“La prioridad ahora es asistir, es acompañar”. Así lo dijo la Reina en las primeras declaraciones a la prensa desde Atenas, casi 15 horas después del brutal accidente ferroviario que dejó sin vida a 45 personas a las 20:45 del domingo 18 de Enero. Los Reyes, en el funeral de la Princesa Irene de Grecia, agilizaron su regreso para poder organizar la visita a la zona cero del accidente.

Mientras estas palabras tenían lugar, parte de los equipos de Zarzuela se encontraban en el centro cívico de Córdoba. Allí, transmitieron el deseo expreso de los Reyes de encontrarse con los familiares de las víctimas, con el fin de organizar un encuentro. Sin embargo, los psicólogos aconsejaron posponerlo, dado que el suceso era demasiado reciente y los damnificados podían no estar preparados al haber perdido de una manera tan reciente a sus seres queridos. La Casa no insistió.
La visita a la zona cero
La situación viró cuando, a la salida del hospital universitario de Córdoba, después de atender a los heridos, familiares de los fallecidos esperaban a los Reyes en la puerta del hospital para encontrarse con ellos. Con ellos, no con la clase política. Hacer una diferenciación en ese momento, acompañados por la ministra de jornada, María Jesús Montero, hubiera sido muy difícil y podría haber generado un desencuentro.
Este gesto generó diversas especulaciones, y no fueron escasas las críticas hacia los Reyes, con el pretexto de que se habían colocado más de parte del Gobierno que del sentir de los ciudadanos. Las posteriores declaraciones in situ de los Monarcas, en las que lanzaron un mensaje de solidaridad y empatía colectiva sin exigir responsabilidades políticas, fueron también analizadas de forma negativa por una parte de la sociedad. Fuentes de la Casa aseguran que se actuó con prudencia, y que aún no se conocían las informaciones que se han conocido posteriormente.

El presidente Sánchez anunció el 21 de Enero que, de acuerdo con la Junta de Andalucía, se organizaría un homenaje de Estado el día 31, dos semanas después de que el accidente tuviera lugar. Los Reyes confirmaron que presidirían el acto. El día 25, seis días antes de la fecha prevista para el acto, el Ejecutivo canceló el Homenaje debido a que muchas de las víctimas no iban a poder asistir.
El obispado de Huelva anunció entonces el lunes 26 la celebración de una misa funeral por los muertos en el accidente ferroviario. Se mandó la invitación a la Casa y los Reyes confirmaron, tras lo que se descolgó el teléfono para informar al Gobierno. Moncloa decidió que la vicepresidenta Montero y candidata a las elecciones andaluzas fuera la ministra de jornada.
La connotación política
El funeral adquirió rápidamente una connotación política al confirmar su asistencia el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. El partido de la Oposición pidió al Gobierno que se ausentara del oficio religioso, ante lo que el Ejecutivo contestó y, tal y como adelantó este medio, anunció más representación del Ejecutivo: serían Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, y Luis Planas, titular de Agricultura y Pesca, quienes viajaran a Huelva.
Mientras la clase política se lanzaba sus dardos, los Reyes tenían un objetivo fijo: estar con los damnificados por el accidente, como no pudieron hacerlo el día después del suceso. En el formato no iba a encajar un encuentro aparte, pero sí un acercamiento a las víctimas, al igual que sucedió en el funeral de la Dana tras la misa. Por su parte, fuentes del Ejecutivo informaron a este medio de que habría un saludo con los familiares en caso de que se la situación lo propiciara.

El jueves, los Reyes llegaron a Huelva con puntualidad regia: cinco minutos antes de que comenzara la misa a las 18:00. Durante el trayecto en helicóptero, transmitieron a su equipo que querían atender a tosas las víctimas que quisieran hablar a los Reyes, y dedicarles el tiempo que cada uno necesitara. Y así fue: casi una hora estuvieron con los asistentes. Una hora de escucha, de empatía y cercanía.
El discurso de Liliana
Liliana, cuya madre perdió la vida en el accidente de tren, pronunció un discurso en el que dio una lección de categoría, entereza y sentimiento. Un mensaje que no buscó generar discordia, pero supo decir cosas claras. Entre ellas, que Andalucía es un pueblo creyente: “El único funeral que cabía con la única presidencia que queremos a nuestro lado es la de Dios”, afirmó, en un claro mensaje al Gobierno. Dio las gracias a todos los asistentes, “incluso a los que vienen por agenda”, y dejó claro: “Somos las 45 familias que lucharán por saber la verdad”.
El Ejecutivo no se acercó a las víctimas
En ese contexto, el Ejecutivo no quiso acercarse a las víctimas. Fuentes la Junta informan a este medio de que, incluso, alguno de los familiares les indicó con el gesto a los ministros que se acercaran. “Yo entiendo que tuvieran miedo”, dice una de los asistentes. “Creo que el funeral fue un ejemplo de respeto y solemnidad. Una lástima que a la salida vuelvan a centrarse en hacer caja”.
A su regreso, los Reyes, adentrados en la intimidad de la noche, desde el cielo, compartieron su sobrecogimiento por el cúmulo de emociones almacenadas, todo ese tiempo de escucha, convertidos en soporte. En la actualidad, la Casa estudia la forma de hacer seguimiento y no olvidar a los que escucharon cuando los focos se retiren.
Los Reyes fueron los padres del Estado, y fue en ese momento cuando se comprendió aquello que dice la Constitución: el Rey debe ser el garante de la unidad de España. Y el jueves, Don Felipe y Doña Letizia fueron pilares de la unidad nacional.
