Así se llama en el libro de Maggie O’Farrell y en la película dirigida por Chloé Zhao. Agnes es la protagonista absoluta de ‘Hamnet’, aunque el famoso sea su marido William Shakespeare. En los dos formatos se cuenta la misma historia: el drama que vivió la esposa del dramaturgo al perder a su hijo.
El papel en la gran pantalla lo ha interpretado Jessie Buckley. Todo el mundo daba por hecho que se iba a llevar el Oscar a la mejor actriz porque ya había ganado varios premios. Cuando dijeron su nombre, se tapó el rostro con las dos manos y tardó unos segundos en reaccionar.
La irlandesa emocionó a la sala con su discurso de agradecimiento. Fue entrañable. Ella acaba de tener una hija y ahora conoce bien ese miedo visceral a que le pase algo. Por eso, la estatuilla se la dedicó “al hermoso caos del corazón de una madre”. Ese mensaje nos describe, sin duda alguna, a todas las que lo somos.

Hay quien dice que Agnes reacciona como lo haría una mujer contemporánea y no como la que correspondería a su época. En el pasado se sabía perfectamente que la esperanza de vida era un lujo y las enfermedades, incontrolables. Pero creo que da igual. Si te toca, no creo que te puedas recuperar nunca.
Agnes descubre, como hacemos muchas, que puede soportar todo lo que le echen: partos, soledad, separación de su familia… Pero la muerte de su niño es algo superior a sus fuerzas. Ella que está tan en contacto con la naturaleza, que recurre a las plantas para hacer remedios, que huye al bosque para respirar, que va a dar a luz entre árboles porque se siente protegida… Ella nota que, de pronto, le arrancan las raíces de cuajo. Esas que sirven para mantenerse en pie.
Entonces, el dolor se hace insoportable. Y es que hay sufrimientos que no se calman con nada. No funcionan las palabras. Tampoco cualquier ayuda. Además, las aflicciones no se acaban con el tiempo. Su intensidad no disminuye con la costra que se forma alrededor de la herida. Ahí, pica mucho; después, escuece. Hay todo un proceso de duelo que los demás piensan que con los años se va cerrando cuando realmente ya se lleva siempre por dentro.
Buckley nos transmite todo eso en varias escenas. Pero hay una en la que la sala de cine tiembla a su lado: justo cuando escucha su grito desgarrador. En él se condensa una pena infinita que contagia al público de forma inmediata. Su cara se deforma, sus ojos se pierden, sus labios se quedan blancos. Al principio, retumba. Pero, a continuación, se ahoga. Y debe recuperar el aliento con una bocanada de aire que conmueve. Es animal, instintiva e impactante. De esta manera, demuestra su absoluta vulnerabilidad. Por lo visto no estaba en el guion. En una entrevista contó que había improvisado, dejando salir lo que llevaba en el corazón.
La verdad es que al leer la obra no me imaginé a Agnes nunca con esa cara. Pero es lo de menos. Sí la ves como una mujer con carácter que no permite que su marido esté cerca en esos instantes tan duros porque considera que su aflicción es inferior a la suya, porque no ha estado presente cuando le necesitaba y porque parece no comprenderla. Hasta que presencia en el teatro ‘Hamlet’ y comprende que él ha tratado de canalizar su propia angustia convirtiendo a su pequeño en un personaje inmortal.
Siempre he pedido que los males del universo recaigan sobre mi espalda y no en la de mis hijos. Yo aguantaré cualquier cosa, salvo que les suceda algo. Y siempre tengo presente una advertencia que se hace en la novela: “Lo que se nos da se nos puede quitar en cualquier momento. La crueldad y la devastación nos aguardan a la vuelta de cualquier esquina, dentro de un arcón, detrás de una puerta: saltan sobre una en cualquier momento como un ladrón o un bandido. La cuestión es no bajar nunca la guardia”.
O’Farrell nos da las claves: “No creer nunca que se está a salvo. No dar nunca por hecho que el corazón de tus hijos late, que tus hijos beben leche, que respiran, que andan y hablan, sonríen, discuten y juegan. No olvidar ni un momento que pueden desaparecer, que te los pueden robar en un abrir y cerrar de ojos, que se los pueden llevan como leves vilanos”.
