El fútbol femenino vive un momento de expansión sin precedentes, con estadios más llenos, mayor presencia mediática y operaciones económicas cada vez más llamativas. Sin embargo, este crecimiento no se refleja en la realidad cotidiana de la mayoría de las futbolistas. Un informe reciente de la FIFPro revela que, detrás del escaparate, persisten sueldos insuficientes y una notable falta de seguridad laboral, configurando un escenario de clara vulnerabilidad para muchas jugadoras profesionales.
Vivir del fútbol, un lujo
Los datos económicos reflejan con claridad la fragilidad financiera que atraviesa el fútbol femenino profesional. Según el informe, la mayoría de las jugadoras no alcanza unos ingresos anuales que permitan vivir exclusivamente del deporte, ya que dos tercios perciben menos de 20.000 dólares al año, en torno a 17.000 euros. La situación es aún más delicada para casi la mitad de las futbolistas, cuyos salarios no superan los 10.000 dólares anuales, aproximadamente 8.500 euros, una cifra insuficiente para garantizar estabilidad económica.
El análisis se apoya en una encuesta realizada a 407 jugadoras de 41 países, todas con participación en competiciones continentales durante 2025, lo que ofrece una radiografía amplia y representativa de la realidad salarial del fútbol femenino a escala internacional.
Abandonar antes de tiempo
La inestabilidad económica no solo afecta al presente de las futbolistas, sino que condiciona seriamente su futuro profesional. Desde la FIFPro advierten de que los bajos salarios están acortando las carreras deportivas, al obligar a muchas jugadoras a cuestionarse su continuidad en la élite. Alex Culvin, responsable del fútbol femenino en el sindicato, señala que la falta de ingresos suficientes lleva a numerosas futbolistas a abandonar prematuramente la competición para asegurar una mínima estabilidad fuera del terreno de juego.

Este contexto de incertidumbre impacta también en otros aspectos clave, como la capacidad de planificar a largo plazo, invertir en formación o cuidar la preparación física, factores determinantes para mantener el rendimiento y prolongar la vida deportiva.
Fútbol a tiempo parcial
Para muchas futbolistas, el profesionalismo no es sinónimo de dedicación exclusiva. La falta de ingresos suficientes empuja a una de cada cuatro jugadoras a compaginar el fútbol con otro empleo, una doble carga que repercute directamente en su rendimiento y bienestar. A esta situación se añade una gestión del calendario que deja poco margen para la recuperación: más de la mitad de las futbolistas denuncia no disponer del descanso necesario antes y después de los encuentros, un factor determinante para evitar lesiones y sostener el nivel competitivo.
Este escenario evidencia una desigualdad estructural en comparación con el fútbol masculino, donde la dedicación plena y los protocolos de descanso forman parte del estándar profesional.
Dos realidades opuestas
El desarrollo del fútbol femenino no avanza al mismo ritmo en todos sus niveles. El informe constata progresos en organización y profesionalización, pero subraya que el impacto económico positivo se queda en la cúspide del sistema. Un reducido grupo de futbolistas percibe salarios elevados, mientras que en numerosos clubes los ingresos continúan siendo modestos y apenas alcanzan el mínimo necesario para vivir del deporte.

Las operaciones millonarias, como el reciente traspaso de Grace Geyoro, refuerzan la imagen de crecimiento del sector, pero contrastan con el día a día de cientos de jugadoras que siguen afrontando una realidad marcada por la precariedad y la falta de estabilidad económica.
El futuro, en juego
El futuro del fútbol femenino se juega más allá del terreno de juego. La FIFPro sostiene que para consolidar el crecimiento del deporte es imprescindible avanzar en salarios mínimos dignos, contratos más sólidos y mejores condiciones laborales. De no producirse estos cambios estructurales, el sindicato alerta de que el impulso deportivo y mediático podría estancarse, arrastrado por la inestabilidad que afecta a la base del sistema y por la fuga de talento.
La atención del público y de los medios sigue en aumento; el gran desafío ahora es lograr que ese interés se traduzca en una mejora real de la vida profesional de las futbolistas que sostienen el espectáculo cada fin de semana.


