Cuando Kate Hudson habla de Song Sung Blue, su nuevo filme, no lo hace desde el artificio de crear un musical clásico, lo hace desde un lugar mucho más incómodo y más honesto porque ha llegado a la madurez artística como una mujer que se atreve a preguntarse qué queda por hacer cuando ya ha hecho casi todo. La película, inspirada en el documental homónimo de 2008 sobre el dúo de versiones Lightning & Thunder, utiliza el cancionero de Neil Diamond para contar una historia de amor tardío y segundas oportunidades, que, a la vez, funciona como un espejo de la trayectoria de su protagonista. Hudson, de 46 años, ha pasado más de dos décadas siendo una de las caras más reconocibles del cine comercial estadounidense. Ahora, Hudson, ‘una involuntaria nepo baby’ , interpreta a una mujer golpeada por la vida.
Song Sung Blue, dirigida por Craig Brewer y protagonizada por Hugh Jackman, se estrenó en Estados Unidos el pasado 25 de diciembre y llega ahora a salas españolas de la mano de Universal Pictures. La cinta recrea la trayectoria vital de Mike y Claire Sardinia, una pareja de músicos que, lejos del éxito masivo, encontraron su momento de gloria versionando canciones de Neil Diamond en pequeños escenarios. Kate Hudson encarna a Claire con una contención poco habitual en su filmografía, apoyándose más en los silencios que en los gestos, más en la voz que en la imagen. “No hay brillo en esta película. No hay glamour”, explicó la actriz durante la rueda de prensa. “Hay planos en los que mi madre me vio como una mujer de mediana edad. Eso nos hizo pensar a todos qué significa envejecer y llegar, por fin, a ser quien eres”.

La relación de Kate Hudson con la música no es nueva, pero sí había permanecido en un segundo plano artístico. Cantó y bailó en Nine, dejó una huella memorable en Glee y, sin embargo, nunca terminó de lanzarse. Durante los meses de confinamiento por la pandemia, esa asignatura pendiente empezó a pesarle más de lo esperado. “Crecí viendo a mi madre luchar por la carrera en la que creía, y ganar”, recuerda. “Así que llegó un momento en el que supe que tenía que hacer algo”.
Ese algo no fue inmediato. Kate Hudson habla de la música como un territorio especialmente vulnerable. “Si me hubieran rechazado antes en este ámbito, creo que me habría hecho mucho daño. No estaba preparada”, confiesa. Con el tiempo, sin embargo, llegó la distancia necesaria para asumir el riesgo. “Ahora no tengo ese miedo. Asumo mejor el rechazo. No se puede hacer arte pensando en gustar a todo el mundo”.
En Song Sung Blue, esa vulnerabilidad se traduce en una forma muy concreta de cantar. Gran parte de los temas se grabaron en directo, sin la protección del estudio tradicional. Uno de los momentos clave fue la interpretación de Holly Holy, cuando Claire y Mike empiezan a mirarse de otra manera. “Estábamos cantando uno al lado del otro, mirándonos”, explica Hudson. “El estudio es un lugar muy expuesto donde se oye todo, cada respiración, cada imperfección. Esa canción fue el punto de entrada para abrirnos y ser vulnerables juntos”.

La película encuentra su fuerza en la intimidad de la pareja. Más que un biopic al uso, es una historia sobre la persistencia y sobre la forma en que la música puede sostener una vida entera. “Todo el mundo tiene su propia historia de amor con la música”, dice la actriz. “Pero cuando conoces a alguien que siente lo mismo, no hace falta explicarlo. Lo cantas. Es una conexión muy especial”.
El descubrimiento del repertorio de Neil Diamond fue clave en ese proceso. Kate Hudson reconoce que desconocía buena parte de su obra. “No sabía nada de Cherry, Cherry, ni de Crunchy Granola Suite, ni siquiera de Soolaimon. Me impresionó lo prolífico que es como compositor”. Más allá de los títulos conocidos, lo que le llamó la atención fue el tono constante de esperanza. “Es un escritor muy luminoso. Su música busca conectar, generar alegría”. Algunas canciones incorporan armonías que no existen en las versiones originales de Diamond. “Fue muy colaborativo”, explica. “Para mí, el estudio era un lugar feliz. Craig a veces decía: ‘Déjala ir, que lo dé todo’”. Esa libertad contrasta con la imagen controlada que durante años ha acompañado a la actriz.
Esa idea de la conexión atraviesa también la evolución del personaje de Claire, marcado por un acontecimiento que redefine su forma de estar en el mundo. Hudson lo describe con cuidado, evitando el dramatismo. “Cualquier cosa puede pasar en cualquier momento. Esa es la esencia de Claire. Hay una pureza en cómo vive siempre con alegría, con propósito, llevando a Mike consigo incluso después”. En lo musical, el trabajo fue colectivo.
No es casual que el personaje por el que sigue siendo reconocida por la calle sea Penny Lane, la musa etérea de Almost Famous. “Cada Halloween me encuentro varias chicas vestidas como yo en ese filme”, bromea. Dos décadas después, Kate Hudson parece reconciliarse con aquella joven que soñaba con la música y que quedó atrapada en el éxito precoz del cine. Además del estreno de Song Sung Blue, Hudson ha publicado recientemente su primer álbum en solitario, Glorious, producido por Linda Perry y compuesto junto a su pareja, Danny Fujikawa. Ha actuado en programas como The Voice y The Howard Stern Show, confirmando que esta nueva etapa no es un capricho pasajero. “No quiero que el miedo al rechazo me impida compartir lo que hago”, insistió.
Mientras tanto, continúa trabajando como actriz. Acaba de rodar la segunda temporada de la serie de Netflix Running Point, una comedia ambientada en el mundo del baloncesto creada por Mindy Kaling, donde interpreta a una figura inspirada en Jeanie Buss, presidenta de Los Angeles Lakers. “Ojalá hagamos cuatro temporadas porque nunca había sentido esto antes”.
Kate Hudson sigue abriéndose en canal por su carrera. Song Sung Blue es la historia de dos músicos anónimos que se aferran a las canciones de Neil Diamond para seguir adelante. Es también el relato de una actriz que ha decidido escucharse a sí misma, asumir el paso del tiempo y cantar, por fin, con su propia voz.


