open Water” (“Mar abierto”) inspirada en el caso Lonergan: una pareja emerge y descubre que el barco se ha ido, y el mar se convierte en una jaula sin barrotes.

Fotograma de la película Open Water, basada en el caso

El cine añadió tensión, ritmo, amenaza. Pero para este matrimonio la realidad fue insoportable: dos personas mirando alrededor, buscando desesperadamente un barco que ya no estaba.

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