La gran injusticia del thriller: cuando el talento femenino no recibe el mismo prestigio

Las escritoras de thriller dominan el género en ventas y creatividad, pero siguen sin recibir el mismo prestigio que los hombres

Sarah Vaughan - Cultura
Una fotografía de archivo de la escritora.
Sarah Vaughan

El thriller es uno de los géneros más leídos del mercado editorial, uno de los que mejor funciona en ventas y uno de los que más rápido se adapta a las modas audiovisuales. Sin embargo, sigue arrastrando una paradoja difícil de justificar. Las escritoras de thriller venden, influyen y renuevan el género, pero rara vez reciben el mismo prestigio crítico, simbólico y canónico que sus colegas masculinos. No es una cuestión de talento —eso está fuera de duda—, sino de jerarquías culturales que aún hoy siguen operando de forma silenciosa.

Basta con observar cómo se construye el relato alrededor del género. Cuando un hombre firma un thriller sólido, se le atribuye oficio, pulso narrativo, ambición literaria. Cuando lo hace una mujer, con frecuencia se subraya el “suspense psicológico”, el enfoque emocional o el carácter comercial, como si fueran categorías menores. Las escritoras de thriller quedan atrapadas en un espacio ambiguo: indispensables para el mercado, pero incómodas para el canon.

Este desequilibrio no es abstracto. Tiene nombres y apellidos.

Megan Abbott: el noir psicológico que incomoda al canon

El caso de Megan Abbott resulta especialmente revelador. Abbott es una de las autoras más incisivas del thriller contemporáneo, una escritora capaz de dialogar con la tradición del noir clásico y, al mismo tiempo, dinamitarla desde dentro. Sus novelas exploran la violencia, la ambición y el deseo desde perspectivas incómodas, a menudo centradas en dinámicas femeninas que el género había tratado con superficialidad o directamente ignorado.

Dare Me (Megan Abbott) - Escritoras de thriller
Portada de la novela ‘Dare Me’, de Megan Abbott.
Nube de Tinta

Abbott no escribe “thrillers amables”. Sus historias son densas, perturbadoras y profundamente morales. Analizan el poder, la competitividad, la lealtad y la traición con una mirada que no concede alivio al lector. Sin embargo, pese a su prestigio crítico en Estados Unidos y a su influencia real en el thriller psicológico moderno, su nombre rara vez aparece en las conversaciones sobre los grandes renovadores del género, dominadas todavía por figuras masculinas.

En castellano, su presencia editorial ha sido irregular. Algunas de sus novelas se han traducido, otras han pasado casi desapercibidas y muchas siguen inéditas. Para las escritoras de thriller, este tipo de recorrido no es casual: la industria traduce, pero no siempre apuesta; publica, pero no consolida. Abbott es leída, sí, pero no canonizada. Y eso dice mucho más del sistema que de su obra.

Sarah Vaughan: poder, género y suspense político

Si Megan Abbott incomoda desde lo psicológico, Sarah Vaughan lo hace desde lo estructural. Vaughan ha convertido el thriller en una herramienta para analizar el poder, las élites y las relaciones de género dentro de sistemas aparentemente impecables, como la política, la justicia o los medios de comunicación.

Sus novelas, entre ellas Anatomía de un escándalo, funcionan como relatos de suspense, pero también como diagnósticos sociales. Vaughan no se limita a construir una intriga eficaz; disecciona cómo operan el privilegio, la impunidad y la violencia simbólica en contextos institucionales. En ese sentido, su obra dialoga más con la tradición de la novela política que con el thriller puramente comercial, aunque a menudo se la encasille en este último.

Anatomía de un escándalo - Escritoras de thriller
Portada de la novela ‘Anatomía de un escándalo’, de Sarah Vaughan.
Roca Editorial

El problema vuelve a ser el mismo. Las escritoras de thriller que introducen capas de análisis social suelen ser leídas como autoras “temáticas”, mientras que a los hombres se les reconoce ambición literaria. Vaughan ha tenido adaptaciones audiovisuales, éxito de público y buena recepción crítica, pero su nombre sigue sin ocupar el lugar que correspondería a una autora que ha ampliado los límites del género.

No es que el sistema ignore a Vaughan; es que la acepta sin elevarla. La lee, la adapta, la consume, pero rara vez la coloca en el centro del debate literario.

Leslie Wolfe: éxito comercial sin legitimación

El tercer caso es, quizá, el más ilustrativo de la fractura entre mercado y prestigio. Leslie Wolfe es una autora de enorme éxito internacional, con millones de lectores y una producción constante de thrillers eficaces, adictivos y técnicamente solventes. Sus novelas se traducen, se venden y se recomiendan de forma masiva en plataformas digitales y audiolibros.

Y, sin embargo, Wolfe apenas existe en el discurso cultural sobre el género.

La chica del lago silencioso - Escritoras de thriller
Portada de la novela ‘La chica del lago silencioso’, de Leslie Wolfe.
Jentas

Aquí aparece otro sesgo recurrente que afecta de lleno a las escritoras de thriller: cuando una mujer vende mucho, se la relega automáticamente al territorio de lo comercial, como si el éxito invalidara cualquier análisis más profundo de su obra. Muchos autores masculinos han construido carreras prestigiosas a partir de ese mismo equilibrio entre ventas y género, pero a Wolfe se la mantiene en un segundo plano, sin legitimación crítica.

Su caso demuestra que el problema no es la falta de lectoras o lectores, sino la incapacidad del sistema para conceder estatus simbólico a determinadas trayectorias femeninas. Wolfe cumple todas las exigencias del thriller moderno, pero no se le concede autoridad cultural.

Un problema de prestigio, no de talento

Lo que une a estas tres autoras no es el estilo ni la temática, sino el lugar que ocupan dentro de la jerarquía editorial. Las escritoras de thriller son fundamentales para la supervivencia del género, pero siguen encontrando un techo invisible cuando se trata de reconocimiento, estudio y permanencia.

No se trata de reclamar cuotas ni gestos simbólicos. Se trata de mirar con honestidad cómo se construye el prestigio literario y de preguntarse por qué ciertas voces siguen considerándose “menores” aunque cumplan, e incluso superen, los estándares narrativos del género.

El thriller ha cambiado. Ha incorporado nuevas miradas, nuevas tensiones y nuevas formas de contar el miedo, el poder y la violencia. Muchas de esas transformaciones llevan firma femenina. Reconocerlo no es una concesión ideológica, sino un ejercicio de rigor cultural.

Mientras no se revise ese desequilibrio, la gran injusticia del thriller seguirá intacta. El talento está ahí, pero el prestigio continúa repartido de forma desigual.

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