A falta de pocos días para que se encienda el pebetero de Milán-Cortina 2026, la combinada nórdica acapara miradas por razones ajenas al cronómetro y la técnica. Esta disciplina histórica del programa invernal llegará a la cita olímpica con un dato incómodo: seguirá siendo la única que no contempla competencias femeninas.
La determinación del Comité Olímpico Internacional de conservar un formato exclusivamente masculino desató un nuevo capítulo de cuestionamientos. Atletas, entrenadores y dirigentes vinculados al deporte han alzado la voz, mientras crece la sensación de que la especialidad no solo enfrenta un debate por igualdad, sino también una revisión profunda sobre su continuidad en futuras ediciones de los Juegos.
Para muchas deportistas que llevan años construyendo un circuito competitivo propio, la exclusión representa un freno difícil de justificar. Al mismo tiempo, el mensaje del COI deja claro que el futuro de la combinada nórdica dependerá de su capacidad para expandirse, ganar visibilidad y fortalecer su presencia internacional en el corto plazo.
El deporte que une aire y fondo
La combinada nórdica es una de las pruebas más singulares del calendario invernal porque obliga a los competidores a destacarse en dos terrenos opuestos: el aire y la resistencia. En una misma jornada, los atletas deben combinar la precisión técnica del salto de esquí con la exigencia física del esquí de fondo.
La acción arranca en el trampolín. Cada deportista se lanza en busca de la mayor distancia posible, cuidando la postura y la estabilidad en el vuelo y la recepción. Los jueces otorgan puntos por metros y estilo, y esa calificación resulta clave: no entrega medallas, pero sí define el orden de partida para la siguiente etapa.
La segunda mitad se disputa sobre el circuito de fondo, generalmente bajo el formato Gundersen. En este sistema, las diferencias obtenidas en el salto se transforman en segundos de ventaja o desventaja en la largada. El mejor clasificado despega primero y el resto sale escalonado, persiguiéndolo a lo largo del recorrido, que en la prueba individual suele rondar los diez kilómetros.
Desde allí, la lógica es simple y emocionante: el primero que cruza la meta se lleva la victoria. Pero detrás de esa aparente sencillez se esconde la esencia del deporte: ganar exige tanto la audacia de volar lejos como la fortaleza para sostener el ritmo en la nieve. Solo quien domina ambas caras del desafío puede aspirar a lo más alto.
Tradición olímpica bajo examen
Esta disciplina cuenta con un legado que se remonta al origen mismo de los Juegos Olímpicos de Invierno. Presente desde 1924, ha sido durante décadas una pieza fija del programa, asociada a la esencia más clásica de los deportes de nieve. Pero ese pasado ilustre ya no garantiza su futuro.
El COI dejó claro que la disciplina deberá demostrar mayor proyección global si quiere conservar su lugar en el calendario. La expansión hacia nuevos países y una competencia más diversa aparecen como condiciones clave para sostener su estatus olímpico en los próximos años.
Desde la mirada del organismo, el grupo de naciones que domina la especialidad sigue siendo acotado y el interés internacional no crece con la velocidad que muestran otras pruebas invernales. Por eso, una vez finalizados los Juegos de 2026, se abrirá un proceso de análisis que será determinante para definir si la combinada nórdica mantiene su lugar en la cita de 2030.

Voces femeninas contra la exclusión
Mientras la rama masculina mantiene su lugar asegurado en el calendario olímpico, las mujeres de la combinada nórdica continúan al margen de la gran cita invernal. En los últimos años, el sector femenino dio pasos firmes: sumó campeonatos mundiales, consolidó un circuito de Copa del Mundo y elevó su nivel competitivo. Sin embargo, ese crecimiento todavía no se tradujo en un espacio dentro del programa de Milán-Cortina.
La decisión generó un profundo malestar entre las atletas, que hicieron público su descontento y comenzaron a organizar gestos simbólicos en competencias internacionales para llamar la atención sobre su situación. Consideran que cumplieron con los requisitos deportivos y estructurales exigidos, y que su exclusión choca con el mensaje de igualdad que el movimiento olímpico promueve en otros ámbitos.
El debate, así, ya no se limita a lo deportivo: se convirtió en un símbolo de la lucha por el reconocimiento y la equidad dentro de uno de los escenarios más visibles del deporte mundial. En ese contexto, la combinada nórdica se enfrenta a un desafío doble. Por un lado, necesita reafirmar su valor dentro del programa olímpico; por otro, debe saldar la deuda histórica con las mujeres. Lo que se define en los próximos años no es solo la continuidad de un deporte con más de un siglo de historia, sino su capacidad para evolucionar al ritmo de los principios que hoy marcan el rumbo del olimpismo.
