Durante años, Iñaki Urdangarin fue un nombre asociado al silencio, al proceso judicial y a una caída pública sin precedentes. Sin embargo, en su entrevista con Lo de Évole, el exduque rompe parte de ese mutismo y se adentra en el terreno más íntimo: el final de su matrimonio y el inicio de una nueva etapa personal marcada por Ainhoa Armentia.
La reaparición mediática de Iñaki Urdangarin no es casual. Sus palabras llegan años después de que unas fotografías, publicadas en enero de 2022, devolvieran su nombre a las portadas. En ellas aparecía paseando de la mano con Ainhoa Armentia, una mujer hasta entonces desconocida para la opinión pública, cuando todavía estaba casado con la infanta Cristina.
El impacto de unas imágenes que lo cambiaron todo
Aquel paseo marcó un punto de no retorno. Las imágenes de Iñaki Urdangarin y Ainhoa Armentia provocaron un terremoto mediático y precipitaron un debate que llevaba tiempo latente: el futuro del matrimonio tras años de desgaste. No era la primera vez que se hablaba de divorcio, pero sí la primera en que el conflicto se hacía visible para todos.
En la entrevista, Iñaki Urdangarin reconoce que el caso Nóos supuso un golpe devastador para su relación. Aunque rechaza que su paso por prisión fuera el motivo principal de la ruptura, admite que el proceso judicial y la presión constante causaron un daño profundo y prolongado en el tiempo.
“La llama se fue apagando”
Iñaki Urdangarin describe el final de su matrimonio como una consecuencia acumulativa, no como una decisión impulsiva. Habla de un desgaste progresivo, de una relación que se fue apagando mientras atravesaban “todo ese calvario”. Según explica, hubo factores personales, familiares y emocionales que terminaron por hacer inviable la continuidad.

Fue él quien tomó la iniciativa de divorciarse. Un paso que califica de doloroso, pero inevitable. “Fue durísimo”, reconoce, insistiendo en que la decisión afectó a todos: a él, a su entonces esposa y a sus hijos. Para Iñaki Urdangarin, ese momento supuso ejercer, quizá por primera vez en mucho tiempo, una decisión verdaderamente personal.
Ainhoa Armentia y el inicio de otra vida
En ese contexto aparece Ainhoa Armentia. Iñaki Urdangarin habla de ella sin rodeos, alejándose del tono defensivo que ha marcado otras etapas de su vida pública. La define como “aire fresco”, alguien ante quien pudo sentirse escuchado sin ser juzgado, en un momento en el que su entorno estaba marcado por la presión y la exposición constante.
La relación con Ainhoa Armentia, compañera de trabajo en un despacho de abogados, simboliza para Iñaki Urdangarin algo más que un nuevo vínculo sentimental. Representa un cambio de ritmo, una vida más sencilla, menos expuesta y más conectada con sus orígenes y su círculo cercano.
La búsqueda de la sencillez tras la caída
Iñaki Urdangarin insiste en que atraviesa una etapa de replanteamiento vital. Habla del “menos es más”, de recuperar amistades y espacios que considera auténticos. En ese camino, Ainhoa Armentia aparece como parte de una reconstrucción personal que huye del boato y de los privilegios del pasado.

Sobre su relación con la Casa Real, el exduque asegura que no existen límites explícitos a lo que puede decir, aunque subraya que no tiene intención de generar polémicas ni alimentar el cotilleo. Su objetivo, recalca, no es reabrir heridas, sino explicar su versión desde un lugar más sereno.
Con esta entrevista, Iñaki Urdangarin no busca tanto justificarse como cerrar un capítulo. Y en ese relato, Ainhoa Armentia emerge como una figura clave en el tránsito entre la caída pública y una vida que aspira, al menos, a ser más habitable.
