Lookazos del séptimo arte

Oda a los vestidos más icónicos del cine

De (ese) vestido verde de Keira Knighley en Expiación pasando por el Carolina Herrera de Kate Hudson en 'Cómo Perder A Un Chico En 10 Días'. En plena temporada cinematográfica de premios, repasamos cinco de las piezas más icónicas del celuloide que todavía dictan tendencia

Fotografía: Kiloycuarto

Algunos vestidos no son solo prendas, sino momentos que se quedan grabados en la retina y que definen un deseo más allá de una estética, una década o un personaje. En mi caso, el vestido de Kate Hudson en Cómo Perder A Un Chico En 10 Días (2003), por el que quise ser rubia, o el night gown de Keira Knightley en el melodramático filme de Joe Wright Expiación (2008), por el que aun deseo haber vivido la década de los 30 en Inglaterra (y no ir todo el día en vaqueros y/o mallas).

La prueba fehaciente de que el cine no solo nos regala tramas memorables, sino también estéticas inspiradoras donde el vestuario juega un elemento, en muchos casos, más importante como el casting. Diseñados por figuras clave, desde Givenchy hasta William Travilla, pasando por Carolina Herrera, no solo cumplieron con las exigencias de la película, sino que se convirtieron en piezas que resuenan mucho más allá de su contexto original. 

Y, a pesar de que la propia Kate Hudson reconociera no tener idea del paradero actual del vestido que portaba su personaje en cuestión, la mayoría son hoy piezas de museo. Razón de más para, en plena temporada de premios (y a las puertas de los Oscars), recordar algunos de los que pasarán a la historia que, desde el glamour clásico de Hollywood hasta las comedias románticas modernas de los 2000, siguen siendo referentes indiscutibles de la cultura popular.

El vestido rojo de Julia Roberts en ‘Pretty Woman’ (1990)

El little black dress de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes (1961)

Holly Golightly (Hepburn) comiéndose un cruasán mirando el escaparate de Tiffany’s. Existen pocos comienzo de película más icónicos en el cine del s. XX que el de esta adaptación de la novela de Truman Capote para la que Hubert de Givenchy (diseñador predilecto de la actriz) creó el perfecto vestido negro. A saber: corte sencillo, long midi y cuello ligeramente caja con espalda cruzada; todo, eso sí, coronado por una tiara, un collar de perlas, un recogido alto en caracol y un par de guantes largos de raso a juego con el outfit. Un referente más del filme que, gracias a su mezcla de elegancia minimalista y vanguardia, pasó a encarnar por sí solo el estilo sine qua non de la etiqueta cóctel y que, más tarde, bautizó a un básico fundamental del armario femenino moderno: el LBD (o little black dress). De hecho, tan influyente fue su diseño que ha sido reconocido como una de las piezas cinematográficas más importantes del siglo XX, viajando por todo el mundo en exposiciones desde el Museo del Traje de Madrid (a cuya colección Givenchy donó la pieza en 2007), a la organizada por Tiffany’s Visión & Virtuosity en Londres (2022, Londres) pasando por Vogue World, más recientemente.

El little black dress de Audrey Hepburn en ‘Desayuno con diamantes’ (1961)

El vestido blanco de Marilyn Monroe en La Tentación Vive Arriba (1955)

Una imagen vale más que mil palabras, y esta condensa la estética pin-up, la cultura popular y el culto a la tentación rubia en una sola toma: la ya consabida escena de Marilyn Monroe haciendo ademán de sujetarse el vestido cuyo vuelo el viento de la rejilla del metro neoyorkino hace levantar,

Uno símbolos visuales más reconocibles del cine clásico que confeccionó el diseñador de vestuario William Travilla (quien trabajó en más de 100 títulos del celuloide, incluyendo ocho con Monroe). el níveo atuendo contrasta a la perfección con el entorno de cemento en pleno Broadway. Plisado en su forma y sencillo en su corte halter con falda de vuelo, resultó el atuendo perfecto para un máximo impacto visual. La prueba de que menos, casi siempre, es más y de que esta prenda, en concreto, es parte de la memoria colectiva de más de una generación como un ícono de sensualidad y glamour hollywoodiense.

