“Nos vamos a manifestar el día 31 toda la familia, esperamos por favor que nos apoyéis y estéis con nosotros ese día luchando por esta injusticia”. Quien habla es Maria Miedes, allegada de los Zamorano Álvarez, un apellido que significa tragedia: apenas una niña de seis años ha sobrevivido al terrible accidente del domingo. Su padre, madre, hermano y primo, están muertos.
Miedes no se siente representada por unas instituciones que siente, le han dado la espalda. Antes y después. Habla en nombre de familiares de víctimas que no les basta con un “homenaje de Estado”, quieren explicaciones. A algunos supervivientes de muertos o heridos, se les suma, además, la impotencia por no haber sido recibidos por los Reyes el pasado martes. Hay una explicación.
Cronología de una visita
El domingo 19 de este mes, a las 19.30 horas, tiene lugar a la altura de Adamuz (Córdoba) un accidente ferroviario. El vagón 6 de un Iryo hace descarrilar al tren y choca con un Alvia que, desgraciadamente, pasa en esos instantes por la vía contraria. La Casa del Rey informa: “El Rey sigue la situación con gran preocupación y en permanente contacto con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, para conocer la evolución del grave accidente”.
Un día después, el presidente del Gobierno viaja a Adamuz al puesto de mando, para reunirse con el presidente andaluz y el resto de autoridades. Sánchez no tuvo contacto con los familiares de los damnificados por el accidente. Los familiares se encontraban en Córdoba, en el puesto cívico. Tras los altercados en Paiporta por la DANA, el presidente opta por no agitar los ánimos de las personas afectadas en las, demasiado seguidas, tragedias que sufre este país.

Ese lunes, los Reyes se encuentran en Atenas, junto a la Reina Sofía, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, para asistir al funeral de la Princesa Irene de Grecia. Desde allí, tanto Don Felipe como Doña Letizia transmiten que adelantarán su vuelta a España para preparar la visita a Córdoba. La Reina matiza: “La prioridad ahora es atender, acompañar y asistir a todos los afectados por el brutal accidente”.
Mientras estas declaraciones tienen lugar, los equipos de Zarzuela se encuentran en el centro cívico de Córdoba, preparando la visita. Según ha podido saber este medio, desde la Casa se transmite el deseo de los Reyes de, como manifestó Doña Letizia en Atenas, reunirse con los heridos y familiares. El equipo de psicólogos aconseja que no lo hagan, dado que consideran que, dos días después del accidente, las personas estaban muy afectadas. Zarzuela respeta la visión profesional y no insistió.
Los familiares quisieron reunirse con los Reyes
Cuando el martes llegan los Reyes al centro cívico, un grupo de familiares esperan a los Reyes y piden verse con Don Felipe y Doña Letizia, pero no quieren hablar con la clase política. Según informan, todo se desarrolló muy rápido, y los Reyes iban acompañados por la designada ministra de jornada, María Jesús Montero. Quien, además, es candidata a las elecciones andaluzas. En un escaso intervalo de tiempo, se tomó la decisión de seguir con el plan establecido para no generar revuelo. Tomar una decisión así de forma espontánea sin haberlo consensuado con el Gobierno y arriesgarse a un desencuentro público hubiera sido arriesgado.

Pero la negativa no fue muy entendible para algunas personas que querían el consuelo de los Reyes, de la más alta representación del país en el que viven.
La empatía de Doña Letizia con las víctimas
Sucedió con la Dana, y volvió a suceder en Córdoba. La Reina conquista en los momentos en que la sociedad necesita empatía. Doña Letizia sabe escoger sus palabras, sabe cuáles son sus límites constitucionales y se centra en, como ella misma dijo, acompañar y asistir. “La Reina se ha preocupado por mí”, dijo un emocionado Julio, el joven que sin pensarlo se adentró en la oscuridad de la estación para salvar todas las personas que pudiera. “Veo en ti la juventud de España”, le dijo el Jefe del Estado. Doña Letizia se preocupó por sus secuelas psicológicas después de lo vivido.
En el hospital universitario Reina Sofía, los ciudadanos gritaron vivas a los Reyes. La mirada de la Reina arropaba a los niños heridos, les cogía de la mano y los escuchaba.

“Somos responsables de no retirar la mirada cuando se limpian los escombros”, recordó una frase que leyó en la prensa cuando atendió a los medios, y realzó el “valor que supone ser conscientes de esa vulnerabilidad compartida”. En la Reina, además, el lenguaje no verbal tiene en ocasiones más fuerza que la palabra, pese a ser un campo que domina. Los afectados sienten que la Reina siente con ellos.


