FÚTBOL

Rafaela Pimenta implacable con Rubiales: “¿Habría hecho lo mismo con Messi?”

Una de las agentes más poderosas del fútbol alerta sobre la laxitud con las jugadoras: "Cuando las decisiones se demoran, el mensaje que se envía es peligroso"

En el fútbol de las cámaras y los goles decisivos, el poder no siempre está sobre el césped. A veces se decide en oficinas, llamadas estratégicas y negociaciones que cambian carreras. En ese terreno se ha convertido en referencia Rafaela Pimenta, abogada brasileña que hoy figura entre las agentes más influyentes del planeta y a la que muchos reconocen como la primera gran “superagente” mujer del fútbol.

Con 53 años, su peso en la industria ya no es una sorpresa para nadie. Su inclusión en la lista 50 Over 50 de Forbes la sitúa junto a mujeres líderes de distintos sectores y confirma su papel clave en un negocio que durante décadas fue territorio casi exclusivo de hombres.

Fútbol, poder y grandes contratos

En los grandes despachos del fútbol europeo se toman decisiones que valen millones, y en muchas de ellas aparece el nombre de Rafaela Pimenta. La agente brasileña trabaja con figuras de máximo nivel como Erling Haaland, del Manchester City, y el técnico Arne Slot, hoy al frente del Liverpool. Su día a día, asegura, poco tiene que ver con el de los agentes de otra época.

“Hoy un jugador es una estructura completa”, señala. “No gestionas solo su contrato deportivo, gestionas su imagen, sus acuerdos comerciales y su futuro fuera del campo”.

Rafaela Pimenta, Pavel Nedvěd y Paul Pogba
@rafaelavitalepimenta

Para Pimenta, el futbolista de élite se parece cada vez más a una empresa internacional. “Ya no negociamos solo salario y años. Hablamos de derechos digitales, patrocinadores internacionales, inversiones… Es un ecosistema entero”, afirma. Ese cambio ha transformado también la profesión. “Quien cree que puede hacerlo todo solo no está entendiendo el tamaño real del negocio”.

El mercado debe ser más justo

En pleno mercado de transferencias, Rafaela Pimenta analiza el tablero con espíritu crítico. Desde su experiencia en operaciones de primer nivel, percibe que el balance de poder se ha inclinado con fuerza hacia los clubes, dejando a los futbolistas con menos margen del deseado para decidir su futuro. “Hay jugadores que sienten que no tienen salida aunque la necesiten”, comenta. “No quiero romper el sistema, pero sí equilibrarlo”.

A su juicio, el problema no es solo deportivo ni económico, sino humano. “Cuando el futbolista se convierte solo en un número en una hoja de balance, estamos olvidando que es una persona con una carrera corta y una vida más allá del fútbol”.

Las recientes resoluciones judiciales en Europa que han puesto bajo la lupa algunas normas del sistema de traspasos de la FIFA representan, para ella, una oportunidad de cambio. “Es el momento de modernizar reglas que se quedaron atrás. El sistema tiene que ser justo para todos, no solo para los más fuertes”.

Sin espacio para las improvisaciones

El mercado de fichajes ya no se parece al de antes y Pimenta lo ha vivido en primera fila. La agente recuerda una época en la que muchas operaciones se resolvían a base de intuición, presión y largas noches de negociación. “Había traspasos que se cerraban en una noche, encerrados en una sala”, rememora. Ese modelo, explica, ha quedado atrás. Hoy cada movimiento se cocina a fuego lento y con múltiples capas de revisión. “Ahora necesitas meses de preparación, equipos legales en varios países y una coordinación milimétrica. Nada se improvisa”.

El cambio no es solo jurídico o financiero, también mediático. La imagen pública de los futbolistas influye cada vez más en su valor y en sus contratos. “Las redes sociales han multiplicado las oportunidades, pero también los riesgos”, advierte. “Una decisión fuera del campo puede tener consecuencias contractuales. Todo está conectado”.

Paul Pogba y Rafaela Pimenta sujetando la Copa del Mundo en 2018
@rafaelavitalepimenta

Más mujeres, viejos prejuicios

En los despachos del fútbol de élite, el talento no siempre ha sido suficiente para abrir puertas. Rafaela lo sabe bien. Su trayectoria también está marcada por las barreras que ha tenido que superar por ser mujer en un entorno tradicionalmente dominado por hombres. “Muchas veces entraba a una reunión y asumían que yo no era quien tomaba las decisiones”, recuerda. “Tenías que demostrar el doble para que te escucharan la mitad”.

Durante años, explica, muchas mujeres desempeñaron funciones determinantes dentro de los clubes sin recibir el reconocimiento acorde a su responsabilidad. Entre las pocas figuras visibles de aquel tiempo menciona a Marina Granovskaia en el Chelsea, una excepción en un panorama con escasa presencia femenina en puestos de poder.

Aunque valora que el contexto ha mejorado, advierte que el problema no ha desaparecido. “Hoy hay más mujeres y más respeto, pero el prejuicio no ha desaparecido; solo es más sutil”.

Pimenta, dura con el caso Rubiales

Cuando se aborda el debate sobre los límites y el respeto en el fútbol femenino, Rafaela Pimenta habla sin rodeos. Para ella, lo ocurrido con Luis Rubiales y Jenni Hermoso tras el Mundial marcó un punto de inflexión que expuso carencias profundas dentro del entorno futbolístico.

“La pregunta es sencilla”, plantea. “¿Habría ocurrido lo mismo si en lugar de una jugadora hubiese sido una gran estrella del fútbol masculino, como Lionel Messi?”. A su juicio, esa comparación deja al descubierto un desequilibrio evidente. “Todavía hay quien cree que en el fútbol femenino se pueden cruzar límites que serían impensables en el masculino”. Su análisis no se limita al gesto en sí, sino que se extiende a la respuesta posterior. “Tan importante como el hecho es el tiempo que se tarda en actuar”, señala. “Cuando las decisiones se demoran, el mensaje que se envía es peligroso”.

El beso no consentido de Rubiales a Jenni Hermoso en la final del pasado mundial de Australia y Nueva Zelanda

Para Pimenta, el caso evidenció la necesidad de estructuras más sólidas de protección. “Las jugadoras no deberían tener que ser valientes para denunciar; el sistema tiene que protegerlas desde el primer momento”, afirma. En su lectura, el episodio refleja una cultura que aún arrastra inercias difíciles de erradicar. “El respeto no puede depender del género ni del nivel de fama. Tiene que ser la base de todo”, concluye, convencida de que el crecimiento del fútbol debe ir acompañado de una evolución ética, no solo económica o deportiva.

El futuro femenino del fútbol

Más allá de los contratos millonarios y las negociaciones, Rafaela Pimenta se reconoce como parte de un relevo generacional dentro del fútbol. Desde su papel como formadora de nuevos agentes, dirige un mensaje directo a las jóvenes que sueñan con abrirse camino en la industria. “No tienen que aceptar faltas de respeto para hacerse un lugar”, afirma. “No necesitan encajar en ningún estereotipo para trabajar en el fútbol”.

Su meta es clara: que el entorno sea menos agresivo y más justo para quienes llegan detrás. “Si ellas lo tienen un poco más fácil que nosotras, entonces ya estamos avanzando”, concluye.

Porque, como resume con una imagen que define su profesión, “el fútbol se juega en el césped, pero muchas de sus decisiones más importantes se toman en una mesa de negociación”.