Alta costura

Marta Ortega impulsa el gran giro de Zara con el fichaje de John Galliano

La alianza de dos años entre la presidenta de Inditex y uno de los creadores más influyentes (y más discutidos) de las últimas décadas redefine la ambición cultural de Zara

Marta Ortega lleva Zara a otro nivel con el fichaje de John Galliano. Fotografía: EFE

No es una colaboración más ni una cápsula especial para agitar redes sociales durante una semana. El fichaje de John Galliano por Zara, para ser más precisos por Marta Ortega, tiene la escala de una declaración estratégica; la mayor cadena de Inditex quiere seguir siendo un gigante comercial, sí, pero también consolidarse como un actor con legitimidad cultural en la conversación global de la moda. La operación, anunciada este 17 de marzo, contempla una asociación creativa de dos años en la que Galliano “reautorizará” el archivo de Zara a través de colecciones estacionales, con un primer lanzamiento previsto para septiembre de 2026.

La noticia ha tenido un eco inmediato en cabeceras internacionales, algo que no siempre ocurre con los movimientos de una firma nacida en el mass market. Y eso ya dice mucho del calibre del nombre elegido. Para la prensa anglosajona, el regreso de Galliano al tablero no solo supone la vuelta de un diseñador-autor tras dos años de silencio desde su salida de Maison Margiela en 2024; también marca un punto de inflexión para Zara, que deja de mirar la colaboración como un golpe de marketing puntual para usarla como herramienta de posicionamiento global.

La clave del movimiento está, en buena medida, en Marta Ortega. Desde que asumió la presidencia de Inditex en 2022, ha ido dibujando una hoja de ruta menos estridente que precisa: acercar el grupo, y sobre todo Zara, a los códigos del lujo sin romper del todo con su ADN comercial. No se trata de convertir Zara en una maison, sino de dotarla de una pátina de autoridad estética que la distinga en un mercado cada vez más saturado por la copia rápida, la presión promocional y la competencia de plataformas ultrabaratas. En esa estrategia encajan las colaboraciones con Narciso Rodriguez, Stefano Pilati, Kate Moss o Steven Meisel, pero el nombre de Galliano juega en otra liga: la de los creadores capaces de alterar el relato de una marca solo con su firma.

También encaja el origen de la alianza. Según explicó el propio Galliano a Vogue, el proyecto nace de sus conversaciones con Marta Ortega Pérez y de la relación personal construida en torno a la MOP Foundation, la fundación de la presidenta de Inditex, que ha impulsado en A Coruña exposiciones de nombres capitales de la fotografía de moda. Esa conexión ayuda a entender que el fichaje es la prolongación de una sensibilidad cultural que Ortega lleva tiempo tratando de vincular a su liderazgo. El mensaje implícito está claro. Y es que Zara no quiere limitarse a vender tendencia; quiere participar en la fabricación de prestigio.

Galliano, por su parte, aporta algo que casi ningún otro diseñador vivo puede ofrecer a una firma de gran distribución; una imaginación reconocible al primer vistazo. Su trayectoria en Dior entre 1997 y 2011 y, más tarde, su década en Maison Margiela, consolidaron una idea de la moda entendida como relato, teatralidad, deconstrucción y memoria. Por eso resulta tan sugerente, y tan arriesgada, la fórmula anunciada: trabajar con el archivo reciente de Zara, desmontarlo y recomponerlo mediante un proceso descrito por la propia marca como guiado por la “costura” y la autoría. La promesa no consiste en trasladar sin más el Galliano de Dior a un perchero comercial, sino en someter el lenguaje de Zara a una intervención de diseñador.

Queda, por supuesto, la gran incógnita: ¿Cómo se traducirá Galliano en Zara? Por ahora no se han detallado precios, número de entregas ni formato de presentación, más allá de que la primera colección llegará en septiembre y de que habrá nuevos anuncios “a su debido tiempo”. La prensa especializada apunta a piezas reconstruidas desde colecciones pasadas, con un sesgo de atelier y una sensibilidad más cercana a la manipulación de la forma que al simple ejercicio nostálgico. Es decir, menos revival literal y más reinterpretación.

Pero el movimiento no está exento de lectura política y moral dentro del propio sistema moda. Galliano sigue siendo una figura extraordinariamente influyente, pero también arrastra el peso de su caída en 2011 tras los comentarios antisemitas y racistas que provocaron su salida de Dior, un episodio que la prensa internacional vuelve a recordar al informar sobre su regreso al primer plano. En ese sentido, el fichaje por Zara también reabre el debate sobre hasta qué punto la industria separa obra y biografía, talento y responsabilidad. Que sea precisamente una compañía del tamaño e impacto de Zara la que lo reincorpore al centro del escaparate global multiplica esa conversación.

Aun así, en términos estrictamente empresariales y simbólicos, Marta Ortega ha conseguido exactamente lo que buscaba cualquier gran ejecutiva de moda; que todo el mundo hable de su marca, pero no solo en términos de ventas, sino de visión. Con Galliano, Zara gana tensión narrativa, prestigio aspiracional y una dosis de imprevisibilidad que ninguna hoja de Excel puede fabricar. Y Galliano obtiene algo igualmente valioso… una plataforma inmensa, global, capaz de llevar su nueva etapa a una escala que ni la alta costura ni el lujo tradicional pueden igualar hoy. ¿Qué significará Zara después de él?

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