Opinión

Alvise, la piedra en el zapato de Abascal

Alvise y Abascal.
Actualizado: h
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Uno de los grandes titulares del 15M electoral de Castilla y León es que Vox ha frenado su racha arrolladora. Sin embargo, el hecho de que fuera una sorpresa es solo una cuestión de perspectiva: como las últimas encuestas le auguraban un resultado por encima del 20%, todo lo que no sea llegar hasta ahí parece un fracaso. Pero lo cierto es que Vox ha obtenido un resultado muy sólido: un 18,9%, que lo sitúa como el segundo partido con mayor subida (1,3 puntos con respecto a 2022) y supone un récord para el partido en unas autonómicas.

Si en la sede de Bambú no andan todo lo satisfechos que podrían es, probablemente, por dos razones. La primera, como ya contamos ayer, es porque las ciudades les han jugado una mala pasada. Descontando los diez mayores municipios, Vox ha obtenido el 20,7% en el resto de la comunidad. Y la segunda es que a Santiago Abascal se le ha metido una piedra en el zapato: Alvise Pérez con Se Acabó la Fiesta. No impide andar, pero molesta.

SALF compite con Vox en el terreno de la derecha autoritaria y antisistema. Los primeros luchando contra la “partitocracia”, los segundos criticando la “estafa del bipartidismo”. Es una lucha desigual, porque SALF es solo Alvise, mientras que Abascal tiene detrás una verdadera estructura de partido. Pero esto no impide que Alvise reste capacidad de crecimiento a Vox allí donde coinciden.

El eurodiputado Alvise Pérez en el Tribunal Supremo.
EFE

En Extremadura no hubo candidaturas de SALF, por lo que los de Abascal acapararon el protagonismo en la derecha autoritaria. En cambio, sí hubo competencia en Aragón. Allí Vox llegó al 17,9%, mientras que Alvise se quedó en el 2,7%, a un puñado de votos de conseguir escaño en Zaragoza. La suma de ambos era del 20,6%. Ahora, en Castilla y León, Vox ha subido al 18,9% y SALF solo ha obtenido el 1,4%. ¿Cuánto suman? El 20,3%, prácticamente lo mismo que en Aragón. Ojo, por tanto, con minimizar el avance de los autoritarios.

Hagamos un poco de política-ficción. ¿Qué habría pasado si Alvise no se hubiera presentado en Castilla y León y Vox acaparara todos sus votos? Pues resulta que SALF habría obtenido tres escaños –en Zamora, Valladolid y Segovia–, todos ellos en perjuicio del PSOE. ¿Imaginan cómo habría cambiado la lectura de una noche electoral con Vox en el 20,3% y 17 escaños y un PSOE con solo 27 diputados? Era un escenario posible, según las encuestas, pero al final no lo fue.

Por mucho que en el entorno de Vox lo utilicen para atacar a Alvise, que lleva dos días muy dolido por ello, este ejercicio no es más que un espejismo. En el juego de las ficciones siempre cabrían realidades paralelas, como la de un bloque de la izquierda reunido en una sola candidatura, que habría permitido al PSOE acercarse a los resultados del PP.

Abascal junto a Pollán.
EFE/Nacho Gallego

Lo sustancial de todo esto son dos conclusiones. La primera es que la derecha autoritaria está consolidando una base electoral muy importante, hasta el punto de abarcar el apoyo de uno de cada cinco votantes en Aragón y Castilla y León.
Y la segunda es que SALF puede ser un incordio –pequeño, pero suficientemente molesto–, para las aspiraciones electorales de Vox, con el reto de Andalucía ya a la vista. Abascal se examinará ahí de su reválida autonómica para afrontar las generales de 2027. Alvise lo sabe y ya está jugando con ello en su particular campaña en las redes sociales.