El vestido blanco de Marilyn Monroe en ‘La Tentación Vive Arriba’ (1955)

El vestido rojo de Julia Roberts en Pretty Woman (1990)

El vestido rojo de gala que Vivian Ward (el papel que supuso el salto al estrellato de Julia Roberts) luce en una de las escenas clave de Pretty Woman es mucho más que una prenda bonita: es toda una prueba de disrupción narrativa. Atentiendo a la historia en orden cronológico, este vestido no solo subraya el arco del controvertido personaje de Roberts sino que afianza su confianza (gracias al color) y renovada postura social (gracias al resto el diseño) en el filme. Diseñado por la productora de cine y diseñadora de vestuario Marilyn Vance (que también trabajó en The Breakfast Club o Los Intocables), la prenda simboliza la evolución de Ward de estilismos más casuales y disruptivos a una elegancia más clásica y equilibrada. En esta ocasión además, destaca por su favorecedor escote corazón y corte palabra de honor (y guantes blancos, alla Funny Face), diseño hecho y pensado ad hoc para Roberts con objeto de realzar su estilizada figura y, sobre todo, desatender los consejos acerca de no utilizar rojo en la pantalla. Todo un éxito (como el filme) descrito por Vogue Paris como un diseño “icónico” de la historia del cine, en su momento ayudó a consagrar su estreno en el cine como todo un clásico romántico de la década y (ya) del celuloide universal.

El vestido rojo de Julia Roberts en ‘Pretty Woman’ (1990)

El vestido verde de Expiación (2007)

Hay verdes, verdes esmeralda y luego está el que luce Keira Knightley en su increíble papel de Cecilia Tallis en Expiación. Diseñado por la figurinista Jacqueline Durran en estrecha colaboración con el director Joe Wright, la pieza fue concebida sobre la base de la espalda abierta (como único requerimiento por parte de Wright) para dar lugar una de las escenas emocionales más intensas de la película. Sin hacer demasiado caso del rigor histórico, el color es deliberadamente vibrante y actúa como un ancla visual dentro de una narrativa que se basa en la memoria y el deseo para hacer su efecto. “Tomé elementos de la época que me gustaban y combiné los que favorecerían más a Keira. No es totalmente fiel al período, pero sí hay referencias”, dijo en una entrevista a Vanity Fair.

Durran lo imaginó como una “segunda piel”, “capaz de moverse con naturalidad y transmitir vulnerabilidad”, lo que ayudó a que la prenda trascendiera más allá del film; con una silueta fluida gracias a su tejido ligero (“como algo que llevarías el día más caluroso del verano”, dijo Durran), el vestido destaca por una simpleza que elevan detalles com la doble cintura fruncida (como marcó el estilo Tutankamon de los años 20) y el escote en V, evocando una sensualidad tan elegante como hipnotizante que trasciende la pantalla. No en vano, se trata de una de las piezas de vestuario más icónicas y deseadas del cine contemporáneo (y de la moda actual).

El vestido verde de ‘Expiación’ (2007)

El vestido amarillo más favorecedor del cine, en Cómo Perder A Un Chico En 10 Días (2003)

Probablemente el cierre perfecto a una película es aquel en el que el último estilismo (o uno de ellos) lo hace tan memorable como su desenlace. En este caso, el nudo perfecto de Cómo Perder A Un Chico en 10 Días se resuelve, acaso, con Mathew McConaughey enamorándose (del todo) de Kate Hudson enfundada en un Carolina Herrera dorado que quita el sentido. Primeramente porque no se trata de cualquier dorado sino de un amarillo soleado que animaría cualquier fiesta y dejaría sin sentido a todos los pretendientes posibles. En segundo lugar, porque el corte y el ajuste, gracias su silueta tipo slip dress, la caída fluida del tejido y la espalda descubierta, son tan perfectos que (a pesar de tratarse de una fiesta de diamantes en la ficción) no necesita complemento alguno. Y tercero, porque no hay nadie que podría haber lucido mejor este diseño que Penny Lane, aquí reconvertida en Andie Anderson; una redactora neoyorkina de (a su pesar) estilo en una publicación femenina que tiene por cometido seducir al apuesto e implacable McConaughey. 

El vestido amarillo más favorecedor del cine, en ‘Cómo Perder A Un Chico En 10 Días’ (2003)

A juego con su reluciente cabellera, la actriz luce la dosis justa entre sofisticación y seducción en unos pocos metros de tela de satén y un par de tacones de aguja, demostrando cómo una prenda dentro de una rom-com puede alcanzar estatus de icono cultural. Todo un emblema ya del estilo de las comedias románticas de los 2000 y un objeto de deseo vigente gracias a un color que vuelve a estar más de moda que nunca en las tendencias de esta P/V 26.

